Estados de ánimo

A base de palos

Anoche me di cuenta de cuanto me quiere mi Calamar. No solo porque él me lo demuestra cada día y a cada hora con miles de maravillosos gestos, si no porque ayer le vi como sufría conmigo y por mí por lo que le contaba.

No es necesario narrar las cosas que me pasaron, pero sí que voy a plantearos la reflexión que hizo Calamar:

“¿Qué necesidad tiene la gente de aplastar a otros para sentir que tienen éxito? En mi campo (él es ingeniero), cuando alguno de los compañeros critica y hace cosas que nada tienen de profesional, es porque le falta todo de lo que habla para conseguir méritos propios y subir escalones. El resto de compañeros se da cuenta, los jefes se dan cuenta, y esa persona se va de la empresa. En tu mundo (el diseño) parece que cuando alguien hace esto, consigue su propósito. De hecho, me da la sensación de que quien hace este tipo de cosas, tanto en tu mundo como en el mío, es gente que no ha trabajado en la vida como toca, que no ha recibido palos ni ha ganado en humildad y saber estar y trabajar en equipo. Me da mucha pena. Lo normal sería que a esas personas que desmerecen el trabajo de otros se les echara, no se les diera más bombo”.

Yo no lo podría haber expresado mejor. Y por eso le adoro.

El caso es que hoy, mirando el TL de LinkedIn, he visto esta imagen que explica perfectamente en un relato corto y muy intenso lo que Calamar y yo hablábamos anoche.

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¿Qué opinión os merece a vosotros? 

Reflexión del día

Hoy me ha surgido una duda existencial… ¿tenemos que callarnos todo lo que pensamos para agradar a todo el mundo y “autoanularnos“? ¿O, por el contrario, tenemos derecho a decir lo que pensamos, con más o menos asertividad, a costa de que suba el pan cada vez que abrimos la boca?

También queda la posibilidad de aprender a decir las cosas de la manera más asertiva posible, pese a que otros a ti te las sueltan como les viene y al final acaba carcomiéndote el pensamiento de “para qué hago yo el esfuerzo si conmigo no lo van a hacer?”. Esta posibilidad es otra que autoanula a la persona que la lleva a cabo creo yo.

Por mi parte, estoy harta de que me juzguen de mojigata porque relativizo problemas, intento no meterme si no es suficientemente importante, por lo que no abro la boca con intención de pasar desapercibida y que, en el momento que digo lo que pienso sobre cualquier tema, automáticamente me tachen de prepotente, mandona, manipuladora, asocial y “si es que las más calladitas son las peores“.

Ayer, un aclamado profesional del marketing, Pepe Crespo, sin ir más lejos, nos transmitió, entre muchas más enseñanzas, el consejo de que aprendiéramos a decir que no, a buscar en nuestros clientes la calidad y el valor y a alejarnos de la búsqueda del volumen y la cantidad. Todo esto aplicado al producto y a la venta claro, puro marketing. Sin embargo, ¿no os da la impresión de que las relaciones humanas tienen algo de producto en según qué momentos?

No hablo esto desde una perspectiva negativa, sino desde una perspectiva reflexiva.

FRASE DEL DIA-01

Diseño hecho por servidora, en mi línea

Triste

Ya sé que este blog al final está pareciendo más un sitio de reflexión personal que un blog de opinión o de “voy a decir algo sobre este tema sin más”. Sin embargo, no puedo evitar escribir pensamientos sobre temas que tocan mi corazoncito y que, creo, que si lo cuento y alguien me lee y consigo que piense sobre el tema, el mundo puede ser un poquito mejor, al menos el que a mi me rodea.

Hoy es un día muy triste. Hoy una persona que ha estado presente en mi infancia y adolescencia, que nos ha cuidado a mi abuela y a mi, que ha querido a mi madre y la ha ayudado a adaptarse a Valencia desde que llegó, que me ha defendido siempre y me ha dado todo el amor del mundo como si fuera su propia hija, que su hija misma me ha tratado siempre con mucho cariño … se ha ido.

Es un día muy triste porque esta pérdida no se suple con nada. Y todavía más triste es el contexto que nos rodea con respecto a ella, porque, y me da hasta vergüenza decirlo, nos distanciamos, perdimos el contacto, no sabíamos nada de ella hasta hace unos días, por tontos.

