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A base de palos

Anoche me di cuenta de cuanto me quiere mi Calamar. No solo porque él me lo demuestra cada día y a cada hora con miles de maravillosos gestos, si no porque ayer le vi como sufría conmigo y por mí por lo que le contaba.

No es necesario narrar las cosas que me pasaron, pero sí que voy a plantearos la reflexión que hizo Calamar:

“¿Qué necesidad tiene la gente de aplastar a otros para sentir que tienen éxito? En mi campo (él es ingeniero), cuando alguno de los compañeros critica y hace cosas que nada tienen de profesional, es porque le falta todo de lo que habla para conseguir méritos propios y subir escalones. El resto de compañeros se da cuenta, los jefes se dan cuenta, y esa persona se va de la empresa. En tu mundo (el diseño) parece que cuando alguien hace esto, consigue su propósito. De hecho, me da la sensación de que quien hace este tipo de cosas, tanto en tu mundo como en el mío, es gente que no ha trabajado en la vida como toca, que no ha recibido palos ni ha ganado en humildad y saber estar y trabajar en equipo. Me da mucha pena. Lo normal sería que a esas personas que desmerecen el trabajo de otros se les echara, no se les diera más bombo”.

Yo no lo podría haber expresado mejor. Y por eso le adoro.

El caso es que hoy, mirando el TL de LinkedIn, he visto esta imagen que explica perfectamente en un relato corto y muy intenso lo que Calamar y yo hablábamos anoche.

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¿Qué opinión os merece a vosotros? 

Triste

Ya sé que este blog al final está pareciendo más un sitio de reflexión personal que un blog de opinión o de “voy a decir algo sobre este tema sin más”. Sin embargo, no puedo evitar escribir pensamientos sobre temas que tocan mi corazoncito y que, creo, que si lo cuento y alguien me lee y consigo que piense sobre el tema, el mundo puede ser un poquito mejor, al menos el que a mi me rodea.

Hoy es un día muy triste. Hoy una persona que ha estado presente en mi infancia y adolescencia, que nos ha cuidado a mi abuela y a mi, que ha querido a mi madre y la ha ayudado a adaptarse a Valencia desde que llegó, que me ha defendido siempre y me ha dado todo el amor del mundo como si fuera su propia hija, que su hija misma me ha tratado siempre con mucho cariño … se ha ido.

Es un día muy triste porque esta pérdida no se suple con nada. Y todavía más triste es el contexto que nos rodea con respecto a ella, porque, y me da hasta vergüenza decirlo, nos distanciamos, perdimos el contacto, no sabíamos nada de ella hasta hace unos días, por tontos.

¿Por qué nos distanciamos de las personas que nos quieren? ¿Por qué nos empeñamos en conocer a tanta gente, en tener tantos compromisos y en llamar “amigos” a quiénes tenemos que ir detrás para tomar un café? Con la vida que llevamos cuesta mucho mantener contactos, tener ratitos de vida social, cuidar a quien nos quiere y pensar sobre como librarnos de quien no nos valora. Entiendo que cuesta mucho estar al día de todas las vidas de todos los que conocemos.

Muchas veces nos distanciamos de estas personas que tanto nos quieren por quien esta con ellas. Por su mujer, por su marido, por sus amigos… Pero, ¿no sería una forma de “pagar” su cariño hacia nosotros, respetar su vida y a su gente, aunque nos caigan un poquito mal? Usamos este argumento como excusa para explicar el distanciamiento, pero ¿es realmente un argumento que sirva para dejar de ver a quien nos da tanto?

Hoy es un día muy triste porque me he venido a vivir al barrio de esta persona, porque he estado tomándome una cerveza bajo de su casa hace dos semanas, porque paso por ahí al menos 3 días por semana, y si no pasará está a dos minutos, porque en todo este tiempo no me ha dado por preguntar “qué se sabe de…?” aunque estuve viendo fotos antiguas y salía en más de una y de dos y de tres… Y hoy se ha ido. Se ha ido y no he podido despedirme, ¡no he podido ni saludarla!

