disfrutar

Respira.

Menudo ajetreo de vida llevamos. Vemos tantas personas al día, recibimos tantos estímulos audio visuales y vamos tan rápido de un sitio para otro que, al final, acaba el día, y no te acuerdas de la mitad de cosas que has hecho, visto, sentido, vivido, … Y, así, un día tras otro. Se te va la vida. Lo notas, lo sabes, pero es posible que no te hayas parado a pensar como evitarlo. Por lo que sea. Pero no has parado tu vida 10 minutos para evitar que se te vaya sin darte cuenta. No sé porqué pienso esto hoy, así, tan repentinamente. Será que hay días que me doy cuenta que estoy más cerca de los 30 de lo que me gustaría y mira chica, me da por ahí. Pero, afortunadamente, me paré hace un par de días a pensar cómo vivir más intensamente incluso las rutinas.

Menudo ajetreo de vida llevamos.

Este domingo me enseñaron a respirar. A pararme, al menos 5 veces al día, como las comidas, y respirar. Respirar te ayuda a ser consciente de lo que te rodea, de lo que tienes que hacer, pensar, te ayuda a concentrarte, a sentir más y mejor y, lo más importante, te relaja y te sitúa sobre ti misma para que no te bloquees. Eso que a muchos nos pasa pero que no sabemos identificar. El bloqueo. Ya lo comentaremos otro día.

Es curioso como respirar es lo primero que, supuestamente, aprendes al llegar a la vida. Palmadita en el culete, un buen grito y, ale, dale al H2O nena.

Es más curioso todavía, como siendo lo primero que aprendemos, miles de artistas hacen referencia alguna vez en alguna obra a la necesidad de respirar. Será porque, como dicen los yoguis, lo hacemos fatal. En realidad es como si supiéramos lo mal que lo hacemos y la necesidad que tenemos de hacerlo bien. De, cuando respiramos, sentir de verdad que lo estamos haciendo. No sé si acabo de explicarme.

Palmadita en el culete, un buen grito y, ale, dale al H2O nena. 

Hay miles de tipos de respiraciones, según la necesidad que tengas. No sabría decir cuáles son, vete a una clase de Pranayama o yoga para aprender a respirar y te las cuentan mejor que yo seguro. Solo quería transmitir hoy lo que el domingo me transmitieron a mí en 5 minutos. A mí y a unos cuantos más ojo.

Te sientas, recto, en un sitio tranquilo, cierras los ojos y la boca, dejas las manos sobre tu regazo, relajadas. Siéntate recto pero con los hombros relajados. Esto es muy importante. El mentón un poquito hacia el pecho. Ahora vamos a respirar: inspiras aire por la nariz, llenas primero el abdomen, luego las costillas y por último el pecho, de manera que los hombros se levantan un poquito; retienes un segundo o dos, y empieza la espiración (que no la expiración eh!) en el orden inverso, es decir, pecho, costillas y abdomen, donde meteremos la barriga hacia dentro para sacar el aire residual.  Yo cuento hasta 4 por cada uno, por ahora. Supongo que más adelante serán unos 8 segundos por respiración completa. Lo importante es que hagas, no sé, me lo invento porque me funciona, unas 5 – 10 respiraciones cada vez. ¿Qué te va a quitar? ¿5 minutos de tu día? Bueno, es para mejorar las otras 23:55 horas. Vale la pena, hazme caso. De los 5 procesos de respiración que te aconsejo que hagas al día, guarda uno para cuando te levantas y otro cuando te acuestas. ¡Pero no te duermas antes de acabar el proceso que nos conocemos! Y, lo más importante, olvida todo lo que te rodea y céntrate solamente en ti y en tu respiración.

El resultado es maravilloso, intenso, inspirador, relajante y excitante.

¡Y solo llevo 3 días haciéndolo!

respirar

Aquí os dejo mi última ilustración. Espero que os guste 🙂

Poder

Menuda palabra ¿eh? 

P O D E R 

Tenemos en nuestra cabeza, impregnada de imágenes y de historias, nuestras y ajenas, una cantidad ingente de concepciones sobre el poder.

