alegria

Asertiva

Me parece, como poco, muy importante que los jefes sepan como comunicarse con sus empleados, o, que si no saben, se preocupen por aprender antes de emplear un “no me gusta nada” así a pelo y sin previo aviso. Es interesante que intenten con expresiones como “lo has hecho muy bien, aunque buscaba algo más como esto otro” o, como me ha pasado a mí en el trabajo, “me gusta mucho, me encanta lo que dices y como te expresas, pero hay algunos aspectos técnicos que hay que estudiar y retocar“.

Tengo que admitir que hoy venía a trabajar con la armadura puesta y el escudo protegiéndome, enfadada y predispuesta a recibir un “no me has entendido, no me gusta nada”, porque he estado trabajando en unos contenidos casi sin información y no se me dio ninguna pauta técnica o más específica.

Sin embargo, y sin que cree precedente, tengo que aplaudir la forma que ha tenido mi jefa de comunicarme lo que pensaba de mi trabajo y que me ha motivado realmente a seguir trabajando con ilusión en el proyecto del que me han hecho responsable y aprender de mis compañeras, que no vienen con esa actitud, ni parecida

asertivo, va

De aserto.

1. adj. afirmativo.
2. adj. Psicol. Dicho de una persona: Que expresa su opinión de manera firme.
3. adj. Psicol. Propio de una persona asertiva.

No solo en el entorno laboral, la asertividad es realmente importante, debería ser una asignatura del colegio, de cuando estudiamos los primeros años de nuestra vida, en los que somos esponjitas hasta las 12 años. La asertividad es algo que conocí cuando tenía 24 años, en mi segunda carrera, y desee con todas mis fuerzas haberla conocido antes para haber podido aplicarla a muchas situaciones de mi vida de las que salí a duras penas y a veces hasta quedé mal parada.

Se trata de expresarte de manera firme, contundente, pero sin ofender. No te hace falta añadir coletillas del estilo “Es que yo soy así de sincera, y si te ofendes es tu problema, yo no te voy a engañar” o del tipo “Bueno, pero esto te lo digo sin ánimo de ofender”. No, una persona que es asertiva o que aprende a serlo no necesita añadir coletillas vacías.

Para que me entendáis mejor, os dejo esta descripción de la Wiki:

La asertividad es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás; tiene como premisa fundamental que toda persona posee derechos básicos o derechos asertivos. Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la pasividad que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros, o pasen por alto nuestras ideas, por otro lado tenemos la agresividad que se presenta cuando no somos capaces de ser objetivos y respetar las ideas de los demás. Suele definirse como un comportamiento comunicacional en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Es también una forma de expresión consciente, congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia. Contar con un criterio propio dentro de la sociedad es indispensable para comunicarnos de una mejor manera.

Pues eso… No tengo mucho más que añadir, el post de hoy es solo para comunicar la importancia de saber expresarse y comunicarse sin venirse abajo o sin agresividades.

Y esta imagen simplemente me gusta.

Y esta imagen simplemente me gusta.

Poder

Menuda palabra ¿eh? 

P O D E R 

Tenemos en nuestra cabeza, impregnada de imágenes y de historias, nuestras y ajenas, una cantidad ingente de concepciones sobre el poder.

Político, jurídico, legislativo, el cuarto, el quinto, el sexto poder, el poder de la mirada de tu padre cuando la estás liando en la mesa, los superpoderes de los superhéroes, el poder del rico, Powder (el tío de la película esta rara), el poder del hombre, el de la mujer, el del niño que berrea para conseguir lo que quiere, el de la enredadera cuando crece por la pared, el del león y su magnífico rugido, el del tsunami que llevo J.A. Bayona a la gran pantalla con “Lo Imposible”, el del gol que marca Iniesta, el de los Rangers, el del Point (de PowerPoint…esta ha sido buena eh), el del “hola” de esa persona, el del fuego que decide dejarnos sin bosques, el del viento que trae el polen (sí, estoy alérgica perdida en estas tierras helvéticas verdes como el trigo verde) y nos amarga el día, el poder de una sonrisa, el de la música que nos eriza el vello.