De aquí para allá, clientes, proyectos, amigos y no tanto, que si la perra, que si hacer esto por esta persona y aquello por la otra… Vengo al barrio y no me da por ir a saludar a nadie, llamar a su timbre y decir “Hola!! ¿Cómo estás? Vuelvo a vivir por aquí, a ver si nos tomamos algo no?”. A todas estas personas, mejores y peores, que me han visto crecer de la mano de mi abuela y de mis padres, que han visto llegar a mi hermana y lo guapa que se ha puesto, que a muchas la envidia les corroe pero otras, como quien se ha ido, se sienten orgullosas de nosotros como familia, no las he visto aún…

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La vida no espera

Mi reflexión-petición del día es: no perdáis el tiempo con tanta gente que va a ir y venir, que no os demuestran lo que os valoran, que no os dan el cariño que merecéis y el que dais vosotros no es del todo bien recibido, o lo que es peor, demasiado bien recibido, tanto que lo exprimen. Pasad el día con vuestros padres, id de compras con vuestra hermana, aprovechad un domingo para salir con la bici, los patines o dar un paseo con vuestros mejores amigos, esos de toda la vida, esos que os demuestran siempre que estarán en las buenas y en las malas, pasad un día o dos o tres con viejos amigos viendo antiguas fotos, aprovechad el puente para descansar, decorar la casa para Navidad, el trabajo puede esperar, la vida no espera.

EL VERBO ECHAR LO PRIMERO QUE ECHA ES LA H

Echar, de

E C H A R    D E     M E N O S.

Me fui de mi casa casa de mis padres el 30 de Diciembre de 2014 y desde entonces vivo con un sentimiento de lejanía, de distancia, de cierto tipo de soledad, esa soledad de cuando te enfrentas al mundo sin tus progenitores, un sentimiento de vacío, de como si me faltara algo, en fin, el sentimiento de echar de menos, perenne.

Echo tanto, tantísimo de menos a mi madre, a mi padre, a  mi hermana, quienes no sabía cuánta falta me hacían en mi día a día hasta que hemos estado tan lejos (ahora los valoro de otra forma que me llena mucho más), a mi tío Juan que tan bien está ahora, a mi tío Paco (lo siento por el resto, pero es mi favorito), a mi tía Montse, que ha demostrado ser una mujer 10, a mi primo Andrés y a mi nuevo primo Manu, a Wifi y a Ruter (o Router, no sé), sus mascotas, a la terraza que tantos veranos me ha ayudado a pasar fresquita, al “tío Paco”, el que vende huevos debajo de mi casa con quien ya había empezado a entablar conversación, a las cafeterías-heladeías-bar de tapas de Benetússer, a mis Tikis, con quienes siempre me he sentido yo misma y libre de expresar todas las animaladas que se me venían a la mente (sobre todo a la salida de la piscina), a mis amigas de los diferentes pueblos de Valencia (Tavernes de la Valldigna y  Aielo de Malferit entre los favoritos), a quienes visitaba y veía lo más regular que podía, pero no más de 3 meses de diferencia, a Carla, Rafa, Javi y Vicent, mis eternos amigos de Arquitectura Técnica, al folklore fallero y los viernes en la falla, Tamara, Bea, Rocío, Jose, Vero, Pupi, Rafeta, Raquel y Abel y todos los demás y las tonterías que nos inventamos para reír sin parar y tener grandes recuerdos, a Ruzafa, el Carmen y los mojitos a 3,50€, a la calle Colón que tan bien me conozco (junto con varios centros comerciales cuyo plano tengo grabado en la mente(es mi vicio y perdición)), a Irene, a Nai y al EquipeteMix que tanto me hace reír y pasarlo bien, a Alma, mi gran amiga y compañera y persona favorita, al caminito del colesterol  que tan cerca me pillaba de casa y tan poca pereza me daba ir a andar, escaparme a las playas y calas de Alicante con amigos y snorkel, a los cotilleos del pueblo, a la ventana de mi habitación que era la que me daba los buenos días antes que nadie,a Paola, Mireia, Loli, Juanfran y las risas que nos hemos pegado, al desayuno preparado con todo el amor del mundo por mi padre t o d o s l o s d í a s, tomarlos en el balcón y esperar los churros del domingo, el olor de la ropa recién lavada por mi madre, el sofá de la buhardilla que tantas buenas siestas me ha dado (con babita y todo, ojo!), a todos esos amigos con quien la distancia sí que ha podido, pero que siempre tendrán un hueco en mis recuerdos con una gran sonrisa, al chiringuito de Tavernes donde tan a gusto se está por las tardes, a la facilidad de encontrar trabajo, a escaparme a la playa de El Saler y al Puerto de la Albufera y sentir el olor mezcla de pino, arroz y playa de la Terreta que adoro, las paellas de mi padre, ¡cuánto hace que no como una buena paella en casa!

