mundo laboral

A base de palos

Anoche me di cuenta de cuanto me quiere mi Calamar. No solo porque él me lo demuestra cada día y a cada hora con miles de maravillosos gestos, si no porque ayer le vi como sufría conmigo y por mí por lo que le contaba.

No es necesario narrar las cosas que me pasaron, pero sí que voy a plantearos la reflexión que hizo Calamar:

“¿Qué necesidad tiene la gente de aplastar a otros para sentir que tienen éxito? En mi campo (él es ingeniero), cuando alguno de los compañeros critica y hace cosas que nada tienen de profesional, es porque le falta todo de lo que habla para conseguir méritos propios y subir escalones. El resto de compañeros se da cuenta, los jefes se dan cuenta, y esa persona se va de la empresa. En tu mundo (el diseño) parece que cuando alguien hace esto, consigue su propósito. De hecho, me da la sensación de que quien hace este tipo de cosas, tanto en tu mundo como en el mío, es gente que no ha trabajado en la vida como toca, que no ha recibido palos ni ha ganado en humildad y saber estar y trabajar en equipo. Me da mucha pena. Lo normal sería que a esas personas que desmerecen el trabajo de otros se les echara, no se les diera más bombo”.

Yo no lo podría haber expresado mejor. Y por eso le adoro.

El caso es que hoy, mirando el TL de LinkedIn, he visto esta imagen que explica perfectamente en un relato corto y muy intenso lo que Calamar y yo hablábamos anoche.

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¿Qué opinión os merece a vosotros? 

Más difícil de derribar que el de Berlín

Me quedan 2 meses para acabar el Grado de Comunicación y RRPP por la Escuela de Negocios ESIC Valencia (product placement). He trabajado 2 años de prácticas, las correspondientes a los créditos obligatorios y el resto voluntarias. He hecho/estudiado el grado con tesón, pasión, mucha ilusión (todo acabado en “ón”), alegría por verme encaminada por fin (antes hice 4 años de Arquitectura Técnica y el CF de Fotografía Artística desde donde tuve mi primer contacto con la Publicidad y la Comunicación Audiovisual) y con una actitud por mi futuro que desborda de optimismo.

Cuando haces algo que te gusta, le ves futuro, salida, lo que sea, pero estás segura (bueno, casi) de que vas a poder vivir de ello. Estás casi (bueno, del todo) segura de que pase lo que pase ya te buscarás las cosquillas, te sacarás las castañas del fuego, ya te lo guisarás y te lo comerás, vamos, que ya te apañarás para que esos estudios para los que tanto empeño y esfuerzo has puesto te sirvan para no tener que vivir del cuento o acabar en algún trabajo similar al de Charles Chaplin en Tiempos Modernos.

Pero, en todo el proceso de formación profesional y personal referente a lo que te gusta hay algo en lo que no te paras a pensar. No eres consciente de ello hasta el último año de carrera (de grado), cuando te queda, como dice mi madre, “na y menos” para acabar y salir a los leones. Y es ahí, en medio del Coliseum del mundo laboral donde te das cuenta de que hay una barrera que tienes que superar. La más grande de todas. El muro de Berlín se queda corto a su lado. Esa barrera que desde que, buscaste con 16 años tu primer trabajo cuya máxima dificultad fuera poner cafés, te persigue. Hagas lo que hagas y te reinventes o no, ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo, la barrera del copón:

“Experiencia mínima”

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Sí, estimados futuros graduados, esta barrera es la más difícil de todas. A no ser que vayas a emprender o tengas enchufe o seas de esas personas que nacen con estrella. Para el resto de mortales, no tenemos más que buscar caminos alternativos o crear escaleras profesionales que nos ayuden a superarla para optar al trabajo de nuestros sueños.

Necesito que me expliquen por qué tanto empeño en buscar a Dumbledores, Gandalfs, neardentales o Jordis Hurtados para trabajos que necesitan realmente ideas frescas, ganas y talento recién adquirido y/o implementado. “Experiencia mínima 3 años en el sector“, “Experiencia mínima 5 años en el sector”… che! Si no me dejáis trabajar en vuestro sector sin tantos años de f*** experiencia mínima, ¿cómo se supone que voy a adquirirla?

Soy de esas personas que piensan que vale más la calidad que la cantidad, en todos los aspectos de la vida. Por más años de experiencia que tengas en un sector no creo que tengas porqué ser mucho mejor como para quitarle el puesto a alguien como los recién graduados. Con esto no quiero desacreditar el trabajo ni la vida laboral de muchos profesionales que se han quedado en apuros como los recién graduados, sino valorar a los que salimos de la carrera con una mano delante y la otra detrás pero formados para trabajar. Entiendo que en estos tiempos ninguna empresa se quiere pillar los dedos, pero sí que estaría bien que se nos escuchara y se entendiera un poco el lado estudiantil de la historia.

Nosotros, los recién graduados o graduados en apuros, como queráis llamarnos, salimos de la carrera (grado) con ideas frescas, conocimientos en diferentes ámbitos, experiencia en la empresa más grande de nuestra vida gracias a la que hemos podido hacer trabajos sin límites, todavía no conocemos la frustración en su máximo esplendor, somos alegres, pervertidos en nuestros pensamientos, estamos excitados con la idea de trabajar, nuestra motivación roza los límites del frikismo, hemos visto, escuchado, vivido y acudido a todo tipo de conferencias, ponencias, mesas redondas (que no camas…), concursos, briefings… tenemos ansias de conocimiento, ambición sin barreras, somos maleables, competentes y activos, nos han enseñado a ser puntuales, responsables, educados, a luchar por lo que queremos.

En fin, con todo lo que puede aportar una recién graduada a tu empresa, ¿de verdad necesitas una experiencia mínima de 5 años que demuestre su valía?

Como no he sido la primera en reivindicarme sobre el tema, os dejo un cortometrajes sobre el asunto, a ver qué pensáis. No son sobre recién graduados, pero es que el mundo está así.


Y estos para completar.


Joróbate Flanders.