Inventando historias #1: Adorable

La primera vez que la vi fue un martes a las 8:45 de la mañana, hace un par de semanas. Ella no se fijó en mi. Seguro que tiene demasiadas cosas en la cabeza, o simplemente ha vivido demasiado y solo le presta atención a lo que todavía le aporta algo nuevo, le despierta esa curiosidad que probablemente ha aprendido a controlar.

Me sorprende. Yo no he aprendido a dejar de mirar cuando algo me llama la atención, ya lo haré.

Es una mujer fuerte, creativa, de buena familia. Ha vivido mucho, épocas en las que la confusión, la incertidumbre y las ganas de cambiar el mundo eran los caballos que movían el carruaje repleto de una sociedad que vivía con miras a un futuro en el que la democracia y la libertad fueran su base, y no el miedo, las reglas y las diferencias marcadas entre ricos y pobres, mujeres y hombres, que la caracterizaban.

Ella pertenecía a una buena familia, pero no como hija, madre o prima. No. Ella era la criada. A ella le contaban los secretos las niñas a las que cuidó desde que nacieron porque su madre estaba muy preocupada en luchar por los derechos de las mujeres y a su padre solo le importaba la política. En las cenas únicamente se hablaba de eso, de lo mal que va todo, “y tu no ayudas, deberías estar cuidando a tus hijas”, “tu eres su padre, necesitan que también estés en casa, y yo no voy a ser la única que las eduque, ¿no?”, “si me hubieras dado un varón no pasaría esto”, “papá, hoy le he ganado el pulso a Juan”, “¿Ves lo que les estas haciendo? Le metes ideas de varón y ellas tienen que aprender a coser, no a luchar”, “Lo siento, me he quedado sin hambre, me voy”.

Ella arropaba a las niñas todas las noches, les contaba cuentos, les pedía que fueran discretas, que no contaran sus planes, porque hay que saber guardar secretos y llevar a cabo los objetivos sin que nadie lo sepa. Si salen, todos se sorprenderán para bien o para mal, si no salen, te lo reprocharán y las mujeres seguiremos siendo el hazmereír, “tenéis que ser discretas niñas”. Las ha educado ella. Gracias a ella son ahora mujeres fuertes que han formado una familia con principios. Pero esa será otra historia. La criada ha hecho un buen trabajo, el trabajo que no hicieron sus padres con ellas.

Ahora la criada está jubilada. Vive su tercera edad como siempre ha querido. Porque ha sido criada sí, pero no tonta. Ella tenía sueños. Ella tenía ambición. Ella marchó de su pueblo a la ciudad para hacer lo que mejor sabía hacer: servir, ayudar, soñar y ser discreta. No tuvo tiempo de novio, de pelar la pava, de casarse y tener sus propias hijas. Para besar santos, le decía la panadera.  Pero ella tenía sus planes, sus secretos, sus metas y objetivos por cumplir que no se los contaría a nadie.

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La he visto dos veces más. Siempre va de punta en blanco. Claro, sus ahorros al final están sirviendo para algo. Para ella. Porque ahora se preocupa de ella y de nadie más. Ahora viste como quiere, cuanto más color mejor, que ya ha llevado demasiados uniformes negros en su vida. Eso sí, si la falda lleva estampados de varios colores, la camiseta la lleva lisa. Tampoco vamos a abusar, que una nunca deja sus principios de lado, y hay que ser discreta. Va maquillada. Muy guapa sí señor. Sin perder la esencia de esos años de libertad que no pudo disfrutar: labios rojos, eyeliner negro, coloretes, rimmel. Perfecta. Collar de perlas y sombrerito de paja con visera y lazada, que con el calor que hace en Madrid, como para arriesgarse. Zapatos con un poquito de tacón pero cómodos, que tengo que andar un buen trecho. Y una maleta.