Político, jurídico, legislativo, el cuarto, el quinto, el sexto poder, el poder de la mirada de tu padre cuando la estás liando en la mesa, los superpoderes de los superhéroes, el poder del rico, Powder (el tío de la película esta rara), el poder del hombre, el de la mujer, el del niño que berrea para conseguir lo que quiere, el de la enredadera cuando crece por la pared, el del león y su magnífico rugido, el del tsunami que llevo J.A. Bayona a la gran pantalla con “Lo Imposible”, el del gol que marca Iniesta, el de los Rangers, el del Point (de PowerPoint…esta ha sido buena eh), el del “hola” de esa persona, el del fuego que decide dejarnos sin bosques, el del viento que trae el polen (sí, estoy alérgica perdida en estas tierras helvéticas verdes como el trigo verde) y nos amarga el día, el poder de una sonrisa, el de la música que nos eriza el vello.

La verdad es que son más ocasiones en las que la palabra poder nos evoca cosas que hacen más mal que bien, o que nos producen una sensación interna más del tipo desazón que del tipo “alegría de la huerta”. 

poder1

Sin embargo, hay un poder que está más que presente en nuestro día a día y que nos cuesta barbaridades darnos cuenta de lo importante que es para cada individuo. Es mucho más fuerte y significativo que cualquiera otro de los significados de poder que nos vienen a la cabeza ante tan grandilocuente palabra (ñas! Ahí lo he metido). Bueno, igual no es tan tan tan fuertote como el poder de la Naturaleza y del Universo, pero al formar parte de ello, coge esa fuerza también. Está al mismo nivel, vamos a decir, así como al ras.

¡Al grano! 

Estoy hablando del poder de la gente. Hemos podido comprobar, en las últimas semanas, lo que el poder de la gente ha significado para ciudades, comunidades y un país entero. Pero yo no tengo muchas ganas de hablar de ello, ya hay bastantes referencias por la red, medios, buzones, y vida social en general.

Yo quiero hablar del poder que las personas movemos entre nosotros. Lo que una persona puede transmitirle a otra. El poder que tenemos unos de hacer felices, tristes, desgraciados y afortunados, a los otros. El poder de mover las energías positivas y negativas entre las personas que nos rodean.

Hablamos mucho de lo importante que estar bien con uno mismo, quererse, levantarse la autoestima desde dentro y vivir sin depender absolutamente de nadie. Pero, ojo, creo yo que no me equivoco al decir que el ser humano es un animal(*) social. Necesitamos vivir en sociedad, no somos los únicos seres que lo necesitan, y necesitamos que la sociedad no nos haga sentirnos solos. Por mucho que uno se quiera a uno mismo, a no ser que estemos hablando de Narciso, necesita que alguien, aunque solo sea una persona, lo quiera también. Necesita algún tipo de aprobación.

poder

Ahora mi historia

En enero de este año me vine, como alguno que lee este blog habitualmente ya sabe, a Francia, en frontera con Suiza, a vivir con mi pareja y a construir una vida aquí, ya que en España está la cosa tan complicada. Bueno, yo soy de las que piensan que quien busca, encuentra. Pero sí que es cierto que no encuentra las condiciones que ofrecen en Suiza.

La cuestión es que, entre el back-up con el me vine (esto de back-up queda tan cool), la barrera del idioma (sí, señores y señoras, el francés no es moco de pavo) y que encontrar trabajo con todo lo que está pasando en Suiza es harto complicado, me dió un bajón de tres pares de narices. Como se dice en España.

Con tal bajón, no sólo me estropeé físicamente, sino que dentro, yo sola, sin la ayuda de nadie, construí un boquete negro en plan supernova que no me dejaba ni respirar. No creía que nada fuera a salir bien, no quería conocer gente y la poca que conocía por mi cuenta no era muy buena que digamos, no hacía migas con los compañeros de las clases de idiomas, estaba totalmente bloqueada en cuanto a creatividad, inspiración, y demás, no daba oportunidades a nadie, todos me parecían malos, y no he parado de bajar a España siempre que he podido, con cualquier excusa, para alejarme de aquí. Engordé como 5kg en mes y medio na más que de la retención de líquidos y los nervios (parece que con los nervios se libera cortisol y es una p******), cosa que nunca me había pasado.

