RESPETAR MOLA MÁS

¿No os pasa que conocéis a gente de hace muchos años y todavía os puede llegar a sorprender de diferentes maneras? A mí sí, continuamente. Y lo que más me alarma es que, en una mayoría de ocasiones, esa sorpresa no es grata. 

La última ha sido darme cuenta de lo estancadas que se quedan algunas personas y lo cuadriculadas que acaban pareciendo, al menos a mis ojos. Quiero recalcar que lo que voy a contar y la opinión que me despierta es completamente subjetivo y porque me ha tocado la fibra. 

Mi familia tiene raíces sureñas, en concreto de la zona de Cádiz y Sevilla. Tengo familia en Italia, Francia y Barcelona. Parte de la familia que, como se suele decir, “no me toca” pero le tengo aprecio porque es de mis tíos y tías casados con hermanos y hermanas de mi madre, son de Madrid y La Rioja. Mi persona especial es de Málaga, mis mejores amigas son todas valenciano-parlantes, de la “Valencia Cañí” para que nos entendamos, otra de mis mejores amigas es de Benicarló, unos cuantos se mudaron a Barcelona, Alemania, Noruega, he conocido gente de Palencia, Córdoba, Alicante, Cuenca, Teruel, Toledo, Granada, Galicia, Asturias, Pais Vasco, Almería, Murcia, Albacete. He tenido la suerte de viajar y conocer a gente de Kenya, Turquía, India, Thailandia, Mexico, Colombia, Uruguay, Suiza, Noruega, China, Bélgica, Filipinas, Macao, Alemania, Australia, Reino Unido, Italia, Francia, Connecticut, USA, Chicago, Marruecos, Egipto.

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Nunca, jamás, en mi vida, se me ha pasado por la cabeza criticar ninguna tradición, cultura, forma de vida, expresiones, gastronomía, religión, folclore, etc. de ninguno de ellos. Sí, claro que hay unas nacionalidades que me gustan más que otras, o que me inspiran más o que son afines a mis gustos, principios y tradiciones. Por supuesto. Y si he podido decirle a la persona que cierta cosa no me parecía bien de su origen, con toda la educación y el respeto del mundo, se lo he dicho, no sin antes preguntar de dónde viene eso que me produce alguna aversión. Más que nada para poder hablar con propiedad y argumentar porqué no me parece bien o no es de mi agrado. Pero no he necesitado, bajo ningún concepto, tener que repetir o recalcar mi desagrado.

Por otra parte, intento que esto no pase. Porque estamos en un mundo que cada día busca más la globalización y eliminar las barreras. Vivimos rodeados de personas con diferentes orígenes y culturas, y con esto no me refiero a personas de otros países, sino a personas cuyo origen es gallego, madrileño, catalán, aragonés, andaluz. Necesitamos, por nuestro propio bienestar primero, respetar todo lo que nos rodea. Las personas somos eso, personas y, señores y señoras, en la variedad está el gusto. ¿Cómo si no vamos a aprender cosas nuevas, a inspirar nuestra moda, nuestra gastronomía, a poder siquiera viajar y admirar otros países y ciudades, si no somos capaces de convivir con las personas que los habitan?

La falta de respeto a nuestro prójimo no sólo la tenemos cuando expresamos de todas las maneras posibles lo poco que nos gusta cierta región de España y la gente que vive en ella, porque “hemos venido de viaje en el tren con andaluces que no callaban, qué escandalosos!”, o porque “Que serios y que poca gracia tienen los gallegos”, o porque “conocí a un madrileño que era un chuloplaya” ,o porque “a los murcianos no se les entiende hablando” o porque “Estuve en Gandia y no habían más que chungos y chonis, como si estuviera en Mujeres y Hombres y Viceversa”. La falta de respeto la tenemos por el simple hecho de no aceptar y asimilar que no estamos solos en el mundo, que cada uno es de una manera, forma, color, que tenemos que convivir con ello y no juzgar o tachar a alguien porque “su origen no me gusta, no conozco sus normas sociales o sus tradiciones ni sus porqués, pero no me gusta”. A mí, sinceramente, esa negación rotunda a otras formas de vida, aunque sea contra la comunidad autónoma vecina, me parece también una forma de racismo. Más light, sí, pero racismo al fin y al cabo. Igual tiene otro nombre, más técnico y que hiera menos sensibilidades al ser leído. Pero vosotros me entendéis.

ser felizMi consejo es que respetemos todo y a todos, hasta a las hormigas, porque nunca sabes cuando tu falta de respeto al prójimo se puede volver en tu contra, o lo que sería peor, en contra de algún amigo o familiar tuyo al que quieras con locura y te veas en la tesitura de defender.

PS: Y lo mismo que hablo de este tema con las raíces de las personas, es totalmente extensible a edad, sexo, religión, política, arte, etc.

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