fotografía

QUE MONA ES NAOMI Y QUE ELEGANTE ROBIN

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Este tipo de películas son las que entran ganas de ver cuando te pasas la tarde del domingo viendo trailers y trailers en Youtube y pensando “Y los anuncios de estas películas para que yo me entere de que existen, ¿dónde están?”. Tengo muchas más para ver, pero hoy quiero hablar de lo que saco de “Adore” o “Dos madres perfectas”. 

Lo primero, y como siempre, la fotografía. Madre mía de mi vida de mi corazón, ¡qué fotografía tiene esta película! Sinestésico de la vida. Estas viendo la película y puedes hasta sentir la brisa de Australia, oler su mar, notar el calor del sol, imaginar el relax de subir en la base de madera después de nadar. Las casas y los espacios en los que los personajes se mueven son geniales, dignas de película, nunca mejor dicho.

No os voy a contar de qué va (viendo el trailer lo podéis imaginar), pero sí que os diré que me ha hecho pensar acerca de la pasión y la espontaneidad que le ponemos muchas veces a nuestras decisiones y actos, solo para sentir la adrenalina de lanzarse a la piscina. Bueno, con este film de Anne Fontaine te lanzabas directa al mar.  Como las protagonistas. Una es más pasional y la va liando poco a poco y hace que la otra, que es más racional, la lie también. Vamos, que ni comen ni dejan comer.

La cuestión es: si eres espontánea con tus decisiones, tienes luego que responsabilizarte de las consecuencias y sobrellevarlas, ya sean buenas porque te salga bien (que ojalá sea siempre así) o malas porque no pensaste ni en el primer paso que ibas a dar; y si eres racional y estudias lo que tienes que decidir y cómo, además de sus consecuencias y el plan B, todo en un marco flexible porque eres consciente de que nada va a salir rodado, puedes volverte loca loquísima. Igual que pasa en la peli.  La pasional esta todo el tiempo achacando las consecuencias de lo que hace, pero lo hace, y lo vuelve a hacer porque es lo que quiere. La racional, por pensar y echar el freno, se come los mocos. Ambas pierden y tienen que hacer como que les importa un comino.

Es entonces cuando quiero buscar el estado de equilibrio y no puedo. ¿Cómo se puede ser espontánea y racional al mismo tiempo? Si parece que haga lo que haga voy a perder. Vaya, seguro que muchos eruditos/as que leáis esto lo tenéis más que controlado. Pero hoy he visto el clip 3 de Magical Girl (click para trailer), de Carlos Vermut, una de las películas más galardonadas del Festival de San Sebastian con un par de Conchas de las buenas: la de Oro a mejor película y la de Plata a mejor Director. Lo que dice sobre que los españoles no sabemos si somos racionales o emocionales  y estamos en continua lucha por esto, me viene al pelo. Me hace pensar que, como española (no es esto una referencia al 12 de Octubre), no estoy sola en esto de la búsqueda de un equilibrio.

Si en tu casa la vida se mueve por emociones y en la calle te intentan inculcar que te muevas de manera racional, tu intentas trabajar tu mente cuando te das cuenta de que lo emocional te da más problemas que alegrías, pero lo racional no te da ni una cosa ni otra, y de repente te ves en una situación que tienes que afrontar de una manera equilibrada…¿Tiene pinta de ser complicado encontrar el color gris no? ¿No estoy loca verdad? ¿No es malo que todo lo que me lleva a plantearme un balanza emocional-racional de toma de decisiones se me haga bola no? 

Si alguien tiene alguna pequeña, mínima, ínfima noción de cómo igualar la balanza entre lo emocional y lo racional para la toma de decisiones, primero que vea ambas películas, ya que las recomiendo, y segundo que me dé un apunte de cómo lograrlo (de paso, hace la buena acción del día).

 

La niña de fuego te llama la gente

y te están dejando que mueras de sed

 

Gracias por leer ❤

Keyra y las perlas.

Igual es que últimamente tengo la lagrimilla floja. Igual es que las cosas más simples son las que llegan más fuerte a los rinconcitos más recónditos del corazón. Igual es en uno de esos rinconcitos donde residen sueños frustrados, amores platónicos, esas cosas que no te ves capaz de alcanzar.

c

Sea lo que fuere, “Begin Again” me ha tenido con el congojo en la garganta desde el inicio. O con el corazón en un puño. Como más os guste.

La película Begin Again llega a ese puntito que todos tenemos de soñadores y pasionales, de ganas de vivir, de conocer gente, ese puntito de esperanza que brilla aún cuando nos suceden series de catastróficas desdichas que nos hacen fracasar una y otra vez en temas que realmente nos resultan importantes para mantener nuestro estado anímico bien alto.

Palomitas, Coca-cola y una libreta.

b

Para ver esta película, en la que Keira Knightley está más natural y adorable que nunca* (esa forma de actuar que tienen algunos actores que hacen que su trabajo llegue mucho más a los espectadores que los seguimos), hay que abrir la patata y la mente y extrapolar su mensaje a la meta que has elegido en la vida. Si lo has hecho ya, que espero que sí.

En mi caso, en lo que pensaba era en mi profesión y en lo que me gustaría alcanzar. Esta profesión que me ha puesto en la dirección hacia el éxito personal, al menos por ahora.

Se sabe mucho de una persona por la música que escucha.