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Todo forma parte de mi, y todo,bueno casi todo, sé que puedo volver a disfrutarlo cada vez que vuelvo y se me dibuja una súper sonrisa solo de pensarlo. Pero hay algo, hay algo que, de verdad verdadera, echo de menos porque sé que no podré volver a disfrutar, como solía hacerlo, nunca, algo que echaré de menos always and forever porque, aunque lo vuelva a usar, no será lo mismo, algo que me ha dado tranquilidad, calma, que ha ayudado, con su característica pasividad, a que las cosas malas pasen por sí solas, algo que cada vez que viajaba ya echaba de menos, pero que sabía que volvería a ello al acabar el viaje, algo que mi madre me ha dicho que va a desaparecer para ser sustituido por algo más grande, para 2. Ha sido mi compañera de fatigas, de migrañas, de resacas, de lecturas de todo tipo, de noches de estudio, de sueños, de pesadillas, de siestas con mi hermana, en realidad, de las mejores siestas del mundo, de apoyo para hacer la maleta, de llantos y risas, de consejos maternos, de consejos como hermana, de meditación y mantras, de escuchar música y emocionarme, de charlas con mi prima, de amor y sexo (para que ocultarlo), de buenos y malos días, de inspiración, de descansos rejuvenecedores…

ECHO DE MENOS, SOBRE TODAS LAS COSAS, A MI CAMA. 

Mi cama

Poder

Menuda palabra ¿eh? 

P O D E R 

Tenemos en nuestra cabeza, impregnada de imágenes y de historias, nuestras y ajenas, una cantidad ingente de concepciones sobre el poder.

Político, jurídico, legislativo, el cuarto, el quinto, el sexto poder, el poder de la mirada de tu padre cuando la estás liando en la mesa, los superpoderes de los superhéroes, el poder del rico, Powder (el tío de la película esta rara), el poder del hombre, el de la mujer, el del niño que berrea para conseguir lo que quiere, el de la enredadera cuando crece por la pared, el del león y su magnífico rugido, el del tsunami que llevo J.A. Bayona a la gran pantalla con “Lo Imposible”, el del gol que marca Iniesta, el de los Rangers, el del Point (de PowerPoint…esta ha sido buena eh), el del “hola” de esa persona, el del fuego que decide dejarnos sin bosques, el del viento que trae el polen (sí, estoy alérgica perdida en estas tierras helvéticas verdes como el trigo verde) y nos amarga el día, el poder de una sonrisa, el de la música que nos eriza el vello.

La verdad es que son más ocasiones en las que la palabra poder nos evoca cosas que hacen más mal que bien, o que nos producen una sensación interna más del tipo desazón que del tipo “alegría de la huerta”. 

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Sin embargo, hay un poder que está más que presente en nuestro día a día y que nos cuesta barbaridades darnos cuenta de lo importante que es para cada individuo. Es mucho más fuerte y significativo que cualquiera otro de los significados de poder que nos vienen a la cabeza ante tan grandilocuente palabra (ñas! Ahí lo he metido). Bueno, igual no es tan tan tan fuertote como el poder de la Naturaleza y del Universo, pero al formar parte de ello, coge esa fuerza también. Está al mismo nivel, vamos a decir, así como al ras.

¡Al grano! 

Estoy hablando del poder de la gente. Hemos podido comprobar, en las últimas semanas, lo que el poder de la gente ha significado para ciudades, comunidades y un país entero. Pero yo no tengo muchas ganas de hablar de ello, ya hay bastantes referencias por la red, medios, buzones, y vida social en general.

Yo quiero hablar del poder que las personas movemos entre nosotros. Lo que una persona puede transmitirle a otra. El poder que tenemos unos de hacer felices, tristes, desgraciados y afortunados, a los otros. El poder de mover las energías positivas y negativas entre las personas que nos rodean.

Hablamos mucho de lo importante que estar bien con uno mismo, quererse, levantarse la autoestima desde dentro y vivir sin depender absolutamente de nadie. Pero, ojo, creo yo que no me equivoco al decir que el ser humano es un animal(*) social. Necesitamos vivir en sociedad, no somos los únicos seres que lo necesitan, y necesitamos que la sociedad no nos haga sentirnos solos. Por mucho que uno se quiera a uno mismo, a no ser que estemos hablando de Narciso, necesita que alguien, aunque solo sea una persona, lo quiera también. Necesita algún tipo de aprobación.