La verdad es que son más ocasiones en las que la palabra poder nos evoca cosas que hacen más mal que bien, o que nos producen una sensación interna más del tipo desazón que del tipo “alegría de la huerta”. 

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Sin embargo, hay un poder que está más que presente en nuestro día a día y que nos cuesta barbaridades darnos cuenta de lo importante que es para cada individuo. Es mucho más fuerte y significativo que cualquiera otro de los significados de poder que nos vienen a la cabeza ante tan grandilocuente palabra (ñas! Ahí lo he metido). Bueno, igual no es tan tan tan fuertote como el poder de la Naturaleza y del Universo, pero al formar parte de ello, coge esa fuerza también. Está al mismo nivel, vamos a decir, así como al ras.

¡Al grano! 

Estoy hablando del poder de la gente. Hemos podido comprobar, en las últimas semanas, lo que el poder de la gente ha significado para ciudades, comunidades y un país entero. Pero yo no tengo muchas ganas de hablar de ello, ya hay bastantes referencias por la red, medios, buzones, y vida social en general.

Yo quiero hablar del poder que las personas movemos entre nosotros. Lo que una persona puede transmitirle a otra. El poder que tenemos unos de hacer felices, tristes, desgraciados y afortunados, a los otros. El poder de mover las energías positivas y negativas entre las personas que nos rodean.

Hablamos mucho de lo importante que estar bien con uno mismo, quererse, levantarse la autoestima desde dentro y vivir sin depender absolutamente de nadie. Pero, ojo, creo yo que no me equivoco al decir que el ser humano es un animal(*) social. Necesitamos vivir en sociedad, no somos los únicos seres que lo necesitan, y necesitamos que la sociedad no nos haga sentirnos solos. Por mucho que uno se quiera a uno mismo, a no ser que estemos hablando de Narciso, necesita que alguien, aunque solo sea una persona, lo quiera también. Necesita algún tipo de aprobación.

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Ahora mi historia

En enero de este año me vine, como alguno que lee este blog habitualmente ya sabe, a Francia, en frontera con Suiza, a vivir con mi pareja y a construir una vida aquí, ya que en España está la cosa tan complicada. Bueno, yo soy de las que piensan que quien busca, encuentra. Pero sí que es cierto que no encuentra las condiciones que ofrecen en Suiza.

La cuestión es que, entre el back-up con el me vine (esto de back-up queda tan cool), la barrera del idioma (sí, señores y señoras, el francés no es moco de pavo) y que encontrar trabajo con todo lo que está pasando en Suiza es harto complicado, me dió un bajón de tres pares de narices. Como se dice en España.

Con tal bajón, no sólo me estropeé físicamente, sino que dentro, yo sola, sin la ayuda de nadie, construí un boquete negro en plan supernova que no me dejaba ni respirar. No creía que nada fuera a salir bien, no quería conocer gente y la poca que conocía por mi cuenta no era muy buena que digamos, no hacía migas con los compañeros de las clases de idiomas, estaba totalmente bloqueada en cuanto a creatividad, inspiración, y demás, no daba oportunidades a nadie, todos me parecían malos, y no he parado de bajar a España siempre que he podido, con cualquier excusa, para alejarme de aquí. Engordé como 5kg en mes y medio na más que de la retención de líquidos y los nervios (parece que con los nervios se libera cortisol y es una p******), cosa que nunca me había pasado.

Pero un buen día, después de 2 meses con un dolor en la espalda de la leche, llamé a una chica de “Españoles por Ginebra” (típico grupo de Facebook en el … bueno no voy a criticar que estoy en proceso de cambio) que ya sabía yo que hacía masajes, pero eso que, mira chica, no me había dado por acudir a ella. Bien, la llamé, me dio cita, fui, le expliqué mi caso, y me hizo un masaje… O H M Y G O D!!! ¡¡¡Magnífico!!! ¡¡¡GRANDIOSO!!! FUCKING AMAZING!!!! Con decirte que entré con papada a la cabina y salí hecha una sílfide, te lo digo todo y no te digo nada. Es una persona increíble y una profesional como la copa de un pino (esta expresión nunca la he entendido, pero da la impresión de ser muy profesional ¿verdad?). Me ha estado tratando, con terapias naturales personalizadas, a base de reflexología podal, Reiki, masaje craneo-sacral, masaje thailandés, quiromasaje… en fin, varios tipos de masajes y muchas conversaciones y consejos más que producentes (lo de la cucharadita de vinagre nada más levantarse es más que milagroso). Me pasa como con Irene, que yo a Noemí la veo y digo “con lo chiquitita que es no podrá conmigo”… ¡Ay que no! Es otra “persona perfume”, es enorme pero se presenta en frasco pequeño.  Noemí tiene un poder tan fuerte como el del Universo.