¿Por qué nos distanciamos de las personas que nos quieren? ¿Por qué nos empeñamos en conocer a tanta gente, en tener tantos compromisos y en llamar “amigos” a quiénes tenemos que ir detrás para tomar un café? Con la vida que llevamos cuesta mucho mantener contactos, tener ratitos de vida social, cuidar a quien nos quiere y pensar sobre como librarnos de quien no nos valora. Entiendo que cuesta mucho estar al día de todas las vidas de todos los que conocemos.

Muchas veces nos distanciamos de estas personas que tanto nos quieren por quien esta con ellas. Por su mujer, por su marido, por sus amigos… Pero, ¿no sería una forma de “pagar” su cariño hacia nosotros, respetar su vida y a su gente, aunque nos caigan un poquito mal? Usamos este argumento como excusa para explicar el distanciamiento, pero ¿es realmente un argumento que sirva para dejar de ver a quien nos da tanto?

Hoy es un día muy triste porque me he venido a vivir al barrio de esta persona, porque he estado tomándome una cerveza bajo de su casa hace dos semanas, porque paso por ahí al menos 3 días por semana, y si no pasará está a dos minutos, porque en todo este tiempo no me ha dado por preguntar “qué se sabe de…?” aunque estuve viendo fotos antiguas y salía en más de una y de dos y de tres… Y hoy se ha ido. Se ha ido y no he podido despedirme, ¡no he podido ni saludarla!

De aquí para allá, clientes, proyectos, amigos y no tanto, que si la perra, que si hacer esto por esta persona y aquello por la otra… Vengo al barrio y no me da por ir a saludar a nadie, llamar a su timbre y decir “Hola!! ¿Cómo estás? Vuelvo a vivir por aquí, a ver si nos tomamos algo no?”. A todas estas personas, mejores y peores, que me han visto crecer de la mano de mi abuela y de mis padres, que han visto llegar a mi hermana y lo guapa que se ha puesto, que a muchas la envidia les corroe pero otras, como quien se ha ido, se sienten orgullosas de nosotros como familia, no las he visto aún…

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La vida no espera

Mi reflexión-petición del día es: no perdáis el tiempo con tanta gente que va a ir y venir, que no os demuestran lo que os valoran, que no os dan el cariño que merecéis y el que dais vosotros no es del todo bien recibido, o lo que es peor, demasiado bien recibido, tanto que lo exprimen. Pasad el día con vuestros padres, id de compras con vuestra hermana, aprovechad un domingo para salir con la bici, los patines o dar un paseo con vuestros mejores amigos, esos de toda la vida, esos que os demuestran siempre que estarán en las buenas y en las malas, pasad un día o dos o tres con viejos amigos viendo antiguas fotos, aprovechad el puente para descansar, decorar la casa para Navidad, el trabajo puede esperar, la vida no espera.

Respira.

Menudo ajetreo de vida llevamos. Vemos tantas personas al día, recibimos tantos estímulos audio visuales y vamos tan rápido de un sitio para otro que, al final, acaba el día, y no te acuerdas de la mitad de cosas que has hecho, visto, sentido, vivido, … Y, así, un día tras otro. Se te va la vida. Lo notas, lo sabes, pero es posible que no te hayas parado a pensar como evitarlo. Por lo que sea. Pero no has parado tu vida 10 minutos para evitar que se te vaya sin darte cuenta. No sé porqué pienso esto hoy, así, tan repentinamente. Será que hay días que me doy cuenta que estoy más cerca de los 30 de lo que me gustaría y mira chica, me da por ahí. Pero, afortunadamente, me paré hace un par de días a pensar cómo vivir más intensamente incluso las rutinas.

Menudo ajetreo de vida llevamos.

Este domingo me enseñaron a respirar. A pararme, al menos 5 veces al día, como las comidas, y respirar. Respirar te ayuda a ser consciente de lo que te rodea, de lo que tienes que hacer, pensar, te ayuda a concentrarte, a sentir más y mejor y, lo más importante, te relaja y te sitúa sobre ti misma para que no te bloquees. Eso que a muchos nos pasa pero que no sabemos identificar. El bloqueo. Ya lo comentaremos otro día.

Es curioso como respirar es lo primero que, supuestamente, aprendes al llegar a la vida. Palmadita en el culete, un buen grito y, ale, dale al H2O nena.

