reflexiones

A base de palos

Anoche me di cuenta de cuanto me quiere mi Calamar. No solo porque él me lo demuestra cada día y a cada hora con miles de maravillosos gestos, si no porque ayer le vi como sufría conmigo y por mí por lo que le contaba.

No es necesario narrar las cosas que me pasaron, pero sí que voy a plantearos la reflexión que hizo Calamar:

“¿Qué necesidad tiene la gente de aplastar a otros para sentir que tienen éxito? En mi campo (él es ingeniero), cuando alguno de los compañeros critica y hace cosas que nada tienen de profesional, es porque le falta todo de lo que habla para conseguir méritos propios y subir escalones. El resto de compañeros se da cuenta, los jefes se dan cuenta, y esa persona se va de la empresa. En tu mundo (el diseño) parece que cuando alguien hace esto, consigue su propósito. De hecho, me da la sensación de que quien hace este tipo de cosas, tanto en tu mundo como en el mío, es gente que no ha trabajado en la vida como toca, que no ha recibido palos ni ha ganado en humildad y saber estar y trabajar en equipo. Me da mucha pena. Lo normal sería que a esas personas que desmerecen el trabajo de otros se les echara, no se les diera más bombo”.

Yo no lo podría haber expresado mejor. Y por eso le adoro.

El caso es que hoy, mirando el TL de LinkedIn, he visto esta imagen que explica perfectamente en un relato corto y muy intenso lo que Calamar y yo hablábamos anoche.

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¿Qué opinión os merece a vosotros? 

Incoherencias

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Hartita. Hartita estoy de las incoherencias. Soy una persona a la que le encanta el orden. Mi estado de ansiedad constante (sí, ya estoy en esa fase en el que he asimilado, aceptado e, incluso, me siento orgullosa de ser una persona ansiosa. ¿Algo que objetar? Así me gusta) necesita orden, limpieza, caos en los cajones, pero una primera imagen de minimalismo y geometrías, de blancura evocadora, de, al fin y al cabo, coherencia.

Y estarás pensando: “Pues menuda incoherencia más grande cuenta esta chica, que le gusta el orden y bla bla bla pero tiene los cajones hechos un caos”. Sí, pero no se ven y, como muchas personas, mujeres y hombres, mi caos, está más que ordenado. Si no te lo crees, coge papel y lápiz, te acercas a mi casa, abres los cajones y, de lejos, te digo punto por punto lo que hay dentro. Pero bueno, estas cosillas tampoco hace falta publicarlas a los cuatro vientos (…ops…).

La cosa es que no son tanto las incoherencias relativas al orden de las cosas las que me molestan, las que perturban mi paz, las que hacen que mi cabeza de vueltas sobre el mismo tema intentando entenderlo, cuando parece harto imposible. Son las incoherencias que me transmiten ciertas personas de mi entorno y de lo que no es mi entorno. Esas pequeñas taras que tenemos todos, pero que algunos saben controlarlas menos. 

Me parece incoherente que se defiendan ciertos principios o, si me pongo fría y en modo mala malota, modas, porque al fin y al cabo son modas, pero que luego se reniegue de los mismos o, lo que es todavía peor, no se valoren como deberían, cuando los defienden o siguen los demás. Estoy siendo muy ambigua, lo sé, pero es que no es necesario mostrar el grandioso cabreo que llevo, como dice mi madre, “en lo alto”. Por lo mismo, no voy a poner ejemplos, para no herir sensibilidades.

Lo que quiero decir es que, por favor, si tenéis principios, si sois seguidores de una moda, si no sois los únicos en el planeta tierra que hacéis algo referente a esos principios y modas, si sois nuevos emprendedores o lleváis un tiempo ya en el mercado, hagáis el, para algunos, soberano esfuerzo de valorar, no sólo lo vuestro, sino lo que hacen los demás como os gustaría que los demás valoraran lo vuestro. El hecho de, interna o externamente, quitarle valor a lo que hacen vuestros amigos, competidores, colegas o amigos-competidores-colegas, no es bien. No sé como decirlo más claro. Simplemente, no es bien. Si vosotros cobráis unos servicios o unas ventas a un precio de oro porque lo valéis, y eso no lo duda nadie, los demás también tienen derecho a hacer lo mismo ¿no? No seamos egoístas que eso no es productivo, ni bueno, ni lleva a ninguna parte. 

En esta vida todo cuesta tiempo, dinero y esfuerzo y para muchos emprendedores, nos cuesta amigos, familia, tiempo, dedicación absoluta, es un sacrificio que, si bien no está pagado, muchos luchamos porque lo esté. Las nuevas empresas las estamos creando con ilusión, con ganas, con esperanza, con visión de futuro, con imagen, pensando en el consumidor, en sus necesidades, en su bienestar, en dar trabajo a gente que se estaba quedando sin él por culpa de la industrialización, en aportar valor y no sólo elementos materiales, pensamos en hacer el mundo un poquito más bonito. Y digo mundo porque este manifiesto no sólo se encuentra en las nuevas marcas y emprendedores a nivel nacional, sino que si entras en las empresas hermanas de otros países de los 5 continentes, todas comunican lo mismo.

No sé si será una moda o si, como espero que realmente pase, esto seguirá evolucionando e irá a más y se crearan muchas empresas pequeñitas que den trabajo a otras tantas empresas pequeñitas y se valorará menos las empresas grandes… en fin… que me voy por las ramas…

Acabo ya con esta reflexión de hoy con un pequeño resumen de “El arte de amar” de Erich Fromm:

[…] No-solo los demás, sino nosotros mismos, somos objeto de nuestros sentimientos y actitudes; las actitudes para con los demás y para con nosotros mismos, lejos de ser contradictorias, son básicamente conjuntivas.

[…] El amor genuino constituye una expresión de la productividad, y entraña cuidado, respeto, responsabilidad y conocimiento, de ello se deduce que la persona deba ser objeto del mismo amor al igual que la otra persona. […] Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto.[…] la persona egoísta solo se interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente placer en dar, sino únicamente en tomar, no ve más que sí misma; juzga a todos según su utilidad; es básicamente incapaz de amar, sería así si el egoísmo y el auto amor fueran idénticos, pero tal suposición es precisamente la falacia que ha llevado a tantas conclusiones erróneas con respecto a nuestros problemas. El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos.

Triste

Ya sé que este blog al final está pareciendo más un sitio de reflexión personal que un blog de opinión o de “voy a decir algo sobre este tema sin más”. Sin embargo, no puedo evitar escribir pensamientos sobre temas que tocan mi corazoncito y que, creo, que si lo cuento y alguien me lee y consigo que piense sobre el tema, el mundo puede ser un poquito mejor, al menos el que a mi me rodea.

Hoy es un día muy triste. Hoy una persona que ha estado presente en mi infancia y adolescencia, que nos ha cuidado a mi abuela y a mi, que ha querido a mi madre y la ha ayudado a adaptarse a Valencia desde que llegó, que me ha defendido siempre y me ha dado todo el amor del mundo como si fuera su propia hija, que su hija misma me ha tratado siempre con mucho cariño … se ha ido.

Es un día muy triste porque esta pérdida no se suple con nada. Y todavía más triste es el contexto que nos rodea con respecto a ella, porque, y me da hasta vergüenza decirlo, nos distanciamos, perdimos el contacto, no sabíamos nada de ella hasta hace unos días, por tontos.

¿Por qué nos distanciamos de las personas que nos quieren? ¿Por qué nos empeñamos en conocer a tanta gente, en tener tantos compromisos y en llamar “amigos” a quiénes tenemos que ir detrás para tomar un café? Con la vida que llevamos cuesta mucho mantener contactos, tener ratitos de vida social, cuidar a quien nos quiere y pensar sobre como librarnos de quien no nos valora. Entiendo que cuesta mucho estar al día de todas las vidas de todos los que conocemos.

Muchas veces nos distanciamos de estas personas que tanto nos quieren por quien esta con ellas. Por su mujer, por su marido, por sus amigos… Pero, ¿no sería una forma de “pagar” su cariño hacia nosotros, respetar su vida y a su gente, aunque nos caigan un poquito mal? Usamos este argumento como excusa para explicar el distanciamiento, pero ¿es realmente un argumento que sirva para dejar de ver a quien nos da tanto?

Hoy es un día muy triste porque me he venido a vivir al barrio de esta persona, porque he estado tomándome una cerveza bajo de su casa hace dos semanas, porque paso por ahí al menos 3 días por semana, y si no pasará está a dos minutos, porque en todo este tiempo no me ha dado por preguntar “qué se sabe de…?” aunque estuve viendo fotos antiguas y salía en más de una y de dos y de tres… Y hoy se ha ido. Se ha ido y no he podido despedirme, ¡no he podido ni saludarla!

De aquí para allá, clientes, proyectos, amigos y no tanto, que si la perra, que si hacer esto por esta persona y aquello por la otra… Vengo al barrio y no me da por ir a saludar a nadie, llamar a su timbre y decir “Hola!! ¿Cómo estás? Vuelvo a vivir por aquí, a ver si nos tomamos algo no?”. A todas estas personas, mejores y peores, que me han visto crecer de la mano de mi abuela y de mis padres, que han visto llegar a mi hermana y lo guapa que se ha puesto, que a muchas la envidia les corroe pero otras, como quien se ha ido, se sienten orgullosas de nosotros como familia, no las he visto aún…

mamchicho

La vida no espera

Mi reflexión-petición del día es: no perdáis el tiempo con tanta gente que va a ir y venir, que no os demuestran lo que os valoran, que no os dan el cariño que merecéis y el que dais vosotros no es del todo bien recibido, o lo que es peor, demasiado bien recibido, tanto que lo exprimen. Pasad el día con vuestros padres, id de compras con vuestra hermana, aprovechad un domingo para salir con la bici, los patines o dar un paseo con vuestros mejores amigos, esos de toda la vida, esos que os demuestran siempre que estarán en las buenas y en las malas, pasad un día o dos o tres con viejos amigos viendo antiguas fotos, aprovechad el puente para descansar, decorar la casa para Navidad, el trabajo puede esperar, la vida no espera.