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Ahora mi historia

En enero de este año me vine, como alguno que lee este blog habitualmente ya sabe, a Francia, en frontera con Suiza, a vivir con mi pareja y a construir una vida aquí, ya que en España está la cosa tan complicada. Bueno, yo soy de las que piensan que quien busca, encuentra. Pero sí que es cierto que no encuentra las condiciones que ofrecen en Suiza.

La cuestión es que, entre el back-up con el me vine (esto de back-up queda tan cool), la barrera del idioma (sí, señores y señoras, el francés no es moco de pavo) y que encontrar trabajo con todo lo que está pasando en Suiza es harto complicado, me dió un bajón de tres pares de narices. Como se dice en España.

Con tal bajón, no sólo me estropeé físicamente, sino que dentro, yo sola, sin la ayuda de nadie, construí un boquete negro en plan supernova que no me dejaba ni respirar. No creía que nada fuera a salir bien, no quería conocer gente y la poca que conocía por mi cuenta no era muy buena que digamos, no hacía migas con los compañeros de las clases de idiomas, estaba totalmente bloqueada en cuanto a creatividad, inspiración, y demás, no daba oportunidades a nadie, todos me parecían malos, y no he parado de bajar a España siempre que he podido, con cualquier excusa, para alejarme de aquí. Engordé como 5kg en mes y medio na más que de la retención de líquidos y los nervios (parece que con los nervios se libera cortisol y es una p******), cosa que nunca me había pasado.

Pero un buen día, después de 2 meses con un dolor en la espalda de la leche, llamé a una chica de “Españoles por Ginebra” (típico grupo de Facebook en el … bueno no voy a criticar que estoy en proceso de cambio) que ya sabía yo que hacía masajes, pero eso que, mira chica, no me había dado por acudir a ella. Bien, la llamé, me dio cita, fui, le expliqué mi caso, y me hizo un masaje… O H M Y G O D!!! ¡¡¡Magnífico!!! ¡¡¡GRANDIOSO!!! FUCKING AMAZING!!!! Con decirte que entré con papada a la cabina y salí hecha una sílfide, te lo digo todo y no te digo nada. Es una persona increíble y una profesional como la copa de un pino (esta expresión nunca la he entendido, pero da la impresión de ser muy profesional ¿verdad?). Me ha estado tratando, con terapias naturales personalizadas, a base de reflexología podal, Reiki, masaje craneo-sacral, masaje thailandés, quiromasaje… en fin, varios tipos de masajes y muchas conversaciones y consejos más que producentes (lo de la cucharadita de vinagre nada más levantarse es más que milagroso). Me pasa como con Irene, que yo a Noemí la veo y digo “con lo chiquitita que es no podrá conmigo”… ¡Ay que no! Es otra “persona perfume”, es enorme pero se presenta en frasco pequeño.  Noemí tiene un poder tan fuerte como el del Universo.

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Lo bueno que ha hecho Noemí en mí es ayudarme a armonizar mi cuerpo y mi mente, que tantos cambios habían desestructurado esta unión tan importante (Mens sana in corpore sano  y esas cosas). Su ayuda, junto a varias decisiones tomadas con menos esfuerzo del que creía que me haría falta, me está salvando la vida aquí (me está salvando de mí misma aquí, más bien) y enseñándome a disfrutar de todo lo que me dan estas tierras y del presente. Decisiones como darme otra oportunidad con las personas que se habían cruzado por mi camino pero se me habían metido entre ceja y ceja sin motivo, al idioma, a mis compañeros de clase, a decir no, bueno, a decir NO, a evitar el snobismo que caracteriza a la mayoría de habitantes de este país, a hacer dieta, cuidarme, quererme a mí, y querer más a Miguel, agradecer todo lo que tengo y ser realista en cuanto a lo que puedo conseguir, ponerme ciertas metas, motivarme…

Gracias a personas como Noemí, he vuelto a creer en el poder de la gente, en el poder de uno mismo y en el poder de las decisiones que tomamos, como su fuerza hace que todo el Universo se ponga a nuestro favor (“El Alquimista” ha hecho mella en mí, ¿no se nota no?) y nos ayude a conseguir lo que nos proponemos. Por esto decía que formamos parte de la Naturaleza y del Universo no sólo físicamente, sino a nivel espiritual. Pero esto os lo cuenta mejor LeanSelf.