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Lo bueno que ha hecho Noemí en mí es ayudarme a armonizar mi cuerpo y mi mente, que tantos cambios habían desestructurado esta unión tan importante (Mens sana in corpore sano  y esas cosas). Su ayuda, junto a varias decisiones tomadas con menos esfuerzo del que creía que me haría falta, me está salvando la vida aquí (me está salvando de mí misma aquí, más bien) y enseñándome a disfrutar de todo lo que me dan estas tierras y del presente. Decisiones como darme otra oportunidad con las personas que se habían cruzado por mi camino pero se me habían metido entre ceja y ceja sin motivo, al idioma, a mis compañeros de clase, a decir no, bueno, a decir NO, a evitar el snobismo que caracteriza a la mayoría de habitantes de este país, a hacer dieta, cuidarme, quererme a mí, y querer más a Miguel, agradecer todo lo que tengo y ser realista en cuanto a lo que puedo conseguir, ponerme ciertas metas, motivarme…

Gracias a personas como Noemí, he vuelto a creer en el poder de la gente, en el poder de uno mismo y en el poder de las decisiones que tomamos, como su fuerza hace que todo el Universo se ponga a nuestro favor (“El Alquimista” ha hecho mella en mí, ¿no se nota no?) y nos ayude a conseguir lo que nos proponemos. Por esto decía que formamos parte de la Naturaleza y del Universo no sólo físicamente, sino a nivel espiritual. Pero esto os lo cuenta mejor LeanSelf.

(*) Sí, somos animales, racionales o no tan racionales, pero animales mamíferos, evolucionados teóricamente del mono, pero animales mamíferos omnívoros al fin y al cabo.

Gestos

Gestos. Palabra que no es ni bonita ni fea, que en el diccionario hace referencia a expresiones o muecas faciales, pero que, en el imaginario colectivo, entraña toda una gama de expresiones corporales que van desde lo más soez a lo más bello, pasando por faltas de respeto, muestras de amor, de simpatía, educación, honor, dolor, prepotencia, cariño, bondad, honradez, humildad, alegría, tristeza, enojo, cordialidad…

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Hablé una vez de las palabras y los riesgos que entrañaban dichas en momentos no apropiados, porque se quedan grabadas… ¿Pero y los gestos? Los gestos se quedan incrustados en nuestra retina y nos predisponen a una relación u otra con quien los hace. Las palabras se pueden cambiar, rectificar es de sabios.

Sin embargo, los gestos, tanto los buenos como los malos, son una primera impresión, un primer juicio, un miedo, una alegría, algo tan esporádico e instantáneo como el hecho en sí de hacerlo; como cuando te haces un corte cortando patatas y se queda la cicatriz, ahí, blanquita y pequeñita en la yema del dedo, pero está, y ya no se va a ir, se va a difuminar, pero no se va a ir. No vas a perder de vista una bonita sonrisa, no vas a poder evitar reírte con alguien que se ríe, vas a unirte a los que bailan, y vas a intentar hacerle entender al conductor del otro coche lo mal que lo ha hecho no poniendo el intermitente, también vamos a saber cuando te haces pis, cuando estas triste y caminando cabizbaja y cuando alguien ha conseguido enfadarte, va a ser indiscutible que tienes maneras, que eres muy femenina o un poco bruta, que te sientes bien contigo misma o que vienes de una discusión acalorada. Los ademanes que nos caracterizan no son invisibles a nuestro prójimo.