Pero un buen día, después de 2 meses con un dolor en la espalda de la leche, llamé a una chica de “Españoles por Ginebra” (típico grupo de Facebook en el … bueno no voy a criticar que estoy en proceso de cambio) que ya sabía yo que hacía masajes, pero eso que, mira chica, no me había dado por acudir a ella. Bien, la llamé, me dio cita, fui, le expliqué mi caso, y me hizo un masaje… O H M Y G O D!!! ¡¡¡Magnífico!!! ¡¡¡GRANDIOSO!!! FUCKING AMAZING!!!! Con decirte que entré con papada a la cabina y salí hecha una sílfide, te lo digo todo y no te digo nada. Es una persona increíble y una profesional como la copa de un pino (esta expresión nunca la he entendido, pero da la impresión de ser muy profesional ¿verdad?). Me ha estado tratando, con terapias naturales personalizadas, a base de reflexología podal, Reiki, masaje craneo-sacral, masaje thailandés, quiromasaje… en fin, varios tipos de masajes y muchas conversaciones y consejos más que producentes (lo de la cucharadita de vinagre nada más levantarse es más que milagroso). Me pasa como con Irene, que yo a Noemí la veo y digo “con lo chiquitita que es no podrá conmigo”… ¡Ay que no! Es otra “persona perfume”, es enorme pero se presenta en frasco pequeño.  Noemí tiene un poder tan fuerte como el del Universo.

IMG_20150514_140658_7

Lo bueno que ha hecho Noemí en mí es ayudarme a armonizar mi cuerpo y mi mente, que tantos cambios habían desestructurado esta unión tan importante (Mens sana in corpore sano  y esas cosas). Su ayuda, junto a varias decisiones tomadas con menos esfuerzo del que creía que me haría falta, me está salvando la vida aquí (me está salvando de mí misma aquí, más bien) y enseñándome a disfrutar de todo lo que me dan estas tierras y del presente. Decisiones como darme otra oportunidad con las personas que se habían cruzado por mi camino pero se me habían metido entre ceja y ceja sin motivo, al idioma, a mis compañeros de clase, a decir no, bueno, a decir NO, a evitar el snobismo que caracteriza a la mayoría de habitantes de este país, a hacer dieta, cuidarme, quererme a mí, y querer más a Miguel, agradecer todo lo que tengo y ser realista en cuanto a lo que puedo conseguir, ponerme ciertas metas, motivarme…

Gracias a personas como Noemí, he vuelto a creer en el poder de la gente, en el poder de uno mismo y en el poder de las decisiones que tomamos, como su fuerza hace que todo el Universo se ponga a nuestro favor (“El Alquimista” ha hecho mella en mí, ¿no se nota no?) y nos ayude a conseguir lo que nos proponemos. Por esto decía que formamos parte de la Naturaleza y del Universo no sólo físicamente, sino a nivel espiritual. Pero esto os lo cuenta mejor LeanSelf.

(*) Sí, somos animales, racionales o no tan racionales, pero animales mamíferos, evolucionados teóricamente del mono, pero animales mamíferos omnívoros al fin y al cabo.

Me inspiras

No es la primera vez que leo El Alquimista de Coelho. No es la primera vez que algunas de sus citas me llegan bien hondo. Sin embargo, sí que es la primera vez que estoy leyendo este cuento y de verdad lo entiendo. De verdad estoy captando la esencia de lo que quiere decir el escritor brasileño. Muchas cosas de las que leo pienso “venga ya, demasiada fe tiene este hombre”, pero luego pienso un poco, intento buscar historias, mías o ajenas, en las que pueda ver ejemplos de todas las enseñanzas positivas que tiene este libro.
Tu historia Personal

