Esencia

Últimamente, con todo el tema este de “destaca porque eres creativa y tienes esa obligación”, “tienes que ser única para diferenciarte”, “utiliza las nuevas tecnologías, leads magnets, Instagram, Stories, para vender, vender, vender”, me da miedo que perdamos la conexión que no une como personas.

No quiero decir que no sea usuaria de redes, ni que no crea que son unas herramientas fantásticas para la comunicación de marcas, marca personal, servicios, productos, empresa… y un largo etc. Es más, soy la primera que ha cambiado aprender portugués con los champús por los Stories de Instagram.

Sin embargo, pienso que estoy perdiendo mi esencia. Me da la impresión de que tanta obligación y autoimposición de estar al día con las nuevas tecnologías ha hecho que acabe por olvidarme de mí misma.

Voy a ir a Barcelona a hacer un laboratorio creativo que ansío y que creo que va a ser un poco mi salvación en esta vida que llevo de incertidumbre.  He hecho alguna sesión que, junto con volver a ver la cursi serie Felicity*, me ha hecho plantearme ciertas cosas.

Lo que más me ronda la cabeza es que, joder, J. J. Abrahams lo hizo muy  bien con Felicity. En primer lugar con el insight de los primeros años de carrera, de irte de tu casa a una residencia, de vivir nuevas experiencias, de conversaciones profundas y el feminismo en los 90. Por otro lado, más técnico, la fotografía, el sonido directo y la falta de música ambiente constante (que tanto agradezco), los primeros planos de los que se han hecho eco en las producciones en las que sale Blanca Suárez, los escenarios tan de NY sin pasarse. Por último, en este resumen rápido, el atrezzo, que si no fuera por lo cutre que es Julie (no me gusta nada el personaje de víctima cuqui de la vida) con absolutamente todo los estereotipos de la moda de las niñas de barrio de los 90, podría pasar perfectamente por una serie rodada ahora, donde muchos hipsters se sentirían muy identificados.

Captura de pantalla 2018-05-30 a las 11.03.05

Y aquí es donde voy a hilar fino. Hace menos de un año, gente que me conocía de meses, me dijo que yo era una auténtica hipster. Mi forma de vestir, mis acciones y aficiones, mi esencia, cumplía totalmente con el rollo hipster que todos conocemos. Pues bien, he de decir que estoy de acuerdo. No me llamaría hipster por no entrar en el cliché que eso conlleva, pero bueno, si es como se entienden ciertas características, me vale.

No me considero hipster, pero sí que estoy dando un paso para atrás para recuperar un poco de todo eso que estamos perdiendo. Sí, puede que esté un poco anclada en el pasado, no lo voy a negar, pero también es cierto que no soy la única. Muchos treinteañeros, aunque sepamos perfectamente como utilizar cualquier aparatito de última innovación, aunque hayamos crecido en paralelo con todo lo de última generación, seguimos echando de menos todo lo que suponía vivir sin una pantalla como extensión de tu brazo, en intimidad con nuestra vida y respetando la de los demás.

Es más, en esta pérdida de esencia que estoy viviendo he empezado un proceso de encuentro que recomiendo fervientemente a todo aquél que se sienta como yo. En primer lugar, con una impresora 3D casera, calamar me fabricó una cámara estenopeica que ando probando a ver qué tal. Esto nos hace jugar. ¿Cuánto hace que no juegas? Por otro lado he vuelto a mis libros, novelas, cómics, que tenía olvidadísimos, además de la clara intención aprovechar los tiempos libres para dejar el móvil en la mesa y coger las revistas de Gràffica que aun no he tenido ocasión de leer.  Las invitaciones de nuestra boda me llevan a los años del colegio, y están quedando preciosas, muy de los 90. Libretas, blocs de esbozo y la agenda Charuca me ayudan a no olvidarme absolutamente de nada. Café de calcetín, 3 hojas de pensamientos mañaneros, patines tipo quad, cursos plásticos (sellos de fotopolímero, collage, cerámica), tejer, coser y eventos como la feria del libro mantienen mi creatividad y mi imaginación a tope, me hacen usar mis manos para algo más que para teclear, y eso me está ayudando mucho a volver a mi centro.

No sé si estoy yendo por el buen camino, pero empiezo a pensar que tener la capacidad de aprovechar los tiempos de ahora y mantener la esencia humana de los tiempos en los que nos hemos criado y en los que trabajábamos la imaginación y la vida social sin necesidad de teclas, audios y cursos online, es una cualidad con la que los millenials podemos hacer mucho ruido, diferenciarnos y ser únicos, sin necesidad de etiquetas ni de exigirnos más de lo que nosotros mismos nos exigimos.

Ojalá muchos más den pasos atrás, para coger perspectiva y volver a la calidez de antes de Internet, no solo para vender un estilo de ropa, sino para ver que antes todos éramos un poco más humanos, teníamos privacidad, respetábamos pensamientos, ideas y sentimientos, no andábamos insultando, teníamos un estilo de vida slow que salía solo, no había que forzarlo, y la ansiedad y el estrés se curaban con un abrazo, unas cervezas o un buen café.

 

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