Aquí es donde me pierdo. Lleva una maleta. Sube la cuesta de la calle Uruguay de Madrid llevando consigo una maleta que parece pesada. Pero eso no mina su fuerza y sus ganas de ir donde quiera que vaya. De punta en blanco y llevando una maleta. La dirección que lleva es hacia la parada de metro de Columbia, o hacia la de bus, no lo sé. ¿Dónde irá varias veces por semana con una maleta?

Lo que quiero pensar es que está aprovechando su libertad para viajar varias veces por semana, donde sea, coger el metro, perderse, y conocer todo aquello que las 4 paredes donde sirvió durante más 50 años, donde guardó tantos secretos, no le dejaron. Porque nunca es tarde si la dicha es buena.

Es una mujer adorable que me pone de buen humor cada vez que la veo. No sé su historia, me encantaría escucharla. Por ahora, me conformo con imaginármela.

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PS. Algún día le robaré un retrato.

Asertiva

Me parece, como poco, muy importante que los jefes sepan como comunicarse con sus empleados, o, que si no saben, se preocupen por aprender antes de emplear un “no me gusta nada” así a pelo y sin previo aviso. Es interesante que intenten con expresiones como “lo has hecho muy bien, aunque buscaba algo más como esto otro” o, como me ha pasado a mí en el trabajo, “me gusta mucho, me encanta lo que dices y como te expresas, pero hay algunos aspectos técnicos que hay que estudiar y retocar“.

Tengo que admitir que hoy venía a trabajar con la armadura puesta y el escudo protegiéndome, enfadada y predispuesta a recibir un “no me has entendido, no me gusta nada”, porque he estado trabajando en unos contenidos casi sin información y no se me dio ninguna pauta técnica o más específica.

Sin embargo, y sin que cree precedente, tengo que aplaudir la forma que ha tenido mi jefa de comunicarme lo que pensaba de mi trabajo y que me ha motivado realmente a seguir trabajando con ilusión en el proyecto del que me han hecho responsable y aprender de mis compañeras, que no vienen con esa actitud, ni parecida

asertivo, va

De aserto.

1. adj. afirmativo.
2. adj. Psicol. Dicho de una persona: Que expresa su opinión de manera firme.
3. adj. Psicol. Propio de una persona asertiva.

No solo en el entorno laboral, la asertividad es realmente importante, debería ser una asignatura del colegio, de cuando estudiamos los primeros años de nuestra vida, en los que somos esponjitas hasta las 12 años. La asertividad es algo que conocí cuando tenía 24 años, en mi segunda carrera, y desee con todas mis fuerzas haberla conocido antes para haber podido aplicarla a muchas situaciones de mi vida de las que salí a duras penas y a veces hasta quedé mal parada.

Se trata de expresarte de manera firme, contundente, pero sin ofender. No te hace falta añadir coletillas del estilo “Es que yo soy así de sincera, y si te ofendes es tu problema, yo no te voy a engañar” o del tipo “Bueno, pero esto te lo digo sin ánimo de ofender”. No, una persona que es asertiva o que aprende a serlo no necesita añadir coletillas vacías.

Para que me entendáis mejor, os dejo esta descripción de la Wiki:

La asertividad es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás; tiene como premisa fundamental que toda persona posee derechos básicos o derechos asertivos. Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la pasividad que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros, o pasen por alto nuestras ideas, por otro lado tenemos la agresividad que se presenta cuando no somos capaces de ser objetivos y respetar las ideas de los demás. Suele definirse como un comportamiento comunicacional en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Es también una forma de expresión consciente, congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia. Contar con un criterio propio dentro de la sociedad es indispensable para comunicarnos de una mejor manera.

Pues eso… No tengo mucho más que añadir, el post de hoy es solo para comunicar la importancia de saber expresarse y comunicarse sin venirse abajo o sin agresividades.

Y esta imagen simplemente me gusta.

Y esta imagen simplemente me gusta.

A base de palos

Anoche me di cuenta de cuanto me quiere mi Calamar. No solo porque él me lo demuestra cada día y a cada hora con miles de maravillosos gestos, si no porque ayer le vi como sufría conmigo y por mí por lo que le contaba.