Es curioso que durante toda nuestra vida conocemos a centenares de personas. Algunas se quedan y te acompañan siempre, otras están de paso, muchas las guardamos en nuestros corazones, estén o no, algunas intentan quedarse a las malas y acabas echándolas y otras tantas, simplemente, desaparecen por donde han venido. Todas las personas que forman parte de nuestra vida o de un momento de ella, todas, nos enseñan tantas cosas que no podemos abarcarlas todas. Es por esto que a veces tropezamos con la misma piedra y cometemos muchos errores que habíamos cometido en el pasado. Es, también, por esto, que cada vez las personas que forman parte de nuestra vida tienen más calidad, nos aportan mucho más de lo que necesitamos y nos ayudan a evitar aquello que nos hace daño. Es curioso, por otra parte, como llega un momento de nuestra vida en el que decidimos de quién queremos aprender cosas. No vamos al libre albedrío intentando captar enseñanzas de cualquiera que pase, sino que seleccionamos a aquellos de quién queremos aprender, ya sea que estén de paso o que vayan en nuestro barco, para no cometer más errores de los necesarios.

La verdad es que no sé si voy rápido en esto de seleccionar a aquellas personas de quién quiero seguir aprendiendo, o voy lenta, o aún no tengo esa capacidad. Sí que sé que soy muy sensible a la esencia de las personas, y por ahora voy sintiendo quien tiene una esencia agradable a mis sentidos y quien desprende algo más parecido a “El perfume”, que me intoxica, me obsesiona y absorbe mi energía y mi razón. No estoy segura de estar aprendiendo tanto de lo bueno como de lo malo de las personas que pasan por mi vida, pero sí que estoy muy segura de que hay unas cuantas, no muchas, que me inspiran a seguir creyendo en el poder de la gente, en la imposición del bien contra el mal y en el poder del Universo y del Karma cuando se ponen de tu lado porque lo que quieres conseguir lo quieres desde el corazón y con las mejores intenciones.

Hay una persona, dentro de este grupo de gente, que me inspira y me hace querer ser mejor persona, que destaca un poquito más. Despierta en mí gran admiración, le deseo todo lo mejor y es la que me ayuda, sin saberlo, a entender el mensaje de Coelho en “El Alquimista”. Sabiendo esto, tu ves a esta personita por la calle, y no dirías que tiene esa fuerza, no te creerías la capacidad de devolverte las ganas de luchar y de vivir que tiene. Es menudita, muy sonriente y nerviosa a la hora de hablar. Inteligente como ella sola y amable, humilde, positiva y fuerte. Este último año, he tenido la oportunidad de ver cómo ha superado, con creces, retos físicos que ni ella misma se creía que podría llegar a conseguir, pero gracias a los cuales ha reforzado su éxito de manera que se propone nuevos retos que, oye, ¡parecen pan comido! He visto cómo ha ido descubriendo nuevos mundos en los que se ha podido amoldar desde el primer día a la perfección.

¿Cómo lo hace? Me pregunto yo a cada cosa nueva que me cuenta. ¿Cómo tiene esa capacidad de conocer gente, hacer amigos y disfrutar tanto? Muchas veces, mi trabajo personal consiste en ser un poquito más como ella y olvidarme de esa parte de mí, que está escondida pero su presencia es ineludible, que me hace ser algo que no quiero ser.

No todo va a ser filosofear... Algunas de mis  mejores sonrisas, son todas tuyas!!!

No todo va a ser filosofear… Algunas de mis mejores sonrisas, son todas tuyas!!!

Tuvo un momento de indecisión, de no saber qué hacer, y cómo lo solucionó es algo que, a día de hoy y considerándome parte de esa solución, no puedo creerme, pero que lo aplaudo de pie y bailando. Su solución no fue una, sino dos, que además están relacionadas de manera que una va a aportarle mucho a la otra. Por una parte, ha emprendido una empresa cuyo mensaje posiblemente llegue a todo el que la descubra. Ha creado ella solita LeanSelf Coaching, que más que decir sobre la empresa, prefiero que el lector la conozca. Por otra parte, se va. Se pira. Pilla su mochila y el día 1 de Junio se va a Asia. A aprender, a conocer, a soñar, a reflexionar, meditar, en fin, a vivir su Historia Personal.

Con todo lo chiquitita que pareces, eres muy, demasiado, grande.

