Seré breve.

Imagina un barco. Un barco que espera zarpar desde que tienes uso de razón, desde que empiezas a tejer un gran telaraña llena de sueños, de esperanzas, de ilusiones. Un barco que vas construyendo poco a poco a lo largo de tu adolescencia y en los inicios de tu madurez, preparándolo para que te lleve a tu futuro. Un barco que tiene que levar anclas en algún momento.

Sabes que zarparás en ese barco. Sola o acompañada. Es algo inminente. Puedes imaginar más o menos cuándo y puedes prever más o menos dónde, más lejos o más cerca. Pero es todo una incertidumbre de la que no sabes nada hasta que no llegue el momento. Sigues cargando el barco cada vez de más experiencias de vida, de más golpes, de más buenos y malos momentos, de más recuerdos, de más de todo. Eso sí, te vas a dando cuenta de que cuanto más tiempo aplaces la salida en tu barco, más enraizadas en el fondo del mar estarán las anclas. 

Este barco está repleto de tus cosas. De esas cosas que siempre has pensado que son tan necesarias. Cosas que, por cultura, por educación, por tradición, quien sabe, han encontrado un hueco en ese sentido de la necesidad material que todo humano tiene. Muchas cosas te harán falta en tu viaje, pero no sabes que son precisamente las inmateriales las que mejor compañía te harán, por eso sigues cargando el barco de todo lo material pensando que así estarás preparada para todo lo que tenga que venir, para cualquier contratiempo futuro.

BARCO

Y llega el día.

Llega el día en el que tienes que levar anclas. Posiblemente nunca sea el día idóneo, ni el momento adecuado y no tengas tu barco preparado. Posiblemente hayas esperado tanto tiempo para zarpar que tus anclas estén demasiado profundas para levarlas y tengas que zarpar arrastrándolas, cosa que no te habías ni imaginado. Es posible que tu cargamento inmaterial esté incompleto y te hayas olvidado de lo esencial al hacer inventario. Cuando llegas a puerto y te dispones a zarpar, te das cuenta de que cosas como el amor incondicional de tus padres y hermanos, las amistades fuertemente forjadas a lo largo de los años y el entorno que tanto te ha costado conocer, no se van contigo, eso no lo puedes meter en el barco.

Ahora hay que empezar de nuevo, hay que volver a trabajar por todo lo que te hacía sentirte bien, hay que conseguir atracar de nuevo el barco en un puerto y hay que construir. No vas a estar acompañada y protegida durante un tiempo. Va a ser duro. Va a ser difícil. Vas a llorar mucho y vas a aprender más todavía. No te creas a quien te dice que es fácil levar anclas, para esa persona seguro que tampoco lo ha sido. Puede que vaya alguien a tu lado en este viaje, pero vas a tener que esforzarte para que no se vaya, nunca sin perder tu rumbo. Pero te diré una cosa, una sola cosa:

NADA ES IMPOSIBLE.

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