me ha salido del alma

Toma que es de goma

Con todo esto de las redes sociales, cada tontería que sale se convierte mainstream en menos que canta un gallo. No sé si seré la mejor internauta del mundo, pero cuando comparto algo me aseguro de que sea algo que puede tener cierto interés, que está relacionado con mis intereses o que me ha gustado por lo absurdo que es. Estos tres son mis criterios. Y, desde no hace más de dos años, me aseguro, además, de explicar porqué estoy compartiendo algo. Voy a seguir excusándome antes de exponer mi pregunta. 

Escribo este blog desde hace unos años. Hablo de todo un poco, sobre todo de cosas que salen de dentro. No soy muy dada a opinar del hambre en el mundo o de política o a sacar del todo lo que pienso sobre nuestro entorno (que soy rubia y parece que estoy en Babia pero pienso de vez en cuando). No siempre, pero creo que alguna vez he creado contenido interesante. Cuando no ha sido contenido interesante, ha sido alguna forma de redactar que hasta a alguna egoblogger (esta especie que tanto estoy empezando a aborrecer casi sin darme cuenta) me le ha servido de inspiración. O no.

Soy una usuaria de Internet de casa que dedica bastantes horas a procastinar. Muchas cosas no las entiendo, me gustaría, pero se me escapan. Igual si me pusiera en serio conseguiría. Todo esto del hosting, el dominio, Google Analytics, plataformas de creación de web, el SEO, el SEM (estos dos más o menos ya sí que los controlo), las Apps, los CPC, CPL, CPM, las RSS… en fin. Internet es un mundo que no deja de expandirse y que o mantienes los ojos bien abiertos o la has liao. 

Cada día alucino más con todo lo que da de sí la red. Cursos lowcost que son geniales; blogs y tiendas online que se apoyan y encima comparten conocimientos con los usuarios sin esperar recibir a cambio más que una valoración positiva, al menos de ellos; ilustrador@s que nos sacan sonrisas, risas y carcajadas con sus trabajos; revistas, magazines y periódicos digitales que apetece leer de verdad por su redacción, diseño o porque sobre lo que informan es realmente interesante; gente que se busca la vida gracias a la red y crean nuevos modelos de negocio la mar de útiles; artistas que te regalan un pedacito de su arte; en fin, esto son las cosas que yo utilizo habitualmente (hay más, pero ya me iría mucho por las ramas si siguiera), está claro que Internet da muchísimo más de sí, y que según tus intereses conocerás unas cosas u otras.

La cuestión, es que hay algo que Internet nos da y que me resulta extremadamente cargante. Los conocidos gráficos memesCada vez que algún hecho nos hace evadirnos de nuestra realidad, le damos bombo creando memes. Julio Iglesias y lo sabes, Pablo Iglesias y Podemos y Cataluña y el 9N y Artur Mas y Pdro Snchz, la llama del ola k ase, el pequeño Nicolás (sólo nuestro País es capaz de mofarse de una situación de estafa), los festivales de música (estos van un paso más allá y sus memes son más bien vines), que si Reneé Zellweger ha hecho un “Face Off” … Total, que hay un infinito de memes surgidos por todo lo que pasa, da igual que sea algo gracioso, que denigrante, que tenga que ver con la política, con los famosos… Y, últimamente, no me preguntes por qué, ya empieza a saturarme sobremanera esta cantidad de memeces (nunca mejor dicho). La razón viene por la pregunta que os he dicho antes que quería hacer:

¿Por qué tengo que ver el culo de Kim Kardashian?*

* ¿Es estrictamente necesario que Kim Kardashian, una mujer sin oficio ni beneficio, que no aporta nada a la sociedad, que no hace más que gastar y gastar dinero, nos enseñe su culo y se convierta en mainstream sólo porque es un culo que parece de goma por los retoques que tiene dado y la cantidad de aceite que lleva encima?