Irene, así se llama la persona en la que veo reflejada cada palabra de “El Alquimista” y a la que le deseo toda la suerte del mundo. Aunque, como he citado al principio, cuando deseas algo como lo desea Irene y cuando persigues tu Historia Personal como la persigue Irene, la suerte, el universo, la tierra y el Alma del Mundo se ponen totalmente de tu lado. Y, desde aquí, quiero mandarle un mensaje a mi amiga: las fuerzas misteriosas que te tienen que aparecer en tu camino, no lo van a hacer cuando estés en Asia como ya has podido comprobar, pero ya sabes que, aunque parecen malas, solo están poniendo a prueba tu fuerza y tu voluntad, no te pongas nerviosa, no tengas miedo del malo, no te preocupes porque sólo es un entrenamiento para tu gran viaje, porque con todo lo chiquitita que pareces, eres muy, demasiado, grande.

Para acabar, dejo esta cita tanto para mi amiga, que la veo totalmente reflejada y descrita en ella, como para todo el que esté un poco perdido en otro momento que no sea éste.

la vida es una fiesta

 

Seré breve.

Imagina un barco. Un barco que espera zarpar desde que tienes uso de razón, desde que empiezas a tejer un gran telaraña llena de sueños, de esperanzas, de ilusiones. Un barco que vas construyendo poco a poco a lo largo de tu adolescencia y en los inicios de tu madurez, preparándolo para que te lleve a tu futuro. Un barco que tiene que levar anclas en algún momento.

Sabes que zarparás en ese barco. Sola o acompañada. Es algo inminente. Puedes imaginar más o menos cuándo y puedes prever más o menos dónde, más lejos o más cerca. Pero es todo una incertidumbre de la que no sabes nada hasta que no llegue el momento. Sigues cargando el barco cada vez de más experiencias de vida, de más golpes, de más buenos y malos momentos, de más recuerdos, de más de todo. Eso sí, te vas a dando cuenta de que cuanto más tiempo aplaces la salida en tu barco, más enraizadas en el fondo del mar estarán las anclas. 

Este barco está repleto de tus cosas. De esas cosas que siempre has pensado que son tan necesarias. Cosas que, por cultura, por educación, por tradición, quien sabe, han encontrado un hueco en ese sentido de la necesidad material que todo humano tiene. Muchas cosas te harán falta en tu viaje, pero no sabes que son precisamente las inmateriales las que mejor compañía te harán, por eso sigues cargando el barco de todo lo material pensando que así estarás preparada para todo lo que tenga que venir, para cualquier contratiempo futuro.

BARCO

Y llega el día.

Llega el día en el que tienes que levar anclas. Posiblemente nunca sea el día idóneo, ni el momento adecuado y no tengas tu barco preparado. Posiblemente hayas esperado tanto tiempo para zarpar que tus anclas estén demasiado profundas para levarlas y tengas que zarpar arrastrándolas, cosa que no te habías ni imaginado. Es posible que tu cargamento inmaterial esté incompleto y te hayas olvidado de lo esencial al hacer inventario. Cuando llegas a puerto y te dispones a zarpar, te das cuenta de que cosas como el amor incondicional de tus padres y hermanos, las amistades fuertemente forjadas a lo largo de los años y el entorno que tanto te ha costado conocer, no se van contigo, eso no lo puedes meter en el barco.

Ahora hay que empezar de nuevo, hay que volver a trabajar por todo lo que te hacía sentirte bien, hay que conseguir atracar de nuevo el barco en un puerto y hay que construir. No vas a estar acompañada y protegida durante un tiempo. Va a ser duro. Va a ser difícil. Vas a llorar mucho y vas a aprender más todavía. No te creas a quien te dice que es fácil levar anclas, para esa persona seguro que tampoco lo ha sido. Puede que vaya alguien a tu lado en este viaje, pero vas a tener que esforzarte para que no se vaya, nunca sin perder tu rumbo. Pero te diré una cosa, una sola cosa:

NADA ES IMPOSIBLE.

Pues eso

Lo típico que subes a una atracción tipo “Montaña rusa” y lo primero que hace el tren donde vas sentada es empezar a subir una estructura eterna. Sube, sube, sube, sube,… no acaba…sube, sube, sube,.. Ay! ¡Que todo lo que sube tiene que bajar!… sube, sube, sube… Y esos 3 segundos. Esos 3 segundos en los que has llegado arriba y reducen la velocidad de la atracción para que puedas ver la espectacular e inclinadísima bajada que te espera. Esos 3 segundos. 