Muchos elegimos o eligen profesiones en las que tienen que aguantar burlas, reproches, críticas, cero apoyo de las personas que más lo necesitan, momentos de duda e indecisión, pero lo que ganan es el buen sabor de cada logro, de cada peldaño que suben para alcanzar lo que se han propuesto. La meta puede cambiar, puedes ir sabiendo qué quieres a lo largo de tu vida, lo que no cambia es la sensación de conseguirlo.

Uno de los mensajes que transmite esta película es que cualquier situación simple, banal, que parece sin importancia, si le pones música se convierte en una perla preciosa. Si le pones tu pasión, se convierte en tu perla preciosa.

Todas las banalidades de repente se convierten en perlas divinas y resplandecientes por la música

Parece que he encontrado mi Talón de Aquiles en lo que a cine se refiere: aquellas películas que transmiten mensaje del tipo “da igual lo que hagas en tu vida siempre que la vivas y lo hagas con pasión y ganas, serás feliz”.

c

*Vale sí, en Orgullo y Perjuicio también te llega al musculito cursi.

Vaya hombre

Cucha! Oye! Mira que cosas! ¿Os acordáis de aquello que toda la vida se ha llamado “el corcho“… ? Sí, hombre sí, que todos hemos tenido uno. Cuando decías aquello de “mamá, quiero un corcho para poner con chinchetas las cosas importantes”  y cuando tu padre te lo colgaba de la pared, justo encima de la mesa de escritorio, donde se supone que tenías que estudiar, ponías de todo menos cosas importantes.

Ese corcho que contenía a tu mejor amiga, a tus amigas y amigos del apartamento de verano, las respectivas fotos del verano en la playa, la piscina, la montaña, el botellón o poalà, las selfies en las discotecas de verano que te dejan entrar, los colegas de los Juniors, el campamento, alguna de cuando eras más pequeña con tus compañeras del cole en la Granja Escuela Casa Blanca (el que no ha estado ahí no ha tenido infancia), el otro rollete que no le dijiste al chico que te gustaba, una foto con el chico que te gustaba de verdad rodeado con un corazoncito entre la multitud de compañeros de clase, el escudo de tu equipo favorito, las cartas de amor con el chico que conociste en Almería, llaveros de animalitos muy monos, cintas de fiestas, el pañuelo de fallas, chapas de “I ❤ New York”, las notitas que te pasa tu compañera de pupitre, las entradas del concierto de BomBomChip o de la Onda Vaselina, y ya en Bachillerato, de El Canto del Loco, que parecía el Paseo de las Estrellas de Hollywood: estaban Brad Pitt, Bon Jovi, los Back Street Boys, las Spice Girls, Leonardo Di Caprio con Kate Winslet, los de Salvados por la Campana, … ; con carteles de las mejores películas del momento como Titanic, Mi Chica, El Quinto Elemento, Matrix, Pulp Fiction,… todo ello con el logotipo de la revista SuperPop o Bravo coronando las esquinas. Y bueno, queda un hueco, mínimo, ínfimo, en el que cabe el horario de las clases y un post-it con lo que tienes que hacer el día en el que vives.

el corcho Pues ese magnífico corcho que todos hemos tenido, ahora  se ha puesto de moda entre las chicas más it del momento que lo han bautizado como… atenta/o… redoble de tambores….

¡MOODBOARDS!

¡Te-ca-gas!* 

No me digáis que no os da la risa. Bueno a ver… ya la cosa empezó a hacerse supercool con Pinterest, la red social que es como un súper corcho, no perdón, moodboard, con diferentes tableros en los que separas los intereses. Estos intereses se muestran como fotografías que te linkan a la página de donde las sacas. Bueno, que está fenomenal y engancha y todo eso, pero la esencia es la de “el corcho” al fin y al cabo. Ahora el tema es que salimos del marco y del material corcho con chinchetas de bolitas y colores, y también empezamos a salir de la red, para empapelar una pared con las cosas que queremos hacer, tipografías chulas, recortes de revistas, ilustraciones, fotografías muy artísticas, algún retrato vintage (hiper importante poner algo que sea vintage como la típica foto de tu madre en biquini o el primer coche de tu padre con él vestido con pantalones de campana o la Wolskwagen hippie con la tabla de surf en el capó), el dibujito de turno del hijo de tu mejor amiga (la misma que está en aquella foto del corcho que sigue en la habitación que tenías en casa de tus padres, esa misma, sí, ya es madre y tú te estas haciendo un moodboard), tu perrito, …

moodboards

En fin, que todo lo que ocupa tu vida o te gustaría que la ocupara de una u otra forma, siempre seleccionándolo de manera que quede fashion, chic, minimal,… y esas cosas, y pegándolo con blu·tack en la pared más visible de tu casa (porque al fin y al cabo es empapelar una pared), es toda una inspiración, un signo de que estás a la última y tienes muchísima idea de interiorismo. Es ahora todo un ítem para las revistas de diseño de interiores y para todas las chicas de moda ue lo instauran en su casa de ensueño, hasta el punto que le han puesto este nombre tan in: MOODBOARD. No se te ocurra olvidar este nombre, sino, no molas nada.

Pues voy a ser sincera: esto de empapelar la pared, lo llevo haciendo desde que me mudé al piso hace casi dos años y oye, no porque fuera cool, si no porque “el corcho” se me olvidó en la pared de la otra casa…
Chica, chica! Que me había hecho yo un moodboard sin saberlo! Si es que... estoy hecha toda una profeta de la moda

Chica, chica! Que me había hecho yo un moodboard sin saberlo! Si es que… estoy hecha toda una profeta de la moda

*[Pido disculpas por esta expresión tan… poco sutil]