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Hay que tener mucho cuidado con los gestos, especialmente con los no tan buenos, bonitos y baratos. Los gestos que hacemos en momentos de tensión, en esos momentos en los que no podemos controlar nuestra verborrea mental, física y vocal, esos gestos no sólo se quedan retenidos en la memoria visual de nuestro interlocutor, sino que se nos graban a nosotros también. Tú no te ves en ese momento, es físicamente imposible, pero luego rememoras el momento en tu mente y, como un burdo espectador más, te ves. Te imaginas, te ilusionas, te desdibujas a tí misma, no es del todo real, pero te ves. Y sientes vergüenza. Una vergüenza inexplicable que va directa como una flecha a tu autoestima. Es el aleteo de una mariposa en Japón que provoca un tornado de emociones, negativas, en torno a esos aspavientos que has hechos en una performance nada estudiada pero que no puedes evitar repetir una y otra vez en tu cabeza, sin control. 4

Los gestos son emocionales, impulsivos, provocados por los sentimientos. Hoy me he parado a pensar en esos sentimientos que provocan de manera impetuosa gestos que me hacen actuar de una forma de la que no me siento nada orgullosa. Todos tenemos esa parte oscura que, de alguna manera, no mostramos a nadie, pero que siempre hay quien consigue que la muestres. A nadie le gusta su parte oscura, ni la parte oscura de otros. A mi parecer, los gestos que otros tengan contigo son mejores herramientas, incluso que las palabras, que como todo el mundo sabe, se las lleva el viento, para sacar de ti lo mejor o lo peor.

Sería muy interesante que reflexionásemos un poquito sobre los sentimientos que provocamos en los demás y en cómo reaccionan a ellos para con nosotros. Creo que entenderíamos más a nuestros amigos, a nuestros padres, hermanos, a nuestra pareja, incluso a los nuevos conocidos, a desconocidos y a toda esa gente que aun nos queda por conocer.

Y tú, ¿qué quieres conseguir que los demás te muestren? 

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Imágenes sacadas de la galería de UNSPLASH

Pues eso

Lo típico que subes a una atracción tipo “Montaña rusa” y lo primero que hace el tren donde vas sentada es empezar a subir una estructura eterna. Sube, sube, sube, sube,… no acaba…sube, sube, sube,.. Ay! ¡Que todo lo que sube tiene que bajar!… sube, sube, sube… Y esos 3 segundos. Esos 3 segundos en los que has llegado arriba y reducen la velocidad de la atracción para que puedas ver la espectacular e inclinadísima bajada que te espera. Esos 3 segundos. 

Si subes en el “Ave Fénix” de Terra Mítica, encima cuentas esos 3 segundos porque te han dicho en la cola que son después del clic. 1…, 2…, 3… Caída al vacío. Ese clic.

Llegas a casa. La puerta tiene dos vueltas dadas. No hay nadie. Es de noche. Está oscuro. Vas pensando en tus cosas. Y cierras la puerta a tu espalda una vez entras en casa. ¡La leche! ¡Qué oscuro está todo! Buscas el interruptor pero entre las llaves, el bolso, la chaqueta y la botella de agua no te quedan manos. Buscas. Está oscuro. Te entra algo en el estómago. No me digas que no. Ese es el momento.

Ese momento de la película. Con la música de fondo. Una melodía que te empieza a subir por la espina dorsal y te va poniendo poco a poco todos los pelitos de punta. Sabes que el final de la música va a ser un susto. Lo tienes clarísimo. Y si está uno de los protagonistas por medio de la escena, la que te meterías por medio serías tu a darle una colleja para que encendiera la luz o no abriera la puerta. Esa escena, con esa melodía, las rodillas poco a poco subiendo a tu pecho, no sabes por donde viene el susto ni cuando. Pero lo hay, lo tienes más que claro.  Pues esa música. 

Se han empeñado. Tienes 3-4 años y tus padres se han empeñado en que aprendas a nadar y te tires de cabeza. Así, sin más. Sin pensar en que para ti, que eres muy pequeña, mirar a la piscina con tus brazos estirados y ver los dedos de la mano desenfocados y el fondo demasiado poco profundo, es algo duro. Y ahí está tu padre. Venga Isa, que yo con tu edad ya me tiraba del trampolín. Con 4 años Papá. Sí. Pero vale. Venga. Vamos. Y sientes su mano en tu barriguita y en tus piernas. Eh, ¿qué pasa? Nadie me ha explicado como funciona esto. Y tu padre. 1…2… y piernas arriba! Ese momento en el que no sabes que pasa pero algo te dice que va a doler.  

