cosas bonitas

A base de palos

Anoche me di cuenta de cuanto me quiere mi Calamar. No solo porque él me lo demuestra cada día y a cada hora con miles de maravillosos gestos, si no porque ayer le vi como sufría conmigo y por mí por lo que le contaba.

No es necesario narrar las cosas que me pasaron, pero sí que voy a plantearos la reflexión que hizo Calamar:

“¿Qué necesidad tiene la gente de aplastar a otros para sentir que tienen éxito? En mi campo (él es ingeniero), cuando alguno de los compañeros critica y hace cosas que nada tienen de profesional, es porque le falta todo de lo que habla para conseguir méritos propios y subir escalones. El resto de compañeros se da cuenta, los jefes se dan cuenta, y esa persona se va de la empresa. En tu mundo (el diseño) parece que cuando alguien hace esto, consigue su propósito. De hecho, me da la sensación de que quien hace este tipo de cosas, tanto en tu mundo como en el mío, es gente que no ha trabajado en la vida como toca, que no ha recibido palos ni ha ganado en humildad y saber estar y trabajar en equipo. Me da mucha pena. Lo normal sería que a esas personas que desmerecen el trabajo de otros se les echara, no se les diera más bombo”.

Yo no lo podría haber expresado mejor. Y por eso le adoro.

El caso es que hoy, mirando el TL de LinkedIn, he visto esta imagen que explica perfectamente en un relato corto y muy intenso lo que Calamar y yo hablábamos anoche.

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¿Qué opinión os merece a vosotros?