querer

Incoherencias

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Hartita. Hartita estoy de las incoherencias. Soy una persona a la que le encanta el orden. Mi estado de ansiedad constante (sí, ya estoy en esa fase en el que he asimilado, aceptado e, incluso, me siento orgullosa de ser una persona ansiosa. ¿Algo que objetar? Así me gusta) necesita orden, limpieza, caos en los cajones, pero una primera imagen de minimalismo y geometrías, de blancura evocadora, de, al fin y al cabo, coherencia.

Y estarás pensando: “Pues menuda incoherencia más grande cuenta esta chica, que le gusta el orden y bla bla bla pero tiene los cajones hechos un caos”. Sí, pero no se ven y, como muchas personas, mujeres y hombres, mi caos, está más que ordenado. Si no te lo crees, coge papel y lápiz, te acercas a mi casa, abres los cajones y, de lejos, te digo punto por punto lo que hay dentro. Pero bueno, estas cosillas tampoco hace falta publicarlas a los cuatro vientos (…ops…).

La cosa es que no son tanto las incoherencias relativas al orden de las cosas las que me molestan, las que perturban mi paz, las que hacen que mi cabeza de vueltas sobre el mismo tema intentando entenderlo, cuando parece harto imposible. Son las incoherencias que me transmiten ciertas personas de mi entorno y de lo que no es mi entorno. Esas pequeñas taras que tenemos todos, pero que algunos saben controlarlas menos. 

Me parece incoherente que se defiendan ciertos principios o, si me pongo fría y en modo mala malota, modas, porque al fin y al cabo son modas, pero que luego se reniegue de los mismos o, lo que es todavía peor, no se valoren como deberían, cuando los defienden o siguen los demás. Estoy siendo muy ambigua, lo sé, pero es que no es necesario mostrar el grandioso cabreo que llevo, como dice mi madre, “en lo alto”. Por lo mismo, no voy a poner ejemplos, para no herir sensibilidades.

Lo que quiero decir es que, por favor, si tenéis principios, si sois seguidores de una moda, si no sois los únicos en el planeta tierra que hacéis algo referente a esos principios y modas, si sois nuevos emprendedores o lleváis un tiempo ya en el mercado, hagáis el, para algunos, soberano esfuerzo de valorar, no sólo lo vuestro, sino lo que hacen los demás como os gustaría que los demás valoraran lo vuestro. El hecho de, interna o externamente, quitarle valor a lo que hacen vuestros amigos, competidores, colegas o amigos-competidores-colegas, no es bien. No sé como decirlo más claro. Simplemente, no es bien. Si vosotros cobráis unos servicios o unas ventas a un precio de oro porque lo valéis, y eso no lo duda nadie, los demás también tienen derecho a hacer lo mismo ¿no? No seamos egoístas que eso no es productivo, ni bueno, ni lleva a ninguna parte. 

En esta vida todo cuesta tiempo, dinero y esfuerzo y para muchos emprendedores, nos cuesta amigos, familia, tiempo, dedicación absoluta, es un sacrificio que, si bien no está pagado, muchos luchamos porque lo esté. Las nuevas empresas las estamos creando con ilusión, con ganas, con esperanza, con visión de futuro, con imagen, pensando en el consumidor, en sus necesidades, en su bienestar, en dar trabajo a gente que se estaba quedando sin él por culpa de la industrialización, en aportar valor y no sólo elementos materiales, pensamos en hacer el mundo un poquito más bonito. Y digo mundo porque este manifiesto no sólo se encuentra en las nuevas marcas y emprendedores a nivel nacional, sino que si entras en las empresas hermanas de otros países de los 5 continentes, todas comunican lo mismo.

No sé si será una moda o si, como espero que realmente pase, esto seguirá evolucionando e irá a más y se crearan muchas empresas pequeñitas que den trabajo a otras tantas empresas pequeñitas y se valorará menos las empresas grandes… en fin… que me voy por las ramas…

Acabo ya con esta reflexión de hoy con un pequeño resumen de “El arte de amar” de Erich Fromm:

[…] No-solo los demás, sino nosotros mismos, somos objeto de nuestros sentimientos y actitudes; las actitudes para con los demás y para con nosotros mismos, lejos de ser contradictorias, son básicamente conjuntivas.

[…] El amor genuino constituye una expresión de la productividad, y entraña cuidado, respeto, responsabilidad y conocimiento, de ello se deduce que la persona deba ser objeto del mismo amor al igual que la otra persona. […] Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto.[…] la persona egoísta solo se interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente placer en dar, sino únicamente en tomar, no ve más que sí misma; juzga a todos según su utilidad; es básicamente incapaz de amar, sería así si el egoísmo y el auto amor fueran idénticos, pero tal suposición es precisamente la falacia que ha llevado a tantas conclusiones erróneas con respecto a nuestros problemas. El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos.

No es tan simple

Vuelvo a Coelho. Me enganchó hace unos 6 años y lo ha vuelto a hacer. Estoy releyendo todos sus libros de nuevo. No sé, me da ese toque de tranquilidad de cuando pienso que cada día estoy más loca. No es que esté más loca, es que las cosas no son tan simples como nos intenta decir la gente que nos rodea cuando nos ve bloqueados o como vende Mr. Wonderful.

Las cosas son más profundas. Cosas como término general para todo. T O D O. Últimamente creo, como Sidharta, el personaje del último libro que me he leído (altamente recomendable), que hay que sentir, admirar, valorar, contemplar y meditar sobre todo lo que hacemos, pensamos, decimos y nos rodea, para vivir plenamente. No soy yo mucho de religiones, pero cada día y con más fuerza me va pareciendo el budismo como una religión bien.

En fin, que no me quiero ir por las ramas. La idea que quiero transmitir es que la profundidad de las COSAS hay que valorarla y enfrentarla, aprender de ella, meditar sobre las opciones que nos da y no creerse una loca por ello, porque todo lo que nos ocurre en nuestra vida moldea y esculpe la persona en la que nos convertimos en nuestra vejez.

Y tu, quieres ser una escultura llena de detalles, grietas, arrugas, formas, llena de experiencias, o prefieres ser un jarroncito para flores?

Y la catedral lo resistía todo.

Camino por su esqueleto, viendo las reformas actuales: esta vez, los arquitectos garantizan que han encontrado la mejor solución. Hay andamios y refuerzos de metal por todas partes, grandes teorías sobre los pasos futuros y algunas críticas a lo que se hizo en el pasado. 

Y de repente, en medio de la nave central, me doy cuenta de algo muy importante: la catedral soy yo, es cada uno de nosotros. Vamos creciendo, cambiando de forma, nos abordan algunas debilidades que deben ser corregidas, no siempre escogemos la mejor solución, pero a pesar de todo seguimos adelante, intentando mantenernos erguidos, correctos, de modo que honremos no a las paredes, ni a las puertas o a las ventanas, sino al espacio vacío que esta allí dentro, el espacio en el que adoramos y veneramos aquello que nos es querido e importante. 

El Zahir. Paulo Coelho.

 

A mí me parece que es bien que la expresión de mi cara y de mi mirada vaya cambiando con el tiempo y las experiencias, convirtiéndome en una persona cada vez más completa y que moldea todo lo que le ocurre para tener una escultura llena de matices.

 

EL VERBO ECHAR LO PRIMERO QUE ECHA ES LA H

Echar, de

E C H A R    D E     M E N O S.

Me fui de mi casa casa de mis padres el 30 de Diciembre de 2014 y desde entonces vivo con un sentimiento de lejanía, de distancia, de cierto tipo de soledad, esa soledad de cuando te enfrentas al mundo sin tus progenitores, un sentimiento de vacío, de como si me faltara algo, en fin, el sentimiento de echar de menos, perenne.

Echo tanto, tantísimo de menos a mi madre, a mi padre, a  mi hermana, quienes no sabía cuánta falta me hacían en mi día a día hasta que hemos estado tan lejos (ahora los valoro de otra forma que me llena mucho más), a mi tío Juan que tan bien está ahora, a mi tío Paco (lo siento por el resto, pero es mi favorito), a mi tía Montse, que ha demostrado ser una mujer 10, a mi primo Andrés y a mi nuevo primo Manu, a Wifi y a Ruter (o Router, no sé), sus mascotas, a la terraza que tantos veranos me ha ayudado a pasar fresquita, al “tío Paco”, el que vende huevos debajo de mi casa con quien ya había empezado a entablar conversación, a las cafeterías-heladeías-bar de tapas de Benetússer, a mis Tikis, con quienes siempre me he sentido yo misma y libre de expresar todas las animaladas que se me venían a la mente (sobre todo a la salida de la piscina), a mis amigas de los diferentes pueblos de Valencia (Tavernes de la Valldigna y  Aielo de Malferit entre los favoritos), a quienes visitaba y veía lo más regular que podía, pero no más de 3 meses de diferencia, a Carla, Rafa, Javi y Vicent, mis eternos amigos de Arquitectura Técnica, al folklore fallero y los viernes en la falla, Tamara, Bea, Rocío, Jose, Vero, Pupi, Rafeta, Raquel y Abel y todos los demás y las tonterías que nos inventamos para reír sin parar y tener grandes recuerdos, a Ruzafa, el Carmen y los mojitos a 3,50€, a la calle Colón que tan bien me conozco (junto con varios centros comerciales cuyo plano tengo grabado en la mente(es mi vicio y perdición)), a Irene, a Nai y al EquipeteMix que tanto me hace reír y pasarlo bien, a Alma, mi gran amiga y compañera y persona favorita, al caminito del colesterol  que tan cerca me pillaba de casa y tan poca pereza me daba ir a andar, escaparme a las playas y calas de Alicante con amigos y snorkel, a los cotilleos del pueblo, a la ventana de mi habitación que era la que me daba los buenos días antes que nadie,a Paola, Mireia, Loli, Juanfran y las risas que nos hemos pegado, al desayuno preparado con todo el amor del mundo por mi padre t o d o s l o s d í a s, tomarlos en el balcón y esperar los churros del domingo, el olor de la ropa recién lavada por mi madre, el sofá de la buhardilla que tantas buenas siestas me ha dado (con babita y todo, ojo!), a todos esos amigos con quien la distancia sí que ha podido, pero que siempre tendrán un hueco en mis recuerdos con una gran sonrisa, al chiringuito de Tavernes donde tan a gusto se está por las tardes, a la facilidad de encontrar trabajo, a escaparme a la playa de El Saler y al Puerto de la Albufera y sentir el olor mezcla de pino, arroz y playa de la Terreta que adoro, las paellas de mi padre, ¡cuánto hace que no como una buena paella en casa!

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Todo forma parte de mi, y todo,bueno casi todo, sé que puedo volver a disfrutarlo cada vez que vuelvo y se me dibuja una súper sonrisa solo de pensarlo. Pero hay algo, hay algo que, de verdad verdadera, echo de menos porque sé que no podré volver a disfrutar, como solía hacerlo, nunca, algo que echaré de menos always and forever porque, aunque lo vuelva a usar, no será lo mismo, algo que me ha dado tranquilidad, calma, que ha ayudado, con su característica pasividad, a que las cosas malas pasen por sí solas, algo que cada vez que viajaba ya echaba de menos, pero que sabía que volvería a ello al acabar el viaje, algo que mi madre me ha dicho que va a desaparecer para ser sustituido por algo más grande, para 2. Ha sido mi compañera de fatigas, de migrañas, de resacas, de lecturas de todo tipo, de noches de estudio, de sueños, de pesadillas, de siestas con mi hermana, en realidad, de las mejores siestas del mundo, de apoyo para hacer la maleta, de llantos y risas, de consejos maternos, de consejos como hermana, de meditación y mantras, de escuchar música y emocionarme, de charlas con mi prima, de amor y sexo (para que ocultarlo), de buenos y malos días, de inspiración, de descansos rejuvenecedores…

ECHO DE MENOS, SOBRE TODAS LAS COSAS, A MI CAMA. 

Mi cama

Antes de dormir

Las palabras. Esas compañeras que infravaloramos. Eclipsadas por refranes del tipo “del dicho al hecho hay un trecho” o “vale más un gesto que mil palabras”. Esa herramienta de la que desconocemos muchas veces el poder que tiene. ¿Pero cuántas veces no hemos escuchado hablar del poder de la oratoria? Miles. ¿Y cuántas veces lo hemos subestimado o sobreestimado? Más que miles. Pero esa oratoria de la que tanto oímos hablar, que adjudicamos a políticos, ponentes, profesores, y aplaudimos y halagamos porque “Oye, que bien habla”, la pasamos por alto en nuestro día a día.

Utilizar bien las palabras para expresar lo que queremos decir es, cuanto menos, importantísimo. Si, además, les damos buen uso en momentos concretos, podemos conseguir lo que nos propongamos. Solo hay que pararse un segundo y pensar qué queremos decir, cómo, cuándo, a quién, que esperamos conseguir con ello y las consecuencias que acarrea, para bien o para mal. Intentar que sean palabras sinceras, de corazón, y aunque puedan hacer daño por lo que significa, que se digan con la mayor asertividad y empatía posible.

Por contra y a la par, utilizar ciertas palabras en momentos de tensión, de furia, de estrés, ira, tristeza, enfado… esos momentos en que, por tu (mi) propia condición de persona imperfecta, no controlas los gestos, una palabra mal dicha o inapropiada o que no sientes del todo (si dices algo es porque lo sientes/piensas/has sentido/pensado aunque sea sólo un poquito), puedes resultar demoledor/a para tu interlocutor.

Pensar un segundo con quien estas hablando, la importancia que tiene esa persona para ti y,la quieras o no, tener en cuenta sus sentimientos, puede ser complicado pero no imposible.

Siempre nos dicen que no esperemos nada de nadie, pero hay ciertas personas en la vida de cada uno que es difícil no esperar nada de ellas, como tu padre, tu madre, tu hermana, tu familia en general. Pero no es imposible, podemos intentar no esperar nada de ellos, conseguirlo y, encima y para bien, sorprendernos con lo que nos ofrezcan. El hecho de que sea tu familia, más o menos directa, no es sinónimo o consecuencia de conocimiento total de la persona. A veces, como “somos familia” ni nos preocupamos por conocernos como lo hacemos con nuestros amigos/as, no somos capaces de darnos cuenta de sus cambios y su evolución, de sus intereses, de sus necesidades y eso nos lleva a pensar y decir cosas horribles en las discusiones (que en toda casa de vecino ocurren, esta claro). Esas veces en que “por ser familia” nos despreocupamos de quien más deberíamos no hacerlo, frenamos su desarrollo de querer ser mejor persona y no valoramos como se merece todo su trabajo personal, no encuentra el apoyo que necesita para conseguir el éxito interno que busca y extrapolará a toda su vida y entorno, y no nos damos cuenta del daño que le hacemos a los únicos que no elegimos pero que darían la vida por nosotros. Aunque nos hayamos creado la falacia de que no nos quieren o nos valoran o nos admiran.

Si algo he aprendido este año es la importancia de las palabras. Lo necesario que es escuchar con el corazón y, en esta era digital, aunque suene cursi, leer con el alma. Lo profundo que puede llegar un “te quiero” telefónico y lo necesario que se hace un “lo siento, me gustaría saber qué te pasa o como puedo ayudarte”. Puedes intentar usar las palabras para aparentar, pero nunca serán sinceras, y eso se nota.

Muchas palabras juntas

Muchas palabras juntas

Palabras desde el corazón.

Palabras desde el corazón.

Palabras de una amiga dichas en un momento más que necesario

Palabras de una amiga dichas en un momento más que necesario

Palabras en paredes de Málaga. Preciosa iniciativa.

Palabras en paredes de Málaga. Preciosa iniciativa.

Palabras en paredes de Málaga. Preciosa iniciativa.

Palabras en paredes de Málaga. Preciosa iniciativa.

 

Nuestro Caos

Si es que es mejor el caos que el orden. El caos es mucho más fuerte que el orden.

Sólo hay que ver que si pones un poquito de caos en un completo orden, se convierte en caos. Sin embargo, si pones un poco de orden en un completo caos, sigue siendo caos. 

Y es que tu caos particular y mi caos particular, circulan en sendas direcciones convergentes.

Y si para que se encuentren, tenemos que hacer algún que otro viaje… elige destino.

Ya es hora

Hoy, sábado 19 de Enero, he decidido cambiar ciertas cosas y tomar las riendas de mi vida. vivi-carro-copia

Llevo desde hace mucho tiempo sintiéndome pequeñita. Como si todo lo que pasa a mi alrededor cada vez fuera más grande. Estaba entrando en un agujero negro de cosas negativas y obligaciones dando vueltas sobre mí que estaba casi casi desapareciendo mi propia esencia.

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