Es más curioso todavía, como siendo lo primero que aprendemos, miles de artistas hacen referencia alguna vez en alguna obra a la necesidad de respirar. Será porque, como dicen los yoguis, lo hacemos fatal. En realidad es como si supiéramos lo mal que lo hacemos y la necesidad que tenemos de hacerlo bien. De, cuando respiramos, sentir de verdad que lo estamos haciendo. No sé si acabo de explicarme.

Palmadita en el culete, un buen grito y, ale, dale al H2O nena. 

Hay miles de tipos de respiraciones, según la necesidad que tengas. No sabría decir cuáles son, vete a una clase de Pranayama o yoga para aprender a respirar y te las cuentan mejor que yo seguro. Solo quería transmitir hoy lo que el domingo me transmitieron a mí en 5 minutos. A mí y a unos cuantos más ojo.

Te sientas, recto, en un sitio tranquilo, cierras los ojos y la boca, dejas las manos sobre tu regazo, relajadas. Siéntate recto pero con los hombros relajados. Esto es muy importante. El mentón un poquito hacia el pecho. Ahora vamos a respirar: inspiras aire por la nariz, llenas primero el abdomen, luego las costillas y por último el pecho, de manera que los hombros se levantan un poquito; retienes un segundo o dos, y empieza la espiración (que no la expiración eh!) en el orden inverso, es decir, pecho, costillas y abdomen, donde meteremos la barriga hacia dentro para sacar el aire residual.  Yo cuento hasta 4 por cada uno, por ahora. Supongo que más adelante serán unos 8 segundos por respiración completa. Lo importante es que hagas, no sé, me lo invento porque me funciona, unas 5 – 10 respiraciones cada vez. ¿Qué te va a quitar? ¿5 minutos de tu día? Bueno, es para mejorar las otras 23:55 horas. Vale la pena, hazme caso. De los 5 procesos de respiración que te aconsejo que hagas al día, guarda uno para cuando te levantas y otro cuando te acuestas. ¡Pero no te duermas antes de acabar el proceso que nos conocemos! Y, lo más importante, olvida todo lo que te rodea y céntrate solamente en ti y en tu respiración.

El resultado es maravilloso, intenso, inspirador, relajante y excitante.

¡Y solo llevo 3 días haciéndolo!

respirar

Aquí os dejo mi última ilustración. Espero que os guste 🙂

Menos es más.

Entiendo que es difícil sensibilizarse con aquello que, de primeras, no nos entra por los ojos. Entiendo que, cuando queremos hacer, crear, diseñar cualquier cosa, nos guste un poquito complicarnos porque parece que la complicación en sí es sinónimo de trabajo y, por consiguiente, será bueno lo que hagamos. Entiendo que ir a bares de moda, escuchar vinilos y ser bisexual, es amazing. Entiendo que si tu novio te regala un pedazo de ramo de rosas y un viaje a París, te puedes creer que está mucho más enamorado de ti. Entiendo también, que llevar una chaqueta de leopardo, unas deportivas monguer (como a mí me gusta llamarlas), unos vaqueros pitillo que además sean vintage, Levi’s y les quede un palmo para llegarte al sobaco, el eyeliner negro, rojo Chanel en los labios, el pelo planchado con un rapado lateral, gafas de pasta negra último modelo de Ray-Ban, crop top, barriga plana, camisa de cuadros y felpa… Vas a ir mucho más llamativa. Entiendo que una barba de 3km, pelo largo recogido en un moñete dejao pero estudiao, vaqueros remangados para pescar ranas, vespa roja y parka verde militar, sea lo más. Entiendo que una decontrucción de huevo con bulbos ecológicos acompañados de vete tu a saber qué, es muy… muy algo. Entiendo que ser runner, emprender un proyecto/empresa, ir siempre de punta en blanco, salir todos los fines de semana, enseñar fotos de viajes espectaculares en Facebook y, además, estar estudiando un MBA, tener el último modelo de iPhone, iMac, iPod, iPad…te hace la persona más interesante del mundo porque “¿Cómo puedes llevarlo todo adelante?”.

Es muy fácil entender que todo el que nos rodea se impresione cuantas más cosas ve, siente, sabe, de nosotros. Es increíble también, y un poquito más difícil de entender, lo fácil que nos complicamos la vida a veces. La de cosas que queremos abarcar y llevar adelante. Todo lo que queremos aparentar, mostrar o dar a conocer de nosotros, y que poca falta e interés le despierta al prójimo y flaco favor le nos hace a nosotros.