(*) Sí, somos animales, racionales o no tan racionales, pero animales mamíferos, evolucionados teóricamente del mono, pero animales mamíferos omnívoros al fin y al cabo.

Imposible

Hace poco me hicieron una pregunta muy interesante: ¿Por qué hay gente que se conforma con la “vida que le ha tocado”? ¿Son felices esas personas que no avanzan y se estancan en “estudiar, carrera, trabajo, familia, casa y coche”? No voy a entrar en rollos sociológicos, geográficos, económicos y demás porque no es mi especialidad, pero sí que me gustaría dar mi opinión al respecto.

La verdad es que es algo que no me había planteado seriamente con anterioridad, pero al hacerme esa pregunta se me ocurrió una idea. La gente que se estanca en los 5 ítems impuestos por el estilo de vida que se supone que debemos llevar no son felices. Quiero decir, no pueden ser felices. Never ever. Lo que a mi se me ocurre para argumentar esta afirmación rotunda es que estancarse no forma parte de la esencia misma del ser humano.

Me voy a explicar así muy rápido. Los seres humanos procedemos de una evolución milenaria que no ha frenado en ningún momento. ¿Quién no ha escuchado que las muelas del juicio desaparecen por evolución porque no nos hacen falta? ¿O el dedo meñique del pie? ¿O quién no se ha dado cuenta que las nuevas generaciones son más altas y fuertes? Seguimos en evolución física señores, esto no es ninguna novedad. Pero, ¿no os habéis parado a pensar que si estamos en continúa evolución y desarrollo físico generación a generación no lo estaremos también en el sentido psíquico? 

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¿Veis lo que quiero decir? Seguro que sí. Vosotrxs sois muy listxs.

El ser humano no puede estancarse y si lo hace, no es feliz, no sigue su esencia, no evoluciona, no crece, el desarrollo no es total, no puedes ser feliz si todas y cada una de las células y neuronas de tu cuerpo no lo son. Eso es así.

Y aquí viene donde la peinan* (o pintan). Resulta que esas personas que se estancan y conforman con el tipo de vida supuestamente bien visto por la sociedad que les rodea y les hace infelices y amargados, tienen que buscar salidas. Salidas del tipo que no cumplen con el Mandamiento básico de tito Xuso “Amaos los unos a los otros”. Amén**. La gente que se queda atrapada en esta infelicidad se dedica a intentar vivir de la vida de otros, a criticar, juzgar, engañar, copiar, hablar, de cosas que ni siquiera conoce porque no salen del cuadrado de vida en el que están metidos.

Esta gente tiene miedo. Les aterroriza la libertad, les aterroriza abrir su mente, darse cuenta de que todo lo que les rodea no es más que un 0,00000000001% de todo lo que puede dar de sí su vida, de que sus cimientos se destruyan y no encuentren la forma de construir otros porque no conocen más material que el adobe, el hormigón, material que no da lugar a flexibilidad de miras, a abrir ventanas a cada paso que se da, a cada persona nueva que se conoce o a cada difícil decisión que se toma. Son personas que no conciben lo esporádico de vivir y lo intenso de las relaciones humanas cuando la mente se abre.

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Es imposible estancarse en una vida impuesta. IMPOSIBLE. Siempre se va a buscar una salida. El ser humano busca la felicidad, y una de las formas de alcanzarla es hacerle caso a la propia esencia evolutiva y crecer por dentro y por fuera.

 

 

 

Dédié à mon amie J. S.
*Son estas frases hechas que se inventa mi madre que no sé de dónde vienen y a dónde van, pero quedan bien.
** Ojocuidao! Atea a tope, pero este mensaje me gusta.

RESPETAR MOLA MÁS

¿No os pasa que conocéis a gente de hace muchos años y todavía os puede llegar a sorprender de diferentes maneras? A mí sí, continuamente. Y lo que más me alarma es que, en una mayoría de ocasiones, esa sorpresa no es grata. 

La última ha sido darme cuenta de lo estancadas que se quedan algunas personas y lo cuadriculadas que acaban pareciendo, al menos a mis ojos. Quiero recalcar que lo que voy a contar y la opinión que me despierta es completamente subjetivo y porque me ha tocado la fibra. 