Si subes en el “Ave Fénix” de Terra Mítica, encima cuentas esos 3 segundos porque te han dicho en la cola que son después del clic. 1…, 2…, 3… Caída al vacío. Ese clic.

Llegas a casa. La puerta tiene dos vueltas dadas. No hay nadie. Es de noche. Está oscuro. Vas pensando en tus cosas. Y cierras la puerta a tu espalda una vez entras en casa. ¡La leche! ¡Qué oscuro está todo! Buscas el interruptor pero entre las llaves, el bolso, la chaqueta y la botella de agua no te quedan manos. Buscas. Está oscuro. Te entra algo en el estómago. No me digas que no. Ese es el momento.

Ese momento de la película. Con la música de fondo. Una melodía que te empieza a subir por la espina dorsal y te va poniendo poco a poco todos los pelitos de punta. Sabes que el final de la música va a ser un susto. Lo tienes clarísimo. Y si está uno de los protagonistas por medio de la escena, la que te meterías por medio serías tu a darle una colleja para que encendiera la luz o no abriera la puerta. Esa escena, con esa melodía, las rodillas poco a poco subiendo a tu pecho, no sabes por donde viene el susto ni cuando. Pero lo hay, lo tienes más que claro.  Pues esa música. 

Se han empeñado. Tienes 3-4 años y tus padres se han empeñado en que aprendas a nadar y te tires de cabeza. Así, sin más. Sin pensar en que para ti, que eres muy pequeña, mirar a la piscina con tus brazos estirados y ver los dedos de la mano desenfocados y el fondo demasiado poco profundo, es algo duro. Y ahí está tu padre. Venga Isa, que yo con tu edad ya me tiraba del trampolín. Con 4 años Papá. Sí. Pero vale. Venga. Vamos. Y sientes su mano en tu barriguita y en tus piernas. Eh, ¿qué pasa? Nadie me ha explicado como funciona esto. Y tu padre. 1…2… y piernas arriba! Ese momento en el que no sabes que pasa pero algo te dice que va a doler.  

Yo soy la del medio. Mi padre ya me había tirado al agua sin manguitos ni nada. Creo que tengo 2 años.

Yo soy la del medio. Mi padre ya me había tirado al agua sin manguitos ni nada. Creo que tengo 2 años.

Cuando conduces por caminos entre campos. Caminos que a cada lado tienen una acequia. Con su correspondiente terreno de cebollas, acelgas, lechugas, berenjenas, tomates, arroz (este con mucha agua en época de bonanza). La típica huerta valenciana. Y el camino tiene el ancho justo para que quepan con un poco de holgura dos coches o un tractor y un coche o un camión (no muy grande) y un coche. Bien, pues ese momento en que ves que el coche con el que te vas a cruzar va en modo Fórmula 1. ¡En modo Fórmula 1 por los caminares!  (Las eras, en castellano no xurro). Ese momento en el que ves tu retrovisor a dos dedos del propio del otro coche. Y eres muy consciente de dos cosas: el otro coche está ocupando parte de tu espacio y no se ha dado cuenta por la velocidad lleva y tu rueda esta rozando el mínimo bordillo (en caso de que lo haya, que no lo hay en todos) que separa la acequia del asfalto. Ese cruce de coches en el que tú vas conduciendo uno de ellos. 

Al final de la escalera. El momento en el que baja la pelota. Toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc… Pelota abajo. Mirada a la oscuridad. Tiro la pelota al río que me tiene hasta lo que no suena. Vuelvo a casa orgulloso de mi hazaña. La pelota de nuevo. Toma morena! Ese momento en que la pelota vuelve a bajar precedida por un sonido irreconocible. 