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La cosa es que “quien mucho abarca, poco aprieta” y que “no se puede estar en misa y repicando” y, sobre todo, que “menos es más”.

Menos es más en el sentido de que un ramo de margaritas cualquier día de la semana o un te quiero bien avenido, nada tienen que envidiar a las rosas y a Paris. Que un diseño sencillo, con un concepto claro y eficaz, entra mejor por los ojos que complicaciones de Pantones y proporciones. Que unos vaqueros, unas Converse blancas, una camiseta blanca, un maquillaje natural, un peinado sencillo y una bonita sonrisa, no pasa de moda y siempre gusta. Que un chico normal con una mirada intensa, es más llamativo que otro que lo “tiene todo”. Que una cervecita inesperada que acaba en fiesta y vas con tus pintas de todo el día, no tiene precio. Que una tortilla de patatas de toda la vida en la playa, no se compara con ningún Ferran Adriá. Y que tener éxito en las pequeñas metas que te propongas, sin importar que sigas la moda tecnológica, deportiva y social, es mucho más valioso que esas vidas activas que tanto nos muestran algunas egobloggers que se ganan el odio de muchas de las que las hemos seguido alguna vez.

Buscamos entender el mundo que nos rodea de la forma más fácil posible, asimilarlo con lógica y vivirlo de manera que nos guste su recuerdo.

Nos hacemos mayores. No buscamos peleas. Buscamos gente con ideas. Buscamos la felicidad de la mano de la tranquilidad y la estabilidad. Buscamos, de vez en cuando, una aventura fuerte para darle puntos de inflexión a nuestra vida. Buscamos entender el mundo que nos rodea de la forma más fácil posible, asimilarlo con lógica y vivirlo de manera que nos guste su recuerdo. Como dice una buena amiga.

 

No es tan simple

Vuelvo a Coelho. Me enganchó hace unos 6 años y lo ha vuelto a hacer. Estoy releyendo todos sus libros de nuevo. No sé, me da ese toque de tranquilidad de cuando pienso que cada día estoy más loca. No es que esté más loca, es que las cosas no son tan simples como nos intenta decir la gente que nos rodea cuando nos ve bloqueados o como vende Mr. Wonderful.

Las cosas son más profundas. Cosas como término general para todo. T O D O. Últimamente creo, como Sidharta, el personaje del último libro que me he leído (altamente recomendable), que hay que sentir, admirar, valorar, contemplar y meditar sobre todo lo que hacemos, pensamos, decimos y nos rodea, para vivir plenamente. No soy yo mucho de religiones, pero cada día y con más fuerza me va pareciendo el budismo como una religión bien.

En fin, que no me quiero ir por las ramas. La idea que quiero transmitir es que la profundidad de las COSAS hay que valorarla y enfrentarla, aprender de ella, meditar sobre las opciones que nos da y no creerse una loca por ello, porque todo lo que nos ocurre en nuestra vida moldea y esculpe la persona en la que nos convertimos en nuestra vejez.

Y tu, quieres ser una escultura llena de detalles, grietas, arrugas, formas, llena de experiencias, o prefieres ser un jarroncito para flores?

Y la catedral lo resistía todo.

Camino por su esqueleto, viendo las reformas actuales: esta vez, los arquitectos garantizan que han encontrado la mejor solución. Hay andamios y refuerzos de metal por todas partes, grandes teorías sobre los pasos futuros y algunas críticas a lo que se hizo en el pasado. 

Y de repente, en medio de la nave central, me doy cuenta de algo muy importante: la catedral soy yo, es cada uno de nosotros. Vamos creciendo, cambiando de forma, nos abordan algunas debilidades que deben ser corregidas, no siempre escogemos la mejor solución, pero a pesar de todo seguimos adelante, intentando mantenernos erguidos, correctos, de modo que honremos no a las paredes, ni a las puertas o a las ventanas, sino al espacio vacío que esta allí dentro, el espacio en el que adoramos y veneramos aquello que nos es querido e importante. 

El Zahir. Paulo Coelho.

 

A mí me parece que es bien que la expresión de mi cara y de mi mirada vaya cambiando con el tiempo y las experiencias, convirtiéndome en una persona cada vez más completa y que moldea todo lo que le ocurre para tener una escultura llena de matices.