Palabrotas

Hay una algo que me da mucha pena, tanto por haberlo vivido, supongo que como muchos más, y por ver como sigue siendo una característica de hoy en día que, además, cada vez es más bestia y trae consecuencias más desastrosas.

Yo siempre he sido una niña grandecita y muchas veces era insultada por ello en el cole. Que si nariz de cerdo, que si piernas de hombres, que si puerca grasienta…  Profesores y otros adultos que estaban en la escuela mientras a mí me pasaba esto, nunca hicieron nada. Tampoco lo hicieron cuando mi hermana pequeña era arrinconada en las horas de comedor por alumnas más mayores y aburridas. Lo bueno es que me espabilé mucho más que otras de mis compañeras que acabaron siendo no solo acosadas dentro sino que también fuera de la escuela. No me regodeo por ello, también me dio y sigue dando pena. Y no es que me espabilara en plan “ahora soy más malota”, sino que me hizo sacar la picardía que nunca tuve y lo que hacía era pasar desapercibida mientras pensaba como gobernar el mundo. Lo normal en toda nerd que se precie. En mi caso, esa fue la consecuencia que tuvo el bullying que viví. En otros casos… bueno… son peores.

Mientras en los informativos, periódicos y en canales como Youtube, Upsocl y redes sociales no paramos de ver campañas anti bullying y noticias en las que niños se suicidan por ser maltratados, vejados y acosados por sus propios compañeros de clase; en las puertas de los colegios y en las plazas de barrio se da esta situación cada día.

La cosa es que ayer por la tarde, domingo y buen día, sin ir más lejos, paseando por la plaza del barrio en el que vivo, presencié una situación que, como poco, me dio pena. Se trataba de niñas de no más de 12 años. ¡NIÑAS! Porque, aunque ahora tengan móviles y utilicen croptops, con 12 años o menos las personas seguimos siendo niños. La cosa es que eran 4 niñas en patines (recalco, EN PATINES) apoyadas en la pared y emitiendo todo tipo de insultos a dos niñas más, sin patines, y un poco más rellenitas. Yo siempre fui una gordita feliz sin maldad alguna, pero he de decir que muchas chicas con las que pasé mi infancia y también eran gorditas, no eran nada felices y manipulaban a todo lo que se les ponía por delante.

Las palabrotas e insultos que escuché ayer de la boquita de estas niñas eran del tipo: “Nano, que te pires, que te vayas a-to-mar-por-cu-lo, gorda” o “tu madre pesa 45 kg porque tu es una drogata” o “Si consigues mirarte en algún espejo que no se rompa en tu presencia, verás una imagen que te deprimirá para siempre” o “Porque las gordas como tu sois unas asociales aburridas hijas de puta que no tienéis nada que hacer en esta vida”. Y muchas más que no me acuerdo o no me quiero acordar.

12 años o menos.

No parecían mala gente, ni niñas que vengan de alguna minoría como para utilizar ese tipo de palabrotas o esos conceptos como insulto. De hecho, como las que se metían conmigo, hacían mucha referencia al físico de las otras dos en aras de defenderse o atacar de alguna manera, y esa es la más sencilla.

Al final intervine, no podía irme a casa sabiendo que eso estaba pasando, les dije que si llevaban unos patines tan chulos los utilizaran y disfrutaran de ellos, que no se dijeran cosas tan feas, y al parecer habían sido las dos que no llevaban patines las que habían montado el lío, pero lo que les dije es que fueran a su bola y que dejaran de insultarse fuera de quien fuera la culpa. No me siento como una heroína ni mucho menos, pero no podía irme a casa sin intervenir. De hecho una de las niñas de los patines dijo “Gracias”. Y eso me dio más pena aún.

La cosa es que quiero pensar que del cole no han aprendido eso que decían. Quiero pensar que no lo llevan de serie, en lugar de un pan bajo el brazo. No digo que sus padres sean malos por soltar alguna burrada en casa. No digo que estén mal educadas. No voy a juzgar a sus familias ni a sus tutores. Lo que quiero hacer, y lo hago desde el corazón, y lo hago porque la época más bonita de nuestra vida es la infancia y la adolescencia, es un llamamiento a los padres para que estén más atentos a estas situaciones.

Como he dicho, existen miles de campañas al respecto del acoso, y nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos las consecuencias de no prevenirlo. Igual el enfoque es enseñarle a nuestros hijos lo bonita que es la vida y lo bonito que es tener amigos y gente con quien compartirla. También creo que evitar palabrotas y malas maneras en casa, gritos, bofetones y demás, en la medida de lo posible, es una buena opción para que nuestros niños no lo hagan con otros de su misma edad en la calle. Conozco a muchos padres con hijos que son estupendos, que enseñan a sus niños a vivir y disfrutar de su edad como toca y que no puedo hacer más que felicitarlos desde aquí.

Sería maravilloso que los abusones dejaran de existir. Y eso está en manos de sus educadores. 

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