Oh! Llevas buscando algo que quieres mucho y das por perdido un año. Pero sabes que de tu casa no ha salido. Un año echando de menos algo que sabes que no ha salido de tu casa es desesperante. Porque, y aquí viene mi materialista interna, ¡no puedes vivir sin eso! La cuestión es que llega un día, una luz, te ilumina, y te acuerdas de dónde puede estar eso que has buscado con tanto ahínco. Vas al lugar donde la luz te ha recordado que dejaste tu preciado bien. ¡Ahí está! Después de un año. Pues ese momento en el que te ilumina la luz.

Esto que tú y tu maravillosa anatomía decidís que no hace falta hacer tanto deporte, que estáis fenomenal. Y de repente un planazo de pasar el día en la montaña. “Es un camino fácil, no te preocupes”. Llegar a la falda de la montaña. Ver que toda la gente con la que has quedado va preparada para un trekking claro. Trekking. Palabra que acabas de conocer. La pronunciación es graciosa pero tiene lo que tienen algunas mojigatas, que no es lo que parece. Al parecer va unida a “aventura”. Y miras hacia arriba. “¡Vamos a esa cruz de allí!” ¿QUÉ? Ese momento en el que sabes que te va a salir el hígado por la boca en cuestión de una hora. 


La Murta, Alzira

Os sitúo en este momento. Discoteca. Has bebido un poquito porque no vas a coger el coche. Sois 4 para el taxi. Y estás la mar de feliz, en esa nube de evasión que te dan unas copas bien tomadas. Ojociudao, nada de pasarse. Y estas en medio de la pista. Rodeada de gente. La música sonando. Musicote diría yo. Saltas, te ríes, bailas, abrazas, haces alguna tontería, sí, miras al negro de turno que baila de la leche, es inevitable mirarlo, sigues sonriendo, saltando y bailando, las luces parpadean, azul, rosa, verde, pierdes la noción de los colores porque la música te llega tan adentro que cierras los ojos y la sientes. Y llega el momento en el que el DJ para la música. Ese momento. Sabes que va a haber un subidón en breve. Pero el DJ te hace sufrir un poco. ¿Cuál vendrá ahora? ¿La conoceré? No hace falta, quiero ese subidón. Y empieza. Ese momento en el que empieza el subión y tooooma! 

https://vine.co/v/OMBVt00MuIm/embed/simple

Te levantas de la cama. Es un día que no tienes nada planificado. Sabes que vas a trabajar y ya está. No tienes nada más planificado. Te vistes, desayunas, miras el correo, zapatos, bolso, llaves, lo llevo todo. Pero cierras la puerta y lo presientes. Presientes que va a ser un gran día. Pues ese instante en el que tienes un presentimiento positivo. 

Ya está la fecha. El día, la hora y el lugar. Vas a tener tu primera cita con esa persona que acabas de conocer y que puede que te devuelva las ganas de enamorarte. Le pones todas las ganas que le has puesto al resto de citas. Pero esta vez va a ser diferente, lo sé, esta es la buena. Te pones tus mejores vaqueros, te calzas los zapatos que te hacen sentir más cómoda, maquillaje, crema, colonia y depilada. A la calle. A tu cita. Hablas por los codos de normal, pero vas nerviosa, y llevas una pequeña lista de temas para no quedarte sin conversación. Brillo en los labios. Estás llegando. Y ves a esa persona. Esperándote. El momento previo y ese. Esos dos momentos. 

No sueles pedir regalos. No es tu estilo. Eres más de hacerlos, de tener en cuenta los gustos de otras personas, de observarlos, de controlar cada detalle. Y pides algo. Por una vez pides algo. Pero no sabes si se habrán enterado, si se acuerdan… Y ahí estáis. Tu y quien te regala. Ves el envoltorio. La caja. Y sí. Se ha acordado. Se ha fijado en que lo señalaste una vez dando un paseo y que lo mirabas cada dos por tres en el ordenador a ver si bajaba de precio. Ese momento en el que reconoces el envoltorio. 

Envoltorio

Todos estos momentos producen sensaciones muy parecidas. En las que se mezclan el nerviosismo, miedos, agobios, inseguridades, conformismo, con alegría, valor, felicidad. Son esos momentos los que le dan chispa a nuestra vida. Son esos momentos lo que, una vez han pasado y los has superado o vivido, te regalan un momento todavía mejor. Un momento en el que puedes tocar la felicidad con tus manos, puedes acariciarla, verla, olerla. Todos tus sentidos se activan. Son esos momentos previos al clímax anímico los que forman parte de nuestro día a día. Algunos son más intensos y otros menos, pero todos los tenemos.