Yo soy la del medio. Mi padre ya me había tirado al agua sin manguitos ni nada. Creo que tengo 2 años.

Yo soy la del medio. Mi padre ya me había tirado al agua sin manguitos ni nada. Creo que tengo 2 años.

Cuando conduces por caminos entre campos. Caminos que a cada lado tienen una acequia. Con su correspondiente terreno de cebollas, acelgas, lechugas, berenjenas, tomates, arroz (este con mucha agua en época de bonanza). La típica huerta valenciana. Y el camino tiene el ancho justo para que quepan con un poco de holgura dos coches o un tractor y un coche o un camión (no muy grande) y un coche. Bien, pues ese momento en que ves que el coche con el que te vas a cruzar va en modo Fórmula 1. ¡En modo Fórmula 1 por los caminares!  (Las eras, en castellano no xurro). Ese momento en el que ves tu retrovisor a dos dedos del propio del otro coche. Y eres muy consciente de dos cosas: el otro coche está ocupando parte de tu espacio y no se ha dado cuenta por la velocidad lleva y tu rueda esta rozando el mínimo bordillo (en caso de que lo haya, que no lo hay en todos) que separa la acequia del asfalto. Ese cruce de coches en el que tú vas conduciendo uno de ellos. 

Al final de la escalera. El momento en el que baja la pelota. Toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc… Pelota abajo. Mirada a la oscuridad. Tiro la pelota al río que me tiene hasta lo que no suena. Vuelvo a casa orgulloso de mi hazaña. La pelota de nuevo. Toma morena! Ese momento en que la pelota vuelve a bajar precedida por un sonido irreconocible. 

Oh! Llevas buscando algo que quieres mucho y das por perdido un año. Pero sabes que de tu casa no ha salido. Un año echando de menos algo que sabes que no ha salido de tu casa es desesperante. Porque, y aquí viene mi materialista interna, ¡no puedes vivir sin eso! La cuestión es que llega un día, una luz, te ilumina, y te acuerdas de dónde puede estar eso que has buscado con tanto ahínco. Vas al lugar donde la luz te ha recordado que dejaste tu preciado bien. ¡Ahí está! Después de un año. Pues ese momento en el que te ilumina la luz.

Esto que tú y tu maravillosa anatomía decidís que no hace falta hacer tanto deporte, que estáis fenomenal. Y de repente un planazo de pasar el día en la montaña. “Es un camino fácil, no te preocupes”. Llegar a la falda de la montaña. Ver que toda la gente con la que has quedado va preparada para un trekking claro. Trekking. Palabra que acabas de conocer. La pronunciación es graciosa pero tiene lo que tienen algunas mojigatas, que no es lo que parece. Al parecer va unida a “aventura”. Y miras hacia arriba. “¡Vamos a esa cruz de allí!” ¿QUÉ? Ese momento en el que sabes que te va a salir el hígado por la boca en cuestión de una hora. 


La Murta, Alzira

Os sitúo en este momento. Discoteca. Has bebido un poquito porque no vas a coger el coche. Sois 4 para el taxi. Y estás la mar de feliz, en esa nube de evasión que te dan unas copas bien tomadas. Ojociudao, nada de pasarse. Y estas en medio de la pista. Rodeada de gente. La música sonando. Musicote diría yo. Saltas, te ríes, bailas, abrazas, haces alguna tontería, sí, miras al negro de turno que baila de la leche, es inevitable mirarlo, sigues sonriendo, saltando y bailando, las luces parpadean, azul, rosa, verde, pierdes la noción de los colores porque la música te llega tan adentro que cierras los ojos y la sientes. Y llega el momento en el que el DJ para la música. Ese momento. Sabes que va a haber un subidón en breve. Pero el DJ te hace sufrir un poco. ¿Cuál vendrá ahora? ¿La conoceré? No hace falta, quiero ese subidón. Y empieza. Ese momento en el que empieza el subión y tooooma! 