Antes de dormir

Las palabras. Esas compañeras que infravaloramos. Eclipsadas por refranes del tipo “del dicho al hecho hay un trecho” o “vale más un gesto que mil palabras”. Esa herramienta de la que desconocemos muchas veces el poder que tiene. ¿Pero cuántas veces no hemos escuchado hablar del poder de la oratoria? Miles. ¿Y cuántas veces lo hemos subestimado o sobreestimado? Más que miles. Pero esa oratoria de la que tanto oímos hablar, que adjudicamos a políticos, ponentes, profesores, y aplaudimos y halagamos porque “Oye, que bien habla”, la pasamos por alto en nuestro día a día.

Utilizar bien las palabras para expresar lo que queremos decir es, cuanto menos, importantísimo. Si, además, les damos buen uso en momentos concretos, podemos conseguir lo que nos propongamos. Solo hay que pararse un segundo y pensar qué queremos decir, cómo, cuándo, a quién, que esperamos conseguir con ello y las consecuencias que acarrea, para bien o para mal. Intentar que sean palabras sinceras, de corazón, y aunque puedan hacer daño por lo que significa, que se digan con la mayor asertividad y empatía posible.

Por contra y a la par, utilizar ciertas palabras en momentos de tensión, de furia, de estrés, ira, tristeza, enfado… esos momentos en que, por tu (mi) propia condición de persona imperfecta, no controlas los gestos, una palabra mal dicha o inapropiada o que no sientes del todo (si dices algo es porque lo sientes/piensas/has sentido/pensado aunque sea sólo un poquito), puedes resultar demoledor/a para tu interlocutor.

Pensar un segundo con quien estas hablando, la importancia que tiene esa persona para ti y,la quieras o no, tener en cuenta sus sentimientos, puede ser complicado pero no imposible.

Siempre nos dicen que no esperemos nada de nadie, pero hay ciertas personas en la vida de cada uno que es difícil no esperar nada de ellas, como tu padre, tu madre, tu hermana, tu familia en general. Pero no es imposible, podemos intentar no esperar nada de ellos, conseguirlo y, encima y para bien, sorprendernos con lo que nos ofrezcan. El hecho de que sea tu familia, más o menos directa, no es sinónimo o consecuencia de conocimiento total de la persona. A veces, como “somos familia” ni nos preocupamos por conocernos como lo hacemos con nuestros amigos/as, no somos capaces de darnos cuenta de sus cambios y su evolución, de sus intereses, de sus necesidades y eso nos lleva a pensar y decir cosas horribles en las discusiones (que en toda casa de vecino ocurren, esta claro). Esas veces en que “por ser familia” nos despreocupamos de quien más deberíamos no hacerlo, frenamos su desarrollo de querer ser mejor persona y no valoramos como se merece todo su trabajo personal, no encuentra el apoyo que necesita para conseguir el éxito interno que busca y extrapolará a toda su vida y entorno, y no nos damos cuenta del daño que le hacemos a los únicos que no elegimos pero que darían la vida por nosotros. Aunque nos hayamos creado la falacia de que no nos quieren o nos valoran o nos admiran.

Si algo he aprendido este año es la importancia de las palabras. Lo necesario que es escuchar con el corazón y, en esta era digital, aunque suene cursi, leer con el alma. Lo profundo que puede llegar un “te quiero” telefónico y lo necesario que se hace un “lo siento, me gustaría saber qué te pasa o como puedo ayudarte”. Puedes intentar usar las palabras para aparentar, pero nunca serán sinceras, y eso se nota.

Muchas palabras juntas

Muchas palabras juntas

Palabras desde el corazón.

Palabras desde el corazón.

Palabras de una amiga dichas en un momento más que necesario

Palabras de una amiga dichas en un momento más que necesario

Palabras en paredes de Málaga. Preciosa iniciativa.

Palabras en paredes de Málaga. Preciosa iniciativa.

Palabras en paredes de Málaga. Preciosa iniciativa.

Palabras en paredes de Málaga. Preciosa iniciativa.