Mi familia tiene raíces sureñas, en concreto de la zona de Cádiz y Sevilla. Tengo familia en Italia, Francia y Barcelona. Parte de la familia que, como se suele decir, “no me toca” pero le tengo aprecio porque es de mis tíos y tías casados con hermanos y hermanas de mi madre, son de Madrid y La Rioja. Mi persona especial es de Málaga, mis mejores amigas son todas valenciano-parlantes, de la “Valencia Cañí” para que nos entendamos, otra de mis mejores amigas es de Benicarló, unos cuantos se mudaron a Barcelona, Alemania, Noruega, he conocido gente de Palencia, Córdoba, Alicante, Cuenca, Teruel, Toledo, Granada, Galicia, Asturias, Pais Vasco, Almería, Murcia, Albacete. He tenido la suerte de viajar y conocer a gente de Kenya, Turquía, India, Thailandia, Mexico, Colombia, Uruguay, Suiza, Noruega, China, Bélgica, Filipinas, Macao, Alemania, Australia, Reino Unido, Italia, Francia, Connecticut, USA, Chicago, Marruecos, Egipto.

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Nunca, jamás, en mi vida, se me ha pasado por la cabeza criticar ninguna tradición, cultura, forma de vida, expresiones, gastronomía, religión, folclore, etc. de ninguno de ellos. Sí, claro que hay unas nacionalidades que me gustan más que otras, o que me inspiran más o que son afines a mis gustos, principios y tradiciones. Por supuesto. Y si he podido decirle a la persona que cierta cosa no me parecía bien de su origen, con toda la educación y el respeto del mundo, se lo he dicho, no sin antes preguntar de dónde viene eso que me produce alguna aversión. Más que nada para poder hablar con propiedad y argumentar porqué no me parece bien o no es de mi agrado. Pero no he necesitado, bajo ningún concepto, tener que repetir o recalcar mi desagrado.

Por otra parte, intento que esto no pase. Porque estamos en un mundo que cada día busca más la globalización y eliminar las barreras. Vivimos rodeados de personas con diferentes orígenes y culturas, y con esto no me refiero a personas de otros países, sino a personas cuyo origen es gallego, madrileño, catalán, aragonés, andaluz. Necesitamos, por nuestro propio bienestar primero, respetar todo lo que nos rodea. Las personas somos eso, personas y, señores y señoras, en la variedad está el gusto. ¿Cómo si no vamos a aprender cosas nuevas, a inspirar nuestra moda, nuestra gastronomía, a poder siquiera viajar y admirar otros países y ciudades, si no somos capaces de convivir con las personas que los habitan?

La falta de respeto a nuestro prójimo no sólo la tenemos cuando expresamos de todas las maneras posibles lo poco que nos gusta cierta región de España y la gente que vive en ella, porque “hemos venido de viaje en el tren con andaluces que no callaban, qué escandalosos!”, o porque “Que serios y que poca gracia tienen los gallegos”, o porque “conocí a un madrileño que era un chuloplaya” ,o porque “a los murcianos no se les entiende hablando” o porque “Estuve en Gandia y no habían más que chungos y chonis, como si estuviera en Mujeres y Hombres y Viceversa”. La falta de respeto la tenemos por el simple hecho de no aceptar y asimilar que no estamos solos en el mundo, que cada uno es de una manera, forma, color, que tenemos que convivir con ello y no juzgar o tachar a alguien porque “su origen no me gusta, no conozco sus normas sociales o sus tradiciones ni sus porqués, pero no me gusta”. A mí, sinceramente, esa negación rotunda a otras formas de vida, aunque sea contra la comunidad autónoma vecina, me parece también una forma de racismo. Más light, sí, pero racismo al fin y al cabo. Igual tiene otro nombre, más técnico y que hiera menos sensibilidades al ser leído. Pero vosotros me entendéis.

ser felizMi consejo es que respetemos todo y a todos, hasta a las hormigas, porque nunca sabes cuando tu falta de respeto al prójimo se puede volver en tu contra, o lo que sería peor, en contra de algún amigo o familiar tuyo al que quieras con locura y te veas en la tesitura de defender.

PS: Y lo mismo que hablo de este tema con las raíces de las personas, es totalmente extensible a edad, sexo, religión, política, arte, etc.