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Te levantas de la cama. Es un día que no tienes nada planificado. Sabes que vas a trabajar y ya está. No tienes nada más planificado. Te vistes, desayunas, miras el correo, zapatos, bolso, llaves, lo llevo todo. Pero cierras la puerta y lo presientes. Presientes que va a ser un gran día. Pues ese instante en el que tienes un presentimiento positivo. 

Ya está la fecha. El día, la hora y el lugar. Vas a tener tu primera cita con esa persona que acabas de conocer y que puede que te devuelva las ganas de enamorarte. Le pones todas las ganas que le has puesto al resto de citas. Pero esta vez va a ser diferente, lo sé, esta es la buena. Te pones tus mejores vaqueros, te calzas los zapatos que te hacen sentir más cómoda, maquillaje, crema, colonia y depilada. A la calle. A tu cita. Hablas por los codos de normal, pero vas nerviosa, y llevas una pequeña lista de temas para no quedarte sin conversación. Brillo en los labios. Estás llegando. Y ves a esa persona. Esperándote. El momento previo y ese. Esos dos momentos. 

No sueles pedir regalos. No es tu estilo. Eres más de hacerlos, de tener en cuenta los gustos de otras personas, de observarlos, de controlar cada detalle. Y pides algo. Por una vez pides algo. Pero no sabes si se habrán enterado, si se acuerdan… Y ahí estáis. Tu y quien te regala. Ves el envoltorio. La caja. Y sí. Se ha acordado. Se ha fijado en que lo señalaste una vez dando un paseo y que lo mirabas cada dos por tres en el ordenador a ver si bajaba de precio. Ese momento en el que reconoces el envoltorio. 

Envoltorio

Todos estos momentos producen sensaciones muy parecidas. En las que se mezclan el nerviosismo, miedos, agobios, inseguridades, conformismo, con alegría, valor, felicidad. Son esos momentos los que le dan chispa a nuestra vida. Son esos momentos lo que, una vez han pasado y los has superado o vivido, te regalan un momento todavía mejor. Un momento en el que puedes tocar la felicidad con tus manos, puedes acariciarla, verla, olerla. Todos tus sentidos se activan. Son esos momentos previos al clímax anímico los que forman parte de nuestro día a día. Algunos son más intensos y otros menos, pero todos los tenemos.

Ahora estoy en un pedazo de momento de esos. Ya tengo mi billete. Me voy a Suiza. Voy a empezar una aventura. Tengo ese sentimiento que he intentado trasmitir. ¿Me entendéis no? Nervios a flor de piel, miedos varios, inseguridades, y ese sentimiento de que todo va a salir bien siempre presente. 

¿Qué momento despierta en ti algo similar?

Gracias por leer ❤

Imposible

Hace poco me hicieron una pregunta muy interesante: ¿Por qué hay gente que se conforma con la “vida que le ha tocado”? ¿Son felices esas personas que no avanzan y se estancan en “estudiar, carrera, trabajo, familia, casa y coche”? No voy a entrar en rollos sociológicos, geográficos, económicos y demás porque no es mi especialidad, pero sí que me gustaría dar mi opinión al respecto.

La verdad es que es algo que no me había planteado seriamente con anterioridad, pero al hacerme esa pregunta se me ocurrió una idea. La gente que se estanca en los 5 ítems impuestos por el estilo de vida que se supone que debemos llevar no son felices. Quiero decir, no pueden ser felices. Never ever. Lo que a mi se me ocurre para argumentar esta afirmación rotunda es que estancarse no forma parte de la esencia misma del ser humano.

Me voy a explicar así muy rápido. Los seres humanos procedemos de una evolución milenaria que no ha frenado en ningún momento. ¿Quién no ha escuchado que las muelas del juicio desaparecen por evolución porque no nos hacen falta? ¿O el dedo meñique del pie? ¿O quién no se ha dado cuenta que las nuevas generaciones son más altas y fuertes? Seguimos en evolución física señores, esto no es ninguna novedad. Pero, ¿no os habéis parado a pensar que si estamos en continúa evolución y desarrollo físico generación a generación no lo estaremos también en el sentido psíquico? 

cita

¿Veis lo que quiero decir? Seguro que sí. Vosotrxs sois muy listxs.