Ahora estoy en un pedazo de momento de esos. Ya tengo mi billete. Me voy a Suiza. Voy a empezar una aventura. Tengo ese sentimiento que he intentado trasmitir. ¿Me entendéis no? Nervios a flor de piel, miedos varios, inseguridades, y ese sentimiento de que todo va a salir bien siempre presente. 

¿Qué momento despierta en ti algo similar?

Gracias por leer ❤

Imposible

Hace poco me hicieron una pregunta muy interesante: ¿Por qué hay gente que se conforma con la “vida que le ha tocado”? ¿Son felices esas personas que no avanzan y se estancan en “estudiar, carrera, trabajo, familia, casa y coche”? No voy a entrar en rollos sociológicos, geográficos, económicos y demás porque no es mi especialidad, pero sí que me gustaría dar mi opinión al respecto.

La verdad es que es algo que no me había planteado seriamente con anterioridad, pero al hacerme esa pregunta se me ocurrió una idea. La gente que se estanca en los 5 ítems impuestos por el estilo de vida que se supone que debemos llevar no son felices. Quiero decir, no pueden ser felices. Never ever. Lo que a mi se me ocurre para argumentar esta afirmación rotunda es que estancarse no forma parte de la esencia misma del ser humano.

Me voy a explicar así muy rápido. Los seres humanos procedemos de una evolución milenaria que no ha frenado en ningún momento. ¿Quién no ha escuchado que las muelas del juicio desaparecen por evolución porque no nos hacen falta? ¿O el dedo meñique del pie? ¿O quién no se ha dado cuenta que las nuevas generaciones son más altas y fuertes? Seguimos en evolución física señores, esto no es ninguna novedad. Pero, ¿no os habéis parado a pensar que si estamos en continúa evolución y desarrollo físico generación a generación no lo estaremos también en el sentido psíquico? 

cita

¿Veis lo que quiero decir? Seguro que sí. Vosotrxs sois muy listxs.

El ser humano no puede estancarse y si lo hace, no es feliz, no sigue su esencia, no evoluciona, no crece, el desarrollo no es total, no puedes ser feliz si todas y cada una de las células y neuronas de tu cuerpo no lo son. Eso es así.

Y aquí viene donde la peinan* (o pintan). Resulta que esas personas que se estancan y conforman con el tipo de vida supuestamente bien visto por la sociedad que les rodea y les hace infelices y amargados, tienen que buscar salidas. Salidas del tipo que no cumplen con el Mandamiento básico de tito Xuso “Amaos los unos a los otros”. Amén**. La gente que se queda atrapada en esta infelicidad se dedica a intentar vivir de la vida de otros, a criticar, juzgar, engañar, copiar, hablar, de cosas que ni siquiera conoce porque no salen del cuadrado de vida en el que están metidos.

Esta gente tiene miedo. Les aterroriza la libertad, les aterroriza abrir su mente, darse cuenta de que todo lo que les rodea no es más que un 0,00000000001% de todo lo que puede dar de sí su vida, de que sus cimientos se destruyan y no encuentren la forma de construir otros porque no conocen más material que el adobe, el hormigón, material que no da lugar a flexibilidad de miras, a abrir ventanas a cada paso que se da, a cada persona nueva que se conoce o a cada difícil decisión que se toma. Son personas que no conciben lo esporádico de vivir y lo intenso de las relaciones humanas cuando la mente se abre.

dejad-de-seguirme

Es imposible estancarse en una vida impuesta. IMPOSIBLE. Siempre se va a buscar una salida. El ser humano busca la felicidad, y una de las formas de alcanzarla es hacerle caso a la propia esencia evolutiva y crecer por dentro y por fuera.

 

 

 

Dédié à mon amie J. S.
*Son estas frases hechas que se inventa mi madre que no sé de dónde vienen y a dónde van, pero quedan bien.
** Ojocuidao! Atea a tope, pero este mensaje me gusta.