evolucion

Asumir es bien

Y por fin ha llegado este esperado 31 de Diciembre de 2015. Ha sido un año lleno de disgustos… no problemas serios, pero sí muchos disgustos. Ha sido un año también de aprender, a base de palos en la mayoría de ocasiones la verdad. Un año de empezar nuevos proyectos que espero en 2016 brillen. Este año empezó con grandes esperanzas de que fuera mucho mejor que 2014, empezó con una fe totalmente infundada en que sería el mejor año de todos los tiempos. No me preguntes por qué, así funciona la mente cuando se autoinfunde cosas.

Este año acaba con las mismas ganas con las que empezó. Muchas. Estoy ahora, esperando mi desayuno, recién despierta, que no levantada, con Cleo a mi lado y pensando sobre el 2015 y lo que espero en el 2016. ¿Sabes qué? 2015 ha sido una porquería de año, no siempre vamos a tener años buenos, eso hay que asumirlo, y ha sido una porquería porque esperaba mucho de él y solo quiero que termine de la mejor forma posible; fue un año que empezó con una lista eterna de propósitos que han resultado incumplidos y de esperanzas perdidas…

salud

Por lo tanto, para el 2016 sólo pido una cosa: salud. El amor viene solo y el dinero se lucha. Así que solo pido salud. Las mejores sonrisas no vienen del dinero ni del amor, vienen de tener salud, de sentirse bien con una misma y con el contexto, de tener ganas de todo y no de nada, de no ir a médicos, hospitales, especialistas, que le ponen a una los pelos de punta, cuando hay salud, lo demás viene solo, porque hay fuerza, energía y creatividad para luchar y conseguir todo lo que una se proponga.

Salud. Eso es lo que necesitamos nosotros y nuestro contexto. Estar sanos tiene que ser un objetivo claro del 2016. El resto de propósitos y deseos… mejor dejarlos que surjan solos a lo largo del año.

Pido salud, mucha salud, y os deseo más salud.

Respira.

Menudo ajetreo de vida llevamos. Vemos tantas personas al día, recibimos tantos estímulos audio visuales y vamos tan rápido de un sitio para otro que, al final, acaba el día, y no te acuerdas de la mitad de cosas que has hecho, visto, sentido, vivido, … Y, así, un día tras otro. Se te va la vida. Lo notas, lo sabes, pero es posible que no te hayas parado a pensar como evitarlo. Por lo que sea. Pero no has parado tu vida 10 minutos para evitar que se te vaya sin darte cuenta. No sé porqué pienso esto hoy, así, tan repentinamente. Será que hay días que me doy cuenta que estoy más cerca de los 30 de lo que me gustaría y mira chica, me da por ahí. Pero, afortunadamente, me paré hace un par de días a pensar cómo vivir más intensamente incluso las rutinas.

Menudo ajetreo de vida llevamos.

Este domingo me enseñaron a respirar. A pararme, al menos 5 veces al día, como las comidas, y respirar. Respirar te ayuda a ser consciente de lo que te rodea, de lo que tienes que hacer, pensar, te ayuda a concentrarte, a sentir más y mejor y, lo más importante, te relaja y te sitúa sobre ti misma para que no te bloquees. Eso que a muchos nos pasa pero que no sabemos identificar. El bloqueo. Ya lo comentaremos otro día.

Es curioso como respirar es lo primero que, supuestamente, aprendes al llegar a la vida. Palmadita en el culete, un buen grito y, ale, dale al H2O nena.

Es más curioso todavía, como siendo lo primero que aprendemos, miles de artistas hacen referencia alguna vez en alguna obra a la necesidad de respirar. Será porque, como dicen los yoguis, lo hacemos fatal. En realidad es como si supiéramos lo mal que lo hacemos y la necesidad que tenemos de hacerlo bien. De, cuando respiramos, sentir de verdad que lo estamos haciendo. No sé si acabo de explicarme.