El ser humano no puede estancarse y si lo hace, no es feliz, no sigue su esencia, no evoluciona, no crece, el desarrollo no es total, no puedes ser feliz si todas y cada una de las células y neuronas de tu cuerpo no lo son. Eso es así.

Y aquí viene donde la peinan* (o pintan). Resulta que esas personas que se estancan y conforman con el tipo de vida supuestamente bien visto por la sociedad que les rodea y les hace infelices y amargados, tienen que buscar salidas. Salidas del tipo que no cumplen con el Mandamiento básico de tito Xuso “Amaos los unos a los otros”. Amén**. La gente que se queda atrapada en esta infelicidad se dedica a intentar vivir de la vida de otros, a criticar, juzgar, engañar, copiar, hablar, de cosas que ni siquiera conoce porque no salen del cuadrado de vida en el que están metidos.

Esta gente tiene miedo. Les aterroriza la libertad, les aterroriza abrir su mente, darse cuenta de que todo lo que les rodea no es más que un 0,00000000001% de todo lo que puede dar de sí su vida, de que sus cimientos se destruyan y no encuentren la forma de construir otros porque no conocen más material que el adobe, el hormigón, material que no da lugar a flexibilidad de miras, a abrir ventanas a cada paso que se da, a cada persona nueva que se conoce o a cada difícil decisión que se toma. Son personas que no conciben lo esporádico de vivir y lo intenso de las relaciones humanas cuando la mente se abre.

dejad-de-seguirme

Es imposible estancarse en una vida impuesta. IMPOSIBLE. Siempre se va a buscar una salida. El ser humano busca la felicidad, y una de las formas de alcanzarla es hacerle caso a la propia esencia evolutiva y crecer por dentro y por fuera.

 

 

 

Dédié à mon amie J. S.
*Son estas frases hechas que se inventa mi madre que no sé de dónde vienen y a dónde van, pero quedan bien.
** Ojocuidao! Atea a tope, pero este mensaje me gusta.

De repente

De repente lo decides, tomas TU decisión.

De repente todo es rosa.

De repente sale el sol.

De repente bailas, cantas, ríes.

De repente encuentras el camino.

De repente estás feliz.

De repente llega.

De repente lo destruye todo a su paso: tu casa, tus sueños, tu familia, tus amigos, a ti.

De repente la solución.

De repente las barreras, los límites.

De repente no puedes tomar tus decisiones.

De repente ves tu vida pasar y nada tiene importancia, nada te da experiencias vitales como a otros.

De repente los gritos, las peleas, las malas contestaciones, los portazos y los no vuelvas.

De repente te afecta física y mentalmente. Y la parte mental no deja descansar a la física.

De repente no duermes, no sueñas, no tienes metas.

De repente dependes de alguien para conseguir tu felicidad.

De repente te fallan. Te fallan por todas partes.

De repente soledad.

De repente lo entiendes todo.

De repente tomas medidas.

De repente el cambio de nuevo. Positivo.

De repente otro lugar, con más intimidad y más libertad. Arriba.

De repente te surge irte para volver llena de energía de nuevo.

De repente el éxito personal y profesional.

De repente te la quitan. “No pasa nada”, dicen. “Eso es lo que te tenía mal, puedes hacer vida normal”. Dicen.

De repente te puedes volver a ir. Una y otra y otra vez.

De repente todo mejora de nuevo, te das cuenta de que nada te afecta tanto ya.

De repente vives, eres feliz, disfrutas, aceptas lo que viene y asimilas lo que se va.

De repente suerte, fortuna. Buscada con mucho esfuerzo, por supuesto.

De repente cercanía, amistad, amor.

De repente metas, sueños, expectativas.

De repente otra barrera. Física. Incomprensible. Y que ahora, cuesta aceptar. Mañana se aceptará. Como sigue el ciclo. Hoy no.

La vida está llena de “De repentes”. Es una eterna lucha, pero también un disfrute de ellos. 

¿Los vences o te vencen?