No es necesario narrar las cosas que me pasaron, pero sí que voy a plantearos la reflexión que hizo Calamar:

“¿Qué necesidad tiene la gente de aplastar a otros para sentir que tienen éxito? En mi campo (él es ingeniero), cuando alguno de los compañeros critica y hace cosas que nada tienen de profesional, es porque le falta todo de lo que habla para conseguir méritos propios y subir escalones. El resto de compañeros se da cuenta, los jefes se dan cuenta, y esa persona se va de la empresa. En tu mundo (el diseño) parece que cuando alguien hace esto, consigue su propósito. De hecho, me da la sensación de que quien hace este tipo de cosas, tanto en tu mundo como en el mío, es gente que no ha trabajado en la vida como toca, que no ha recibido palos ni ha ganado en humildad y saber estar y trabajar en equipo. Me da mucha pena. Lo normal sería que a esas personas que desmerecen el trabajo de otros se les echara, no se les diera más bombo”.

Yo no lo podría haber expresado mejor. Y por eso le adoro.

El caso es que hoy, mirando el TL de LinkedIn, he visto esta imagen que explica perfectamente en un relato corto y muy intenso lo que Calamar y yo hablábamos anoche.

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¿Qué opinión os merece a vosotros? 

Martini

 

Hete aquí una ciudad cosmopolita, en la que el sol y el buen tiempo están tan presentes en el paisaje urbano como el resto de sus altos, acrisolados y metalizados edificios.

Hete aquí una ciudad llena de parques, de anchas aceras y extensas avenidas; una ciudad en la que, desde cualquier balcón o altura, el horizonte se ve azul, bañado por el mar Mediterráneo, evocando la libertad que ansían todos aquellos que trabajan en las grandes torres empresariales. Una ciudad en la que, afortunadamente, la industrialización no ha mermado el encanto de su abrumadora historia.

Y aquí, en este entorno, en este paisaje occidental, urbano y contemporáneo, está ella. En su ático decorado al más puro estilo noruego, de blancas paredes, techos altísimos y grandes ventanales, coronado con una gran terraza repleta de plantas aromáticas y ficus de todas las clases.

Ella llega a casa, animada pese al duro día de trabajo, de reuniones, de clientes, de la siempre puntual llamada de su madre al medio día… Se trata de una chica normal, del montón, pero destaca su suavidad al andar, su actitud despreocupada y su eterna sonrisa.

Directora de una nueva revista que triunfa entre las mujeres de la ciudad con un nuevo enfoque contenido para féminas. De estatura media, complexión normal, melena abundante y natural, viste desenfadada, con tejidos suaves y colores lisos. Tiene una tez radiante, que transmite la tranquilidad de una mujer madura, que ha conseguido sus objetivos pero que tiene todavía un plan por cumplir. Le encanta salir con sus amigas, viajar, los afterworks en lunes, los paseos por la playa, ir en la moto de su chico, pero hoy… hoy está en su terraza, con su último libro, preparándose para relajarse y disfrutar de su vermú con el atardecer de fondo, unas palomitas, el confortable sillón y su fiel amigo, Nelson, a sus pies.

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Te ha parecido estar leyendo lo que podría ser el inicio de un spin off de “Sex and the City”.

Ya….

Pues no. 

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Este texto es una redacción que escribí esta semana, en cuestión de 10 minutos, como mucho, durante un ejercicio de personificación de una marca en el módulo de Dirección de Arte en Publicidad, del MAG. Un par de compañeros dijeron lo mismo que habrás pensado tu: “Parece un poco Sexo en Nueva York”. 

Pues no, rey.

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Resulta que esta personificación es de una chica que se ha esforzado por conseguir sus objetivos, gracias a los cuales tiene un sueldo con el que puede permitirse un ático con su pareja y su perro de agua para disfrutar del relax de un duro día de trabajo sacando adelante una empresa relacionada con la comunicación. Una chica bien, del montón, con su encanto y ese je ne se quoi de las mujeres que viven su vida en acorde con sus propias decisiones, lo que las hace ser felices y tener una sonrisa la mar de característica y encantadora, irradiar felicidad y transmitir la calma de una persona que se siente a gusto consigo misma y con su vida.

Voy a responder a vuestros pensamientos, juicios, dudas, ignorancias:

HAY MILES DE MUJERES QUE CUMPLEN ESTAS Y OTRAS CARACTERÍSTICAS, QUE SON INDEPENDIENTES, TOMAN SUS PROPIAS DECISIONES SIN DAR EXPLICACIONES, SE SIENTEN A GUSTO CON LA VIDA, SON INTELIGENTES, EXITOSAS Y CUMPLEN SUS PROPIAS METAS.

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¿Os he descubierto algo nuevo? Yo diría que no.

El tema está en el hecho de “Sex and the City” fue la primera serie en la que las mujeres tomaban las riendas de su vida, jugaban con los hombres, vivían solas en apartamentos con todos los caprichos que muchas hemos querido alguna vez, desayunaban los sábados por la mañana saliera el sol por donde saliera, viajaban, vivían muchas aventuras, su vida no era rutina y aburrimiento, sino días de fiestas de lujo, museos, bailes y paseos por mercadillos y, todo esto y mucho más se reflejaba en la pequeña pantalla creando en el imaginario colectivo 4 únicos estereotipos de mujer independiente. Samantha, Carrie, Charlotte y Miranda, la promiscua, la bohemia, la remilgada y la seria, parece que son los únicos tipos de mujeres que nos vienen a la cabeza cuando una chica nos dice “tengo 30 años y soy soltera”.

Como decía una sabia:

ABRE TU MENTE Y DESCUBRIRÁS

LO QUE DISFRUTA LA GENTE DE LA VIDA.

 

 

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*Inciso; Personalmente, creo que esta es la esencia en sí de todas las mujeres. Instintivamente buscamos ser libres.

 

Reflexión del día

Hoy me ha surgido una duda existencial… ¿tenemos que callarnos todo lo que pensamos para agradar a todo el mundo y “autoanularnos“? ¿O, por el contrario, tenemos derecho a decir lo que pensamos, con más o menos asertividad, a costa de que suba el pan cada vez que abrimos la boca?

También queda la posibilidad de aprender a decir las cosas de la manera más asertiva posible, pese a que otros a ti te las sueltan como les viene y al final acaba carcomiéndote el pensamiento de “para qué hago yo el esfuerzo si conmigo no lo van a hacer?”. Esta posibilidad es otra que autoanula a la persona que la lleva a cabo creo yo.

Por mi parte, estoy harta de que me juzguen de mojigata porque relativizo problemas, intento no meterme si no es suficientemente importante, por lo que no abro la boca con intención de pasar desapercibida y que, en el momento que digo lo que pienso sobre cualquier tema, automáticamente me tachen de prepotente, mandona, manipuladora, asocial y “si es que las más calladitas son las peores“.

Ayer, un aclamado profesional del marketing, Pepe Crespo, sin ir más lejos, nos transmitió, entre muchas más enseñanzas, el consejo de que aprendiéramos a decir que no, a buscar en nuestros clientes la calidad y el valor y a alejarnos de la búsqueda del volumen y la cantidad. Todo esto aplicado al producto y a la venta claro, puro marketing. Sin embargo, ¿no os da la impresión de que las relaciones humanas tienen algo de producto en según qué momentos?

No hablo esto desde una perspectiva negativa, sino desde una perspectiva reflexiva.

FRASE DEL DIA-01

Diseño hecho por servidora, en mi línea

Cambiar

Hoy he estado hablando de un tema que, de una forma y otra, sentía pero no sabía cómo expresar. Esto que dices “tengo como un runrun que no sé qué es ni como cohesionarlo para expresarlo y entenderlo”. Pues ya parece que lo he entendido. Ahora basta que sepa expresarlo. Voy a intentarlo.

La profesión de Diseñador Gráfico… bueno… tiene un gran debate a su alrededor. Debate que se baraja entre que no está valorada, que donde acaba el diseño y empieza el gráfico, que si es más gráfico que diseño, que si el power point me lo apaña esto en un momentito, que si estos colores se llevan o no se llevan, que si cuidado con la tipografía que como te descuides se queda desfasada y te conviertes en Mr. Wonderful, que (y ahora viene lo bueno) si me plagian, que si eso no es inspiración, es copia, que si yo sé más que tu porque tengo 30 años de experiencia y tu estás empezando, que si yo he currado y tu lo sacas a la primera lo tuyo vale menos… en fin…

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El Diseño Gráfico se alimenta de su propio intríngulis generación tras generación, y ya huele a rancio. Los estilos vuelven, las modas se repiten, el enchufismo es el pan de cada día. Y yo, pues a veces pienso que no sirvo para este mundo.

El ocultismo, la soberbia, la prepotencia, estás dificultades individuales que se esconden detrás de un mundo de maravillas visuales y estética cambiante, pueden llegar a minar la motivación del más proactivo de los nuevos diseñadores que, válgame, su personalidad acoja como característica secundaría (que no principal) un poquito, una mijita, una nimia chispa de humildad.

Es duro, sí, pero no puedo ser más sincera. En el mundo del Diseño Gráfico creo fervientemente que sobra tontería y falta humildad, y mucha.photo-1416339684178-3a239570f315

Si nosotros mismos, los diseñadores, tuviéramos un poquito más de empatía, de entendimiento, de ese saber valorar el trabajo de otros y de uno mismo, de ese dejar de lado el desprestigio de un compañero para egoístamente sentirnos mejor, si pudiéramos gozar, a grandes rasgos, de un poquito de humildad de más, nuestro trabajo se vería beneficiado.

Muchos diseñadores no valoran lo que cuesta llegar a algo, no enseñan lo que han conseguido ni cómo por miedo a la competencia, muestran lo justo y necesario para no avivar una necesidad de copia totalmente infundada, no ayudan a los que están empezando por si les quitamos el trabajo y es muy triste. Enhorabuena si tienes la capacidad aristotélica de ser autodidacta, pero no todos la tenemos.

Hay muchos que por una razón u otra necesitamos que nos enseñen según qué cosas, no todo claro, que nos guíen, que nos cuenten experiencias propias y ajenas que ejemplifiquen el esfuerzo y animen a llevar a cabo aventuras en este mundo tan duro que es el del Diseño Gráfico.

photo-1449247709967-d4461a6a6103Desde aquí quiero hacer un llamamiento al cambio. Llámame Iglesias si quieres, pero no sólo la política necesita un giro de 180º, el Diseño Gráfico y todos los que formamos parte de él necesitamos un cambio de actitud, necesitamos un poco de altruismo y de solidaridad con nuestros colegas.

Basta ya de mamoneos, basta ya de despotismo, eso quedó en el siglo XVIII, basta ya de moderneo y de usar el networking que tanto bien hace en otras profesiones como arma de destrucción de la “competencia”. Basta ya de “no te lo cuento que te copias” y alégrate de tu igual que le cuesta tanto como a ti llegar lejos.

Nosotros mismos no valoramos nuestra profesión al no valorar a los profesionales, y no me refiero a los que llevan 30,40,50 años, me refiero a los que empiezan y le ponen un gran empeño y actitud a aprender, mejorar y evolucionar como diseñadores. Ojo! Lo mismo digo para aquellos que no son capaces de aceptar críticas, sean o no constructivas, de quien lleva más tiempo en el sector y tiene más experiencia por aquello que llaman vani-digni-dad.

Lo dicho.

ES HORA DE CAMBIAR

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