Palmadita en el culete, un buen grito y, ale, dale al H2O nena. 

Hay miles de tipos de respiraciones, según la necesidad que tengas. No sabría decir cuáles son, vete a una clase de Pranayama o yoga para aprender a respirar y te las cuentan mejor que yo seguro. Solo quería transmitir hoy lo que el domingo me transmitieron a mí en 5 minutos. A mí y a unos cuantos más ojo.

Te sientas, recto, en un sitio tranquilo, cierras los ojos y la boca, dejas las manos sobre tu regazo, relajadas. Siéntate recto pero con los hombros relajados. Esto es muy importante. El mentón un poquito hacia el pecho. Ahora vamos a respirar: inspiras aire por la nariz, llenas primero el abdomen, luego las costillas y por último el pecho, de manera que los hombros se levantan un poquito; retienes un segundo o dos, y empieza la espiración (que no la expiración eh!) en el orden inverso, es decir, pecho, costillas y abdomen, donde meteremos la barriga hacia dentro para sacar el aire residual.  Yo cuento hasta 4 por cada uno, por ahora. Supongo que más adelante serán unos 8 segundos por respiración completa. Lo importante es que hagas, no sé, me lo invento porque me funciona, unas 5 – 10 respiraciones cada vez. ¿Qué te va a quitar? ¿5 minutos de tu día? Bueno, es para mejorar las otras 23:55 horas. Vale la pena, hazme caso. De los 5 procesos de respiración que te aconsejo que hagas al día, guarda uno para cuando te levantas y otro cuando te acuestas. ¡Pero no te duermas antes de acabar el proceso que nos conocemos! Y, lo más importante, olvida todo lo que te rodea y céntrate solamente en ti y en tu respiración.

El resultado es maravilloso, intenso, inspirador, relajante y excitante.

¡Y solo llevo 3 días haciéndolo!

respirar

Aquí os dejo mi última ilustración. Espero que os guste 🙂

Gestos

Gestos. Palabra que no es ni bonita ni fea, que en el diccionario hace referencia a expresiones o muecas faciales, pero que, en el imaginario colectivo, entraña toda una gama de expresiones corporales que van desde lo más soez a lo más bello, pasando por faltas de respeto, muestras de amor, de simpatía, educación, honor, dolor, prepotencia, cariño, bondad, honradez, humildad, alegría, tristeza, enojo, cordialidad…

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Hablé una vez de las palabras y los riesgos que entrañaban dichas en momentos no apropiados, porque se quedan grabadas… ¿Pero y los gestos? Los gestos se quedan incrustados en nuestra retina y nos predisponen a una relación u otra con quien los hace. Las palabras se pueden cambiar, rectificar es de sabios.

Sin embargo, los gestos, tanto los buenos como los malos, son una primera impresión, un primer juicio, un miedo, una alegría, algo tan esporádico e instantáneo como el hecho en sí de hacerlo; como cuando te haces un corte cortando patatas y se queda la cicatriz, ahí, blanquita y pequeñita en la yema del dedo, pero está, y ya no se va a ir, se va a difuminar, pero no se va a ir. No vas a perder de vista una bonita sonrisa, no vas a poder evitar reírte con alguien que se ríe, vas a unirte a los que bailan, y vas a intentar hacerle entender al conductor del otro coche lo mal que lo ha hecho no poniendo el intermitente, también vamos a saber cuando te haces pis, cuando estas triste y caminando cabizbaja y cuando alguien ha conseguido enfadarte, va a ser indiscutible que tienes maneras, que eres muy femenina o un poco bruta, que te sientes bien contigo misma o que vienes de una discusión acalorada. Los ademanes que nos caracterizan no son invisibles a nuestro prójimo.

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Hay que tener mucho cuidado con los gestos, especialmente con los no tan buenos, bonitos y baratos. Los gestos que hacemos en momentos de tensión, en esos momentos en los que no podemos controlar nuestra verborrea mental, física y vocal, esos gestos no sólo se quedan retenidos en la memoria visual de nuestro interlocutor, sino que se nos graban a nosotros también. Tú no te ves en ese momento, es físicamente imposible, pero luego rememoras el momento en tu mente y, como un burdo espectador más, te ves. Te imaginas, te ilusionas, te desdibujas a tí misma, no es del todo real, pero te ves. Y sientes vergüenza. Una vergüenza inexplicable que va directa como una flecha a tu autoestima. Es el aleteo de una mariposa en Japón que provoca un tornado de emociones, negativas, en torno a esos aspavientos que has hechos en una performance nada estudiada pero que no puedes evitar repetir una y otra vez en tu cabeza, sin control. 4

Los gestos son emocionales, impulsivos, provocados por los sentimientos. Hoy me he parado a pensar en esos sentimientos que provocan de manera impetuosa gestos que me hacen actuar de una forma de la que no me siento nada orgullosa. Todos tenemos esa parte oscura que, de alguna manera, no mostramos a nadie, pero que siempre hay quien consigue que la muestres. A nadie le gusta su parte oscura, ni la parte oscura de otros. A mi parecer, los gestos que otros tengan contigo son mejores herramientas, incluso que las palabras, que como todo el mundo sabe, se las lleva el viento, para sacar de ti lo mejor o lo peor.

Sería muy interesante que reflexionásemos un poquito sobre los sentimientos que provocamos en los demás y en cómo reaccionan a ellos para con nosotros. Creo que entenderíamos más a nuestros amigos, a nuestros padres, hermanos, a nuestra pareja, incluso a los nuevos conocidos, a desconocidos y a toda esa gente que aun nos queda por conocer.

Y tú, ¿qué quieres conseguir que los demás te muestren? 

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Imágenes sacadas de la galería de UNSPLASH

Pues eso

Lo típico que subes a una atracción tipo “Montaña rusa” y lo primero que hace el tren donde vas sentada es empezar a subir una estructura eterna. Sube, sube, sube, sube,… no acaba…sube, sube, sube,.. Ay! ¡Que todo lo que sube tiene que bajar!… sube, sube, sube… Y esos 3 segundos. Esos 3 segundos en los que has llegado arriba y reducen la velocidad de la atracción para que puedas ver la espectacular e inclinadísima bajada que te espera. Esos 3 segundos. 

Si subes en el “Ave Fénix” de Terra Mítica, encima cuentas esos 3 segundos porque te han dicho en la cola que son después del clic. 1…, 2…, 3… Caída al vacío. Ese clic.

Llegas a casa. La puerta tiene dos vueltas dadas. No hay nadie. Es de noche. Está oscuro. Vas pensando en tus cosas. Y cierras la puerta a tu espalda una vez entras en casa. ¡La leche! ¡Qué oscuro está todo! Buscas el interruptor pero entre las llaves, el bolso, la chaqueta y la botella de agua no te quedan manos. Buscas. Está oscuro. Te entra algo en el estómago. No me digas que no. Ese es el momento.

Ese momento de la película. Con la música de fondo. Una melodía que te empieza a subir por la espina dorsal y te va poniendo poco a poco todos los pelitos de punta. Sabes que el final de la música va a ser un susto. Lo tienes clarísimo. Y si está uno de los protagonistas por medio de la escena, la que te meterías por medio serías tu a darle una colleja para que encendiera la luz o no abriera la puerta. Esa escena, con esa melodía, las rodillas poco a poco subiendo a tu pecho, no sabes por donde viene el susto ni cuando. Pero lo hay, lo tienes más que claro.  Pues esa música. 

Se han empeñado. Tienes 3-4 años y tus padres se han empeñado en que aprendas a nadar y te tires de cabeza. Así, sin más. Sin pensar en que para ti, que eres muy pequeña, mirar a la piscina con tus brazos estirados y ver los dedos de la mano desenfocados y el fondo demasiado poco profundo, es algo duro. Y ahí está tu padre. Venga Isa, que yo con tu edad ya me tiraba del trampolín. Con 4 años Papá. Sí. Pero vale. Venga. Vamos. Y sientes su mano en tu barriguita y en tus piernas. Eh, ¿qué pasa? Nadie me ha explicado como funciona esto. Y tu padre. 1…2… y piernas arriba! Ese momento en el que no sabes que pasa pero algo te dice que va a doler.  

Yo soy la del medio. Mi padre ya me había tirado al agua sin manguitos ni nada. Creo que tengo 2 años.

Yo soy la del medio. Mi padre ya me había tirado al agua sin manguitos ni nada. Creo que tengo 2 años.

Cuando conduces por caminos entre campos. Caminos que a cada lado tienen una acequia. Con su correspondiente terreno de cebollas, acelgas, lechugas, berenjenas, tomates, arroz (este con mucha agua en época de bonanza). La típica huerta valenciana. Y el camino tiene el ancho justo para que quepan con un poco de holgura dos coches o un tractor y un coche o un camión (no muy grande) y un coche. Bien, pues ese momento en que ves que el coche con el que te vas a cruzar va en modo Fórmula 1. ¡En modo Fórmula 1 por los caminares!  (Las eras, en castellano no xurro). Ese momento en el que ves tu retrovisor a dos dedos del propio del otro coche. Y eres muy consciente de dos cosas: el otro coche está ocupando parte de tu espacio y no se ha dado cuenta por la velocidad lleva y tu rueda esta rozando el mínimo bordillo (en caso de que lo haya, que no lo hay en todos) que separa la acequia del asfalto. Ese cruce de coches en el que tú vas conduciendo uno de ellos. 

Al final de la escalera. El momento en el que baja la pelota. Toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc… Pelota abajo. Mirada a la oscuridad. Tiro la pelota al río que me tiene hasta lo que no suena. Vuelvo a casa orgulloso de mi hazaña. La pelota de nuevo. Toma morena! Ese momento en que la pelota vuelve a bajar precedida por un sonido irreconocible. 

Oh! Llevas buscando algo que quieres mucho y das por perdido un año. Pero sabes que de tu casa no ha salido. Un año echando de menos algo que sabes que no ha salido de tu casa es desesperante. Porque, y aquí viene mi materialista interna, ¡no puedes vivir sin eso! La cuestión es que llega un día, una luz, te ilumina, y te acuerdas de dónde puede estar eso que has buscado con tanto ahínco. Vas al lugar donde la luz te ha recordado que dejaste tu preciado bien. ¡Ahí está! Después de un año. Pues ese momento en el que te ilumina la luz.

Esto que tú y tu maravillosa anatomía decidís que no hace falta hacer tanto deporte, que estáis fenomenal. Y de repente un planazo de pasar el día en la montaña. “Es un camino fácil, no te preocupes”. Llegar a la falda de la montaña. Ver que toda la gente con la que has quedado va preparada para un trekking claro. Trekking. Palabra que acabas de conocer. La pronunciación es graciosa pero tiene lo que tienen algunas mojigatas, que no es lo que parece. Al parecer va unida a “aventura”. Y miras hacia arriba. “¡Vamos a esa cruz de allí!” ¿QUÉ? Ese momento en el que sabes que te va a salir el hígado por la boca en cuestión de una hora. 


La Murta, Alzira

Os sitúo en este momento. Discoteca. Has bebido un poquito porque no vas a coger el coche. Sois 4 para el taxi. Y estás la mar de feliz, en esa nube de evasión que te dan unas copas bien tomadas. Ojociudao, nada de pasarse. Y estas en medio de la pista. Rodeada de gente. La música sonando. Musicote diría yo. Saltas, te ríes, bailas, abrazas, haces alguna tontería, sí, miras al negro de turno que baila de la leche, es inevitable mirarlo, sigues sonriendo, saltando y bailando, las luces parpadean, azul, rosa, verde, pierdes la noción de los colores porque la música te llega tan adentro que cierras los ojos y la sientes. Y llega el momento en el que el DJ para la música. Ese momento. Sabes que va a haber un subidón en breve. Pero el DJ te hace sufrir un poco. ¿Cuál vendrá ahora? ¿La conoceré? No hace falta, quiero ese subidón. Y empieza. Ese momento en el que empieza el subión y tooooma! 

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Te levantas de la cama. Es un día que no tienes nada planificado. Sabes que vas a trabajar y ya está. No tienes nada más planificado. Te vistes, desayunas, miras el correo, zapatos, bolso, llaves, lo llevo todo. Pero cierras la puerta y lo presientes. Presientes que va a ser un gran día. Pues ese instante en el que tienes un presentimiento positivo. 

Ya está la fecha. El día, la hora y el lugar. Vas a tener tu primera cita con esa persona que acabas de conocer y que puede que te devuelva las ganas de enamorarte. Le pones todas las ganas que le has puesto al resto de citas. Pero esta vez va a ser diferente, lo sé, esta es la buena. Te pones tus mejores vaqueros, te calzas los zapatos que te hacen sentir más cómoda, maquillaje, crema, colonia y depilada. A la calle. A tu cita. Hablas por los codos de normal, pero vas nerviosa, y llevas una pequeña lista de temas para no quedarte sin conversación. Brillo en los labios. Estás llegando. Y ves a esa persona. Esperándote. El momento previo y ese. Esos dos momentos. 

No sueles pedir regalos. No es tu estilo. Eres más de hacerlos, de tener en cuenta los gustos de otras personas, de observarlos, de controlar cada detalle. Y pides algo. Por una vez pides algo. Pero no sabes si se habrán enterado, si se acuerdan… Y ahí estáis. Tu y quien te regala. Ves el envoltorio. La caja. Y sí. Se ha acordado. Se ha fijado en que lo señalaste una vez dando un paseo y que lo mirabas cada dos por tres en el ordenador a ver si bajaba de precio. Ese momento en el que reconoces el envoltorio. 

Envoltorio

Todos estos momentos producen sensaciones muy parecidas. En las que se mezclan el nerviosismo, miedos, agobios, inseguridades, conformismo, con alegría, valor, felicidad. Son esos momentos los que le dan chispa a nuestra vida. Son esos momentos lo que, una vez han pasado y los has superado o vivido, te regalan un momento todavía mejor. Un momento en el que puedes tocar la felicidad con tus manos, puedes acariciarla, verla, olerla. Todos tus sentidos se activan. Son esos momentos previos al clímax anímico los que forman parte de nuestro día a día. Algunos son más intensos y otros menos, pero todos los tenemos.

Ahora estoy en un pedazo de momento de esos. Ya tengo mi billete. Me voy a Suiza. Voy a empezar una aventura. Tengo ese sentimiento que he intentado trasmitir. ¿Me entendéis no? Nervios a flor de piel, miedos varios, inseguridades, y ese sentimiento de que todo va a salir bien siempre presente. 

¿Qué momento despierta en ti algo similar?

Gracias por leer ❤

Imposible

Hace poco me hicieron una pregunta muy interesante: ¿Por qué hay gente que se conforma con la “vida que le ha tocado”? ¿Son felices esas personas que no avanzan y se estancan en “estudiar, carrera, trabajo, familia, casa y coche”? No voy a entrar en rollos sociológicos, geográficos, económicos y demás porque no es mi especialidad, pero sí que me gustaría dar mi opinión al respecto.

La verdad es que es algo que no me había planteado seriamente con anterioridad, pero al hacerme esa pregunta se me ocurrió una idea. La gente que se estanca en los 5 ítems impuestos por el estilo de vida que se supone que debemos llevar no son felices. Quiero decir, no pueden ser felices. Never ever. Lo que a mi se me ocurre para argumentar esta afirmación rotunda es que estancarse no forma parte de la esencia misma del ser humano.

Me voy a explicar así muy rápido. Los seres humanos procedemos de una evolución milenaria que no ha frenado en ningún momento. ¿Quién no ha escuchado que las muelas del juicio desaparecen por evolución porque no nos hacen falta? ¿O el dedo meñique del pie? ¿O quién no se ha dado cuenta que las nuevas generaciones son más altas y fuertes? Seguimos en evolución física señores, esto no es ninguna novedad. Pero, ¿no os habéis parado a pensar que si estamos en continúa evolución y desarrollo físico generación a generación no lo estaremos también en el sentido psíquico? 

cita

¿Veis lo que quiero decir? Seguro que sí. Vosotrxs sois muy listxs.

El ser humano no puede estancarse y si lo hace, no es feliz, no sigue su esencia, no evoluciona, no crece, el desarrollo no es total, no puedes ser feliz si todas y cada una de las células y neuronas de tu cuerpo no lo son. Eso es así.

Y aquí viene donde la peinan* (o pintan). Resulta que esas personas que se estancan y conforman con el tipo de vida supuestamente bien visto por la sociedad que les rodea y les hace infelices y amargados, tienen que buscar salidas. Salidas del tipo que no cumplen con el Mandamiento básico de tito Xuso “Amaos los unos a los otros”. Amén**. La gente que se queda atrapada en esta infelicidad se dedica a intentar vivir de la vida de otros, a criticar, juzgar, engañar, copiar, hablar, de cosas que ni siquiera conoce porque no salen del cuadrado de vida en el que están metidos.

Esta gente tiene miedo. Les aterroriza la libertad, les aterroriza abrir su mente, darse cuenta de que todo lo que les rodea no es más que un 0,00000000001% de todo lo que puede dar de sí su vida, de que sus cimientos se destruyan y no encuentren la forma de construir otros porque no conocen más material que el adobe, el hormigón, material que no da lugar a flexibilidad de miras, a abrir ventanas a cada paso que se da, a cada persona nueva que se conoce o a cada difícil decisión que se toma. Son personas que no conciben lo esporádico de vivir y lo intenso de las relaciones humanas cuando la mente se abre.

dejad-de-seguirme

Es imposible estancarse en una vida impuesta. IMPOSIBLE. Siempre se va a buscar una salida. El ser humano busca la felicidad, y una de las formas de alcanzarla es hacerle caso a la propia esencia evolutiva y crecer por dentro y por fuera.

 

 

 

Dédié à mon amie J. S.
*Son estas frases hechas que se inventa mi madre que no sé de dónde vienen y a dónde van, pero quedan bien.
** Ojocuidao! Atea a tope, pero este mensaje me gusta.

Mi gran amigo Ben

Somos seres racionales y, por tanto, pensamos ¿no? Pensamos cosas buenas, malas, eficaces, útiles, surrealistas, verdades, mentiras… Pero pensamos. Afortunadamente, muchas veces esos pensamientos los escribimos, hacemos listas, apuntamos y releemos cuando nos apetece o cuando necesitamos recordarnos que una vez tuvimos ideas, buenas o malas, pero que nos valieron para algo. Otras veces, simplemente se quedan en nuestro propio limbo y quedan en el olvido, o no tan en el olvido, pero sí que pasamos de ellos. En ocasiones, incluso, esos pensamientos los llevamos a cabo. Pero, ¿y cuándo esos pensamientos que tú has tenido los ves reflejados en algo totalmente ajeno a ti?

Esto es lo que me pasó cuando el miércoles pasado fui al cine con amigos a ver la película La vida Secreta de Walter MittyNo, no te creas que te la voy a contar que no soy Mrs. Spoiler ni cosas así. Lo que te puedo decir es que Ben Stiller, que dirige y protagoniza esta superproducción, se ha encumbrado. Si bien es cierto que no se lo ha sacado de la manga (Danny Kaye ya la protagonizó y James Thurber es su autor literario) la dirección de fotografía de esta película y la manera que han tenido de colorear la historia primera te deja sin palabras, te infunde ganas de vivir, de apasionarte, de no dejarte pisotear por nada ni nadie y, además, te transporta con una magia especial a esos sitios que sueñas ver cuando das geografía en el colegio y que te provocan al monstruo verde de la envidia cuando los encuentras por la red como destinos de bloggeros viajeros o en algún tablero molón de Pinterest (alguien habrá tenido que estar allí para hacer la foto ¿no?).

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La cuestión, es que en la película, Walter Mitty, un hombrecillo gris al que de vez en cuando se le va la olla, de repente tiene un objetivo. OBJETIVO. Este es el hilo argumental de todo lo que te estoy contando. La cuestión es que, por situaciones que no voy a dejar aquí escritas porque sino te cuento la película, Mitty se fija una meta, alentado por una responsabilidad y por su propia imaginación. Tiene un objetivo y vive la aventura de su vida. De repente todo tiene sentido y las cosas nimias del día a día dejan de ser obstáculos para dar paso a una historia apasionante, rodeada de luz, de color, de gente nueva, que le hace sentir y ser. SU VIDA.

Walter, haciéndose eco del lema de LIFE! y teniendo un objetivo, le echa la sal que le falta a la cotidianidad de sus días.

Lo que quiero decir es que hay veces que nos acojonamos ante situaciones de la vida por no saber a dónde nos llevan o qué tenemos que decidir o cómo hacerlo o dónde encaja lo que hacemos en nuestro camino. Son situaciones que no sabemos afrontar porque no vemos el horizonte en ellas, no las entendemos. En el fondo pensamos que nos pasan por algo, porque nos llevan a algún sitio, pero nos produce una gran desazón no saber dónde o para qué.

Walter_mitty

En estos casos, como Stiller nos transmite en el film, necesitamos una colleja, una señal, una responsabilidad, que nos haga abrir los ojos, coger al toro por los cuernos y analizar la situación que nos provoca el desasosiego. Una vez analizada, hay que marcarse el objetivo al que queremos llegar con ella. Es decir, si nos ha pasado o hemos empezado a estar en ella no es por nada, no es para que la primera decisión que tomemos sea “Paso, corto por lo sano y me lo quito de encima”. No. Es para que, aunque no divisemos tierra, nos la inventemos y fijemos un objetivo para cerrar el paréntesis de eso que se ha abierto y que, en principio, no sabemos manejar.

La clave es tener un objetivo para llegar al fondo de la cuestión.

Te marcas el objetivo y vas a por él. No importa el tiempo, no importa el cómo, ni importa el qué, la cuestión es que hay algo que alcanzar, algo por lo que luchar, por lo que ilusionarse, apasionarse y llegar a ser. Algo por lo que dejamos de ser nada o nadie, y empezamos a vivir un sueño, empezamos a andar un camino.

 

Walter Mitty

Te vas a esperanzar, te vas a venir abajo, vas a tener días buenos, días malos, días mejores y peores, te van a decir que no vale la pena un día y al siguiente que te admiran por ir a por ello. Nadie dice que vaya a ser un camino fácil, pero sí que puede provocar una felicidad inimaginable cuando llegas al final.

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Sé como Walter Mitty, márcate un objetivo si estás en ese punto caótico que no te deja dormir, ves a por él, empápate de las experiencias que vas a vivir en el camino, disfruta, sobretodo disfruta y, cuando lo alcances, absórbelo y llénate de él, es tuyo, será la recompensa de esa lucha que has librado para conseguirlo.