Pues eso

Lo típico que subes a una atracción tipo “Montaña rusa” y lo primero que hace el tren donde vas sentada es empezar a subir una estructura eterna. Sube, sube, sube, sube,… no acaba…sube, sube, sube,.. Ay! ¡Que todo lo que sube tiene que bajar!… sube, sube, sube… Y esos 3 segundos. Esos 3 segundos en los que has llegado arriba y reducen la velocidad de la atracción para que puedas ver la espectacular e inclinadísima bajada que te espera. Esos 3 segundos. 

Si subes en el “Ave Fénix” de Terra Mítica, encima cuentas esos 3 segundos porque te han dicho en la cola que son después del clic. 1…, 2…, 3… Caída al vacío. Ese clic.

Llegas a casa. La puerta tiene dos vueltas dadas. No hay nadie. Es de noche. Está oscuro. Vas pensando en tus cosas. Y cierras la puerta a tu espalda una vez entras en casa. ¡La leche! ¡Qué oscuro está todo! Buscas el interruptor pero entre las llaves, el bolso, la chaqueta y la botella de agua no te quedan manos. Buscas. Está oscuro. Te entra algo en el estómago. No me digas que no. Ese es el momento.

Ese momento de la película. Con la música de fondo. Una melodía que te empieza a subir por la espina dorsal y te va poniendo poco a poco todos los pelitos de punta. Sabes que el final de la música va a ser un susto. Lo tienes clarísimo. Y si está uno de los protagonistas por medio de la escena, la que te meterías por medio serías tu a darle una colleja para que encendiera la luz o no abriera la puerta. Esa escena, con esa melodía, las rodillas poco a poco subiendo a tu pecho, no sabes por donde viene el susto ni cuando. Pero lo hay, lo tienes más que claro.  Pues esa música. 

Se han empeñado. Tienes 3-4 años y tus padres se han empeñado en que aprendas a nadar y te tires de cabeza. Así, sin más. Sin pensar en que para ti, que eres muy pequeña, mirar a la piscina con tus brazos estirados y ver los dedos de la mano desenfocados y el fondo demasiado poco profundo, es algo duro. Y ahí está tu padre. Venga Isa, que yo con tu edad ya me tiraba del trampolín. Con 4 años Papá. Sí. Pero vale. Venga. Vamos. Y sientes su mano en tu barriguita y en tus piernas. Eh, ¿qué pasa? Nadie me ha explicado como funciona esto. Y tu padre. 1…2… y piernas arriba! Ese momento en el que no sabes que pasa pero algo te dice que va a doler.  

Yo soy la del medio. Mi padre ya me había tirado al agua sin manguitos ni nada. Creo que tengo 2 años.
Yo soy la del medio. Mi padre ya me había tirado al agua sin manguitos ni nada. Creo que tengo 2 años.

Cuando conduces por caminos entre campos. Caminos que a cada lado tienen una acequia. Con su correspondiente terreno de cebollas, acelgas, lechugas, berenjenas, tomates, arroz (este con mucha agua en época de bonanza). La típica huerta valenciana. Y el camino tiene el ancho justo para que quepan con un poco de holgura dos coches o un tractor y un coche o un camión (no muy grande) y un coche. Bien, pues ese momento en que ves que el coche con el que te vas a cruzar va en modo Fórmula 1. ¡En modo Fórmula 1 por los caminares!  (Las eras, en castellano no xurro). Ese momento en el que ves tu retrovisor a dos dedos del propio del otro coche. Y eres muy consciente de dos cosas: el otro coche está ocupando parte de tu espacio y no se ha dado cuenta por la velocidad lleva y tu rueda esta rozando el mínimo bordillo (en caso de que lo haya, que no lo hay en todos) que separa la acequia del asfalto. Ese cruce de coches en el que tú vas conduciendo uno de ellos. 

Al final de la escalera. El momento en el que baja la pelota. Toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc… Pelota abajo. Mirada a la oscuridad. Tiro la pelota al río que me tiene hasta lo que no suena. Vuelvo a casa orgulloso de mi hazaña. La pelota de nuevo. Toma morena! Ese momento en que la pelota vuelve a bajar precedida por un sonido irreconocible. 

Oh! Llevas buscando algo que quieres mucho y das por perdido un año. Pero sabes que de tu casa no ha salido. Un año echando de menos algo que sabes que no ha salido de tu casa es desesperante. Porque, y aquí viene mi materialista interna, ¡no puedes vivir sin eso! La cuestión es que llega un día, una luz, te ilumina, y te acuerdas de dónde puede estar eso que has buscado con tanto ahínco. Vas al lugar donde la luz te ha recordado que dejaste tu preciado bien. ¡Ahí está! Después de un año. Pues ese momento en el que te ilumina la luz.

Esto que tú y tu maravillosa anatomía decidís que no hace falta hacer tanto deporte, que estáis fenomenal. Y de repente un planazo de pasar el día en la montaña. “Es un camino fácil, no te preocupes”. Llegar a la falda de la montaña. Ver que toda la gente con la que has quedado va preparada para un trekking claro. Trekking. Palabra que acabas de conocer. La pronunciación es graciosa pero tiene lo que tienen algunas mojigatas, que no es lo que parece. Al parecer va unida a “aventura”. Y miras hacia arriba. “¡Vamos a esa cruz de allí!” ¿QUÉ? Ese momento en el que sabes que te va a salir el hígado por la boca en cuestión de una hora. 


La Murta, Alzira

Os sitúo en este momento. Discoteca. Has bebido un poquito porque no vas a coger el coche. Sois 4 para el taxi. Y estás la mar de feliz, en esa nube de evasión que te dan unas copas bien tomadas. Ojociudao, nada de pasarse. Y estas en medio de la pista. Rodeada de gente. La música sonando. Musicote diría yo. Saltas, te ríes, bailas, abrazas, haces alguna tontería, sí, miras al negro de turno que baila de la leche, es inevitable mirarlo, sigues sonriendo, saltando y bailando, las luces parpadean, azul, rosa, verde, pierdes la noción de los colores porque la música te llega tan adentro que cierras los ojos y la sientes. Y llega el momento en el que el DJ para la música. Ese momento. Sabes que va a haber un subidón en breve. Pero el DJ te hace sufrir un poco. ¿Cuál vendrá ahora? ¿La conoceré? No hace falta, quiero ese subidón. Y empieza. Ese momento en el que empieza el subión y tooooma! 

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Te levantas de la cama. Es un día que no tienes nada planificado. Sabes que vas a trabajar y ya está. No tienes nada más planificado. Te vistes, desayunas, miras el correo, zapatos, bolso, llaves, lo llevo todo. Pero cierras la puerta y lo presientes. Presientes que va a ser un gran día. Pues ese instante en el que tienes un presentimiento positivo. 

Ya está la fecha. El día, la hora y el lugar. Vas a tener tu primera cita con esa persona que acabas de conocer y que puede que te devuelva las ganas de enamorarte. Le pones todas las ganas que le has puesto al resto de citas. Pero esta vez va a ser diferente, lo sé, esta es la buena. Te pones tus mejores vaqueros, te calzas los zapatos que te hacen sentir más cómoda, maquillaje, crema, colonia y depilada. A la calle. A tu cita. Hablas por los codos de normal, pero vas nerviosa, y llevas una pequeña lista de temas para no quedarte sin conversación. Brillo en los labios. Estás llegando. Y ves a esa persona. Esperándote. El momento previo y ese. Esos dos momentos. 

No sueles pedir regalos. No es tu estilo. Eres más de hacerlos, de tener en cuenta los gustos de otras personas, de observarlos, de controlar cada detalle. Y pides algo. Por una vez pides algo. Pero no sabes si se habrán enterado, si se acuerdan… Y ahí estáis. Tu y quien te regala. Ves el envoltorio. La caja. Y sí. Se ha acordado. Se ha fijado en que lo señalaste una vez dando un paseo y que lo mirabas cada dos por tres en el ordenador a ver si bajaba de precio. Ese momento en el que reconoces el envoltorio. 

Envoltorio

Todos estos momentos producen sensaciones muy parecidas. En las que se mezclan el nerviosismo, miedos, agobios, inseguridades, conformismo, con alegría, valor, felicidad. Son esos momentos los que le dan chispa a nuestra vida. Son esos momentos lo que, una vez han pasado y los has superado o vivido, te regalan un momento todavía mejor. Un momento en el que puedes tocar la felicidad con tus manos, puedes acariciarla, verla, olerla. Todos tus sentidos se activan. Son esos momentos previos al clímax anímico los que forman parte de nuestro día a día. Algunos son más intensos y otros menos, pero todos los tenemos.

Ahora estoy en un pedazo de momento de esos. Ya tengo mi billete. Me voy a Suiza. Voy a empezar una aventura. Tengo ese sentimiento que he intentado trasmitir. ¿Me entendéis no? Nervios a flor de piel, miedos varios, inseguridades, y ese sentimiento de que todo va a salir bien siempre presente. 

¿Qué momento despierta en ti algo similar?

Gracias por leer ❤

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2 thoughts on “Pues eso

    1. Jajajaj Me has pillado! Estaba pensando en contar cosas de como me las voy apañando y así de paso ayudo a otros/as a emprender su aventura con más seguridad! 🙂 Muchas gracias por leer y comentar!!!
      Un besazooo!